Semana 43: Día 300: Entrenando cuestas en la Ciudad de Buenos Aires

A los porteños siempre nos pasan el trapo en las carreras de aventura. No nos avergüenza. Sí, tenemos un orgullo desmedido, pero la verdad es que en muchos terrenos, como la montaña o los médanos, hacemos agua. No por nada en las competencias en arena ganan locales, al igual que en la altura. Ojalá eso significase que en calle la descosemos, pero tampoco es así.

Para entrenar para Pinamar nos la tenemos que ingeniar. No podemos contratar una empresa de construcción para que nos tire un volquete con arena en la esquina de casa. De hecho no sé si encontramos este terreno antes de conducir unas cuantas horas por la ruta. La costa de Buenos Aires es un río, y nosotros somos tan tontos que le damos la espalda, a diferencia de nuestra vecina Montevideo.

Una de las alternativas que tenemos es buscar calles empinadas y hacer cuestas ahí. Fortaleciendo las piernas obtenemos potencia, y hace que los médanos se hagan un poco más fáciles. Pero no es tan sencillo encontrar estas subidas. Se me ocurren las bajadas a la Avenida Paseo Colón, en dirección a Puerto Madero, pero ¿alguien podría correr en el microcentro, entre los automóviles y los millones de peatones? Así que hay que seguir pensando.

Sin irse al conurbano (donde hay menor densidad de población y más calles cuesta arriba), hoy opté para entrenar en escaleras. Por un lado, las de mi edificio. Es un ejercicio muy intenso. No me da quedarme entre 4 pisos (vivo en el 15), así que bajo para hacer algún trámite y subo al trote. Pero por otro, para quienes viven en planta baja o no quieren quedar como unos dementes ante el consorcio, comparto mi entrenamiento en las escaleras de la estación de Belgrano. Es imposible que no haya gente subiendo y bajando, pero es tranquilo y con un buen nivel de exigencia. Ya sea de a un escalón o de a dos, sentí cómo trabajaban los cuádriceps y, en menor medida, los gemelos.

Este tipo de escaleras, sobre las vías del tren, se encuentran en todos lados. Si lo combinamos con un fondo, podemos ir hasta Chacarita, donde merma la cantidad de autos y de gente, y encontrar una imponente escalera frente al Cementerio. En mi caso le escapé a la bajada de Virrey del Pino, que llega hasta la Avenida Luis María Campos. Tiene muchas salidas de autos y los conductores, por algún extraño motivo, hacen como que no te ven. Pueden pasarte por encima o frenarte el paso, y mientras uno los insulta y patalea, ellos miran hacia el lado exactamente contrario, como si fuesen sordos y cortos de vista.

Y en todas estas cosas andamos pensando los citadinos cuando queremos entrenar para hacer aventura. El destino quiso que Buenos Aires se fundase aquí, en la llanura, y millones de porteños la eligieron para vivir y para soñar, de vez en cuando, con poder escaparse de ella.

Publicado el 26 julio, 2012 en Entrenamiento, Reflexiones y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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