Semana 43: Día 299: Ser un superhéroe

El pueblo de Herkimer, al norte de New York, va a realizar una carrera corta a beneficio, el 25 de agosto al mediodía. No vamos a poder asistir porque queda lejos y no tenemos dólares, pero ganas no nos faltan. La consigna es correr disfrazado de superhéroe o de un villano.

El sueño del pibe, en mi caso. Pero es una iniciativa de la que podríamos aprender. La organización Herkimer Now busca recaudar fondos con un objetivo puntual: financiar los trámites para establecerse como Organización sin fines de lucro (su meta es la restauración del pueblo y poder declarar a los edificios como patrimonio histórico). No hay más obligaciones que ponerse una capa o un antifaz. Uno puede vestirse de Batman, o empujar el carrito de la bebé, mientras ella está disfrazada de la Mujer Maravilla. Se puede correr o caminar. No importan los tiempos, porque no es competitiva. El costo de admisión es de 2 dólares. Una ganga.

Jugar a ser un superhéroe era una de mis actividades predilectas de niño. Solía enchula uno de mis Playmobil para que quede como Superman, y una vez me puse un equipo de gimnasia azul abajo del uniforme del colegio, y le pegué al buzo una “S” de papel roja, con plasticola (así son los chicos, bastante destructivos). Cierta vez, jugando a que era el Increíble Hulk, le di una piña a la ventana y la destrocé (no me pasó nada, no te preocupes). En la pileta del fondo era Aquaman, y cuando no deliraba con que era un superhéroe, me la pasaba dibujándolos.

Pero la vida te hace pomada en el camino, y las calzitas y las botas tienen que quedar atrás, si no querés que te terminen internando en un psiquiátrico. Sin embargo, ese deseo secreto de vestir un uniforme y una máscara quedan latentes. Por supuesto que este sueño infantil era muy lejano para mí hace no tanto tiempo. En la película El Profesor Chiflado (versión Eddie Murphy), el protagonista pasa de ser un obeso a tener un cuerpo atlético. Lo primero que hace es comprarse ropa. Cuando le preguntan el talle, él responde “¡Ajustado!”. Es el sueño de cualquier gordo. Y Sherman Klump / Buddy Love también vivía una historia de alter egos, así que se ajusta un poco a la fantasía de las historietas. Cuando veía esta escena, con mi panza de mala alimentación y vida sedentaria, pensaba exactamente lo mismo: cómo me gustaría vestir ropa ajustada.

El año pasado pude cumplir esa suerte de fantasía, vistiendo el disfraz del Hombre Araña para una fiesta. Peter Parker nunca se caracterizó por tener un cuerpo robusto, así que me venía de perillas. Hay posibilidades de que en septiembre se repita la experiencia de la fiesta temática del superhéroe, y si no coincide con nuestro viaje, me gustaría, una vez más, dejar salir a mi niño interior (esta vez sin romper ninguna ventana). Me quedará la cuenta pendiente, algún día, de hacer una carrera vestido como Flash. Ojalá que coincida con el invierno, porque en ninguna de mis fantasías me imaginé lo caluroso que es ponerse un uniforme superheroico…

Publicado el 25 julio, 2012 en Reflexiones y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. 4 comentarios.

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