Semana 43: Día 295: Pinamar, mi primera carrera

Ya van varias veces que hablo de mi primera carrera, pero van 691 posts… creo que inevitablemente voy a empezar a repetirme.

Quizá la pequeña diferencia sea que esta vez me subí al DeLorean e hice un pequeño viaje al pasado.

La Merrell Adventure Race Pinamar 2008 fue mi debut como corredor. Me crucé con la foto que ilustra esta entrada y con algunos (pocos) comentarios que hice en un foro privado de nuestro grupo de running. Físicamente me reconozco, pero a la vez siento que he cambiado mucho. No me refiero a tener unos kilitos más que ahora (creo que, luego de esa foto, subí todavía más). En ese peinado que intentaba tapar mis entradas me veo con una inseguridad que ahora no tengo. Ese tipo sonriente todavía hacía terapia, vivía en su propia oficina en Paternal. Entrenaba desde hacía cuatro meses y le habían dado una remera que le quedaba como una carpa (tiempo después perdería esa prenda aunque fuese gigante, sin saber dónde iría a parar).

Ese joven de 30 años redonditos se encontraba por primerísima vez con una situación de carrera. Serían 7 kilómetros de arena y bosque y arena y pasto y arena. Terminaría “con lo justo”, y hacer el circuito completo iba a parecer todavía muy lejano. Le tomaría otro año entero animarse a salir desde la largada y llegar hasta la meta, en la misma carrera, con el mismo entusiasmo, pero con una rodilla lesionada.

Aquel corredor inexperto no tenía idea de lo que se avecinaba. ¿Un blog contando sus intimidades? ¿Correr una maratón? ¿Ultramaratones? Son cosas que eventualmente iban a llegar, pero que ni las imaginaba. Solo quedaría el recuerdo de la primera carrera, compartir un fin de semana con un grupo de desconocidos a los que los unía la pasión por correr. Los nervios de estreno, la ilusión de llegar y hacer que el grupo de postas se sintiese orgulloso. Esa experiencia de camaradería que se repetiría infinidad de veces.

Esa medalla sería la primera. Ese pibe que sonreía antes de largar la conservaría para siempre, junto a las que iban a sumarse después: primero adentro del placard, casi como si le diesen vergüenza; luego en una vitrina en el living (pero solo porque no iba a saber qué otra cosa poner ahí). Aquel corredor debutaría con el par de zapatillas que tenía a mano, el que le había alcanzado para comprar (unas Adidas de dudosa legitimidad). En esa experiencia no sentiría sed ni cansancio porque la distancia era corta, aunque la correría por primera vez. Cruzaría la meta de la mano de sus otros tres compañeros, cuando el reloj marcara las 3:02:13.

Pero la prueba tendría su anécdota final. Este corredor de la foto se enteraría, días más tarde, de que su equipo figuraba como primero en su categoría. El tiempo que les iban a asignar sería el de 1:50:18. El misterio se resolvería más tarde, cuando mirando una foto, la organización caería en cuenta de que un misterioso corredor había corrido de colado con nuestro número, el 2102.

Todas estas cosas volvieron a mí viendo las fotos, releyendo esos mails de julio de 2008, cuando intentábamos dilucidar las incongruencias en la clasificación. Y ahora estoy preparándome para la misma carrera, con más experiencia e, increíblemente, más entusiasmo.

Publicado el 21 julio, 2012 en Carrera, Reflexiones y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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