Semana 43: Día 294: El infame día del amigo

Tengo entendido que hoy es el día del amigo porque es el aniversario de la llegada del hombre a la Luna. Quienes creen que todo fue un montaje que se filmó en el patio de la CIA, esta fecha en que nos acordamos de quienes nos rodean debe parecerles más falsa todavía.

No entiendo bien la finalidad de celebrar a los amigos. O sea, el día del padre es para hacerle regalos a papá. Lo mismo para el día del niño, del ahijado, y hasta la semana de la dulzura, que muchas tiendas lo extienden al “mes” de la dulzura (las empresas de celular hacen lo mismo con el “mes de mamá” y así). Me cuesta entender bien para qué sirve el día del amigo si no es costumbre regalarse nada.

Es cierto que es una excusa para juntarse, y con mi grupete, los autodenominados “la mesa de los galanes”, forzaremos un demorado encuentro en Carlitos y, panqueque mediante, nos pondremos al día de nuestras vidas. No me parece mal, y lo espero con ansias. Pero me sorprende Facebook, que se ha convertido en una vidriera donde todo el mundo comparte fotos, textos y videos de la última celebridad fallecida, donde ponen un texto sobre alguna enfermedad terrible y vaticinan que solo el 7% va a pegarlo en su muro (¿cómo pueden saberlo?), o donde se exhiben las últimas cargadas a un grupo de fútbol/partido político/etnia/género/etc… Ahí pulularon mensajes sobre la amistad, que me resultaron bastante contradictorios. ¿Es una oda a los amigos subir una imagen y hacer un único saludo genérico, y que todos se sientan aludidos? Esto me produzco un cierto rechazo (sí, me estoy volviendo viejo y mañoso), y solo me limité a agradecer a quienes me saludaban puntualmente a mí (hecho que, sinceramente, lo aprecié mucho).

“Amigo” es una palabra muy grossa, que quizá usemos excesivamente. Tengo unos 300 amigos en el Facebook, pero si tuviese que contar a los que realmente merecen ese término, el número sería infinitamente menor (por empezar, perdería un cero). Correr, y hacerlo en un grupo, indudablemente aumentó esa cantidad. La camaradería de un corredor es algo muy valioso. Amigos con quienes solo me unía la pasió por el deporte me han ayudado en carreras donde me encontraba abatido y desamparado. Nunca me olvido de eso, e intento retribuirlo con creces. Amigos son los que, enfundados en jeans y mocasines, corrieron a mi lado en mis últimos metros de la Ultra Buenos Aires. Amigos son los que se acordaron hoy de mí (tanto los que lo hicieron individualmente como los que mandaron un mensaje masivo). Muchos creen que la adolescencia es la mejor etapa de su vida, y ahí la amistad pasaba por coincidir en la misma clase. Hoy tengo más amigos que hace 10 años, y por eso estoy agradecido.

Creo que, en algún punto, si hago un balance más profundo de este tema, estoy siendo yo también contradictorio: quejándome y sumándome al festejo. Pero mis amigos me conocen y saben que no siempre soy muy coherente. No me gusta que me impongan un día para celebrarlo (y darles otra excusa a las empresas cerveceras para que saquen una campaña nueva), pero me pone muy contento rodearme de amigos. Y si tiene que llegar el 20 de julio para que nos juntemos… no voy a dejar pasar la oportunidad.

PD: Gracias a mi amiga Mel por la hermosa postal que me hizo por el día del amigo… ¡Creo que puso el listón demasiado alto en cuanto a saludos!

Publicado el 20 julio, 2012 en Reflexiones y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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