Semana 42: Día 290: Objetivo Grecia

Este año no voy a correr la Espartatlón. Cuesta hacerme a la idea, sobre todo porque voy a estar ahí el día de la largada. Quiero ir a ver, charlar con los compatriotas argentinos, ver qué tal es el clima en esa época, cómo es la organización… sumar conocimiento para 2013.

Pero la cuenta del blog hasta la semana 52 sigue. ¿Empiezo de cero? ¿Sigo hasta la semana 104? No lo decidí, todavía. Pero sí sé que voy a aprovechar esos días para correr. Quiero mi foto en pantaloncitos cortos, corriendo frente a la Torre Eiffel, al Big Ben, en Sol, y por supuesto, en Grecia. Con Vicky ya nos propusimos correr desde Atenas hasta Maratón, tal como hice el año pasado. Mi parte egocéntrica y soberbia dice “Bueno, como objetivo no es tan bueno, ¡ya lo hiciste!”, pero en el fondo sé, y por experiencia, que no es una tarea fácil.

Las cuestas sorbe el final (porque vamos a hacer el camino inverso al oficial) terminan de agotar a las piernas, justo en el momento más crítico a nivel de energía. Además, no voy a tener apoyo logístico. Mi amigo Gerjo no puede ser de la partida (tiene sus problemas en su España natal), y nos tenemos que arreglar por nuestros propios medios. Mochila hidratadora (con el peso extra que eso conlleva), comida de marcha, y a resistir. Vamos a ir al ritmo de Vicky, porque esto es un proyecto en equipo, y si Rosario nos sirve de parámetro, nos esperanunas 4 horas y cuarto en terreno helénico. Esa velocidad a mí me resultó muy cómoda, no sentí estar yendo “lento”, y me imagino que Vicky va a buscar bajar su marca. El terreno es engañosamente más complicado, y como nadie nos corre, espero que no nos presionemos por el reloj.

El año pasado, mientras corría, Gerjo twitteaba la experiencia, que Vicky vivía la maratón con una angustia de Penélope, tejiendo y destejiendo. Ahora lo va a vivir en carne propia, y lamentablemente nuestra tecnología nos va a impedir hacer el minuto a minuto para que en casa sepan cómo estamos. El mayor de los problemas, para nosotros, no va a ser la falta de apoyo logístico, el peso extra, el cansancio de las cuestas finales… no, no. El tema es que el trayecto es de un punto a otro, no es circular… o sea que… ¡tenemos que averiguar cómo volver!

La ciudad de Maratón, extrañamente, está desconectada de Atenas a excepción de una ruta. Tiene un camino marcado por el que pasan los maratonistas una vez al año, pero más allá de eso, Grecia no explota turísticamente el recorrido. No hay trenes, no hay una senda para hacerlo corriendo o caminando (cortan el tránsito o te la jugás como nosotros, pegaditos a la banquina). Dicen que hay un autobús esporádico que nos traería de regreso a la capital griega. Es extraño, quizá la maratón sea una proeza demasiado grande para que se explote comercialmente cuando no se está corriendo, y yo canchereando la esté subestimando. Pero ese va a ser nuestro principal dolor de cabeza. Cuando llegué, el año pasado, no había un alma, era como correr al medio del campo, encontrar un estadio vacío, y volver. Antes lo hice en auto. Ahora… veremos qué inventamos.

Publicado el 16 julio, 2012 en Reflexiones y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Martín, yo voy a estar en Italia en agosto, van a pasar por ahí?

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