Semana 40: Día 279: Un sueño maratonista

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Anoche volví a soñar que corría. Pero me desperté y no lo podía recordar. Mis primeros minutos de vigilia son de zombie, hasta que comienzo a recobrar consciencia. Más o menos para ese instante mi perro está encima mío para que lo saque a pasear (y por pasear me refiero a hace pis).
Íbamos caminando Oso Rulo y yo por la gélida Buenos Aires cuando se le ocurrió tironear de la cadena y echar a correr. Empecé a seguirle el ritmo y esa sensación se me hizo muy familiar. Recordé soñar algo así… ¿Pero qué?
De a poco, empezó a volver a mí. Yo corría una maratón. Era en una pista techada. Vicky estaba a mi lado y ambos teníamos un muy buen ritmo.
Así como uno no sueña que muere, mi que sufre, supongo que tampoco soñamos con la agonía de correr. Era una maratón y no había muro, ni dolor de piernas, ni calambres. Era solo correr, infinitamente.
Mientras sumábamos kilómetros, los otros  corredores empezaban a abandonar. La pista empezó a poblarse de caminantes. Con Vicky seguíamos avanzando, y los otros atletas empezaban a desmoronarse. Caían de rodillas y teníamos que esquivarlos.
Pero no era eso solo. La pista empezaba a achicarse. Lo que era un circuito de 400 metros ya se habían convertido en 50. Los corredores caían al piso y teníamos que saltarlos. Era molesto y empezaba a retrasarnos.
La pista era cada vez más pequeña, hasta que entraba en mi habitación en la que crecí. De pronto estaba solo, y la pista era una alfombrita de caucho de 2 metros a la que le daba vueltas como un poseso.
Como ya me patinaba en ese pedazo de goma que bailaba en el piso de alfombra, paré mi reloj y fui a hablar con mi entrenador. Era una carrera oficial, pero no tenía sentido seguir. Para colmo de males, cuando quise controlar cuantos kilómetros llevaba, no supe volver a hacerlo funcionar.
¿Qué significó todo eso? Claramente el miedo mío a no tener las ciudad bajo control. Correr me gusta, y edi estaba claramente reflejado. Tengo mucho respeto por Vicky, por eso corría a la par mía, y ninguno esperaba al otro.
También ser me jugaba algo del pasado, en esa casa en la que alguna vez empecé a correr.  La posta que se achicaba me suena a ese momento en el que todo se vuelve absurdo y hay que aceptar que lo mejor es parar.
Odiaría tener que enfrentarme a pistas que se encogen y que se transportan a mi pieza, pero eso de correr sin sentir nada de cansancio… Sí que es un sueño que me encantaría hacer realidad.

Publicado el 5 julio, 2012 en Entrenamiento y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Freud en pantalones cortos! buena interpretacion!!! un abrazo

  2. No dejo de sorprenderme y de admirarte…

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