Semana 40: Día 275: El día después de Rosario

Matías es un habitual lector de este blog que comenta con bastante frecuencia. Su seudónimo es “Matías Orange”, por el color naranja, en inglés. Esto viene a colación de que no está verde, sino maduro. No, mentira, no tengo idea por qué se puso así. Pero empezó un blog con un plan de entrenamiento: 187 días para llegar en el mejor estado posible a la Maratón de la Ciudad de Buenos Aires, el 7 de octubre, y llegar en la gloriosa marca de las 3 horas, 30 minutos (o menos). Y como lo de escribir se le da con naturalidad, empezó un divertido blog, llamado Un Pibe Que Corre.

Envidio la facilidad con la que putea, algo que a mí, en mi propio blog, me da bastante pudor. Nos cruzamos en la pasada Maratón de la Bandera, en Rosario. Él había llegado desde Córdoba, nosotros desde Buenos Aires. En nuestra propia experiencia maratoniana, él fue un personaje secundario, hecho que se invierte cuando él cuenta su epopeya en su blog. Es interesante leer esta carrera desde los ojos de otro corredor. Para los que estamos en nuestras primeras competencias, cada maratón queda grabada a fuego:

 

El día después de Rosario…

O el segundo día después, en realidad. Ya es martes y llegó la hora de reflexionar sobre las cosas que se hicieron bien -pocas- y las que se hicieron mal -muchas, muchísimas- a la hora de correr la Maratón de Rosario.

Antes que nada, quisiera agradecer a mi entrenador, Luis Alejandro Barrionuevo, y a mis compañeros de carrera Jorge Biroccesi y Verónica Barceló por el aguante realizado a lo largo del entrenamiento, de la carrera y de la estadía en Rosario. También a la gente de la Municipalidad de Río Ceballos y de la inmobiliaria Pehuén por acompañarnos en este proyecto tan importante como es el desarrollo sostenido del atletismo a nivel local.

Voy a ser serio y a hacer una severa autocrítica sobre lo que pasó durante la carrera. Para esto, creo conveniente dividir esta “reseña” en tres partes: entrenamiento, planificación y carrera. Esto a modo de guía ya que no existe un sólo hecho aislado -la carrera- sino que se puede establecer una teleología que me tenga como punto culmine al cruzar la meta después de más de cuatro horas de carrera.

Entrenamiento

El entrenamiento empezó a finales de marzo sin un objetivo concreto. Yo venía de correr la primer etapa de la Ultraseries Trail Run Series y el Desafío al Pan de  Azúcar de Misión Dxt y quería empezar a ponerme más activo en busca de un objetivo concreto: bajar las 3h30m en la prueba atlética por excelencia, la maratón. En la Maratón de Buenos Aires había realizado terminado con un tiempo de 4h17m en el oficial y 4h14m en el neto y tenía ganas y me sentía con posibilidades de bajarlos.

Lo programado consistió en alternar días de series de pasadas de distintas distancias y ritmos, para trabajar la velocidad, con tiradas largas a diferentes tiempos por km, para trabajar la resistencia, previo trabajo de movilidad y técnica. El trabajo se realizó bien, de forma constante, pero no pude comprometerme de la manera en que me hubiese gustado. Hubo días que por cuestiones laborales o personales, tuve que modificar las actividades del día sobre la marcha, y otros en que directamente no pude cumplirlo.

A esto hay que sumarle un mes de junio para el olvido, donde corrí extremadamente poco a causa de un resfrío-gripe-notengolamásputaidea que nunca terminó de darse y que hinchó bastante las pelotas.

A modo de resumen: se entrenó bastante, aunque no con el compromiso requerido de mi parte, y la salud me jugó una mala jugada en el último tramo -crítico, en cuanto a volumen-, lo que se reflejó el domingo, en términos de resistencia. En lo técnico evolucioné bastante y sufrí menos contratiempos desde lo físico, en el after de la carrera. Ya estoy casi completamente recuperado.

Planificación

A pesar que el viaje se programó sobre lo último, salió todo bastante bien: buen alojamiento, se comió bien, se durmió bien y hasta se disfrutó de un trotecito pre maratoniano el sábado por la mañana. Fue un viaje muy lindo y que se disfrutó bastante: Rosario estuvo a pedir de boca este último fin de semana.

En cuanto a la planificación de la carrera, salí a buscar un 3h30m. Ese es el objetivo del año, al cual apuntaba a cumplir en octubre, durante la Maratón de Buenos Aires. A pesar que en el último fondo previo a Rosario, de unos 30km, había reventado en el km20, me sentía confiado en que podía llegar a meter ese tiempo con algo de huevos y bastante de buena suerte, pero me conformaba en Rosario con cualquier marca debajo de las cuatro horas.

Este es un apartado peliagudo para enfocarse antes de una carrera, pero que es muy sencillo de leer con el diario del lunes en la mano: evidentemente tendría que haber buscado una marca intermedia y haber corrido a un ritmo más conservador.

Carrera

La vedette del viaje. El leivmotiv de esta primera mitad del año. Protagonista de pesadillas, sueños y ansiedades, la maratón de Rosario fue sin duda una prueba que me terminó sorprendiendo desde cualquier punto de vista desde donde la había intelectualizado.

El circuito, de 42195m, se ubicaba mayoritariamente sobre la costanera, costeando el río Paraná, a excepción de un tramo de unos 13km en el cual se metía hacia el centro de Rosario a través del Bv. Oroño hasta el Parque de la Independencia, y salíamos de vuelta hacia el río por Bv. Pellegrini. También había otro desvío entre el km 35 y el 38, que era una especie de “brazito” -nombre técnico, claro está -?– hasta a un flaco parado en medio de un circulo de conos, que funcionaba de retome.

La carrera largó pasadas las 9:00, en medio de una fiesta y el griterío terrible de mucha gente. El primer km consistía de un tramo mixto de asfalto y adoquines -material que terminé odiando-, y un pedazo de túnel, lo que fue una experiencia realmente grata y sorprendente. En el segundo km estaba el primer puesto de hidratación y a los quinientos metros doblabamos en dirección hacia el centro.

Muy bien mantenidos los cortes por la gente de la Municipalidad de Rosario y los banderilleros voluntarios hicieron un gran trabajo también marcando el recorrido.

El “centro”, o la zona más urbana, digamos, consistió en un tramo de poco más de 10km de un asfalto algo bacheado y con mucha sombra. El calor ya se empezaba a sentir e hice ese tramo al ritmo del pacer -o liebre- de las 3:30hs, que era el objetivo que buscaba. Mucha hidratación, aunque la Dasani no sea mi agua preferida. Alrededor del km10, pasando la cancha de Newell’s, tomé mi primera gomita GU y en ese momento me dí cuenta que debería haber llevado dos paquetes en vez de uno.

Al salir del parque y tomar por Pellegrini, seguí el ritmo de la liebre, que estaba corriendo por debajo de los 5:00/km. Me sentía bien, cómodo, e iba y venía con el grupo, que charlaba alegremente sobre cosas a las que no les presté atención. Muchos se conocían, por lo visto eran veteranos de la distancia, y se ponían al tanto de sus vidas y de conocidos. Nada del otro mundo.

Al salir del centro hacia el Monumento a la Bandera, me empecé a quedar rezagado respecto a la liebre, pero seguía corriendo por debajo de los 5:00/km, que era el objetivo. Me sentía bien, entero y hasta un poco confiado, pensando que la carrera la tenía en el buche.

Sí, pensé que tenía una carrera de 42km adentro en el km15. Cacho de nabo.

La segunda parte, de unos seis km, consistió en un tramo de asfalto con algo de adoquines -¿que tienen los rosarinos con esto, me cacho en diez?- casi completamente llano excepto por un tramo de autopista con una elevación algo pronunciada cerca del retome. Empecé a rezagarme aún más de la liebre -ya la tenía a casi 50m- y me crucé con Jorge Biroccesi, mi compañero de equipo, que venía ya por el km 19 o 20, mientras yo iba por el 17 o 18. Dí la vuelta en el retome, dejé de pensar en la liebre y en el tiempo y me dediqué a mirar a los corredores que venían, a ver si veía a Franco. Me lo crucé por el km 20, y venía bastante bien.

En el km21 pasé frente al monumento de la bandera y la carrera dio un giro de 180º para mí. Alejandro, mi coach, me hizo de liebre un trecho hasta el tunel, ya que quería serle liebre a Jorge a la vuelta y le dije que no había drama. A esta altura ya estaba corriendo por encima de los 5:00/km y estaba preparandome mentalmente para la carrera que se me venía, que no pintaba para nada fácil.

La segunda mitad de la maratón consistía en ir hacia el norte -o “para arriba”-, hasta el km 30, hasta el parque Scalabrini Ortiz -creo, la verdad que no sé- y de ahí volver. Después, pasando el km35 había un desvío hacia el flaquito en el circulo de conos y ahí la vuelta. En el km37 te daban bananas. Este trayecto era de asfalto en muy buen estado, pero al filo del sol. Fuck my life, pensé, pero a darle para adelante. Sin asco

En el km25 me alcanza Verónica Barceló, compañera de equipo, y me pregunta como estoy. Le respondí que bien, que aunque las piernas me pesaban todavía podía seguir, que no se retrasara al pedo. Me hizo caso y siguió a un ritmo fuerte y constante. Terminó haciendo apenas ahora de las 3:30 y salió cuarta de su categoría. CARRERÓN.

En el km25 y monedas, pasando una curva de una Shell, camino por primera vez. Los cuadriceps e isquiotibiales me arden bastante y los siento algo contracturados pero no enlongo y sigo. Sobre el km27 la ruta se empieza a hacer cuesta arriba y las puteadas a amontonarse. Pierdo el foco de la carrera. Cambio de estrategia y troto dos minutos y camino uno. Así voy hasta el km 29 donde empiezo a trotar de vuelta. Hago el retome y sigo. Cerca del km31 me cruzo con Martín Casanova, autor del Semana 52, y con su novia, Vicky, que venían corriendo la primera maratón de ella. Le grito “¡Grande Casanova!” porque lo reconocí de pedo y sigo trotando.

El tramo entre el km30 y 35 fue muy sufrido. Me deshidraté. No podía tomar más del agua porque le sentía un gusto horrible y me sentía bastante para la mierda. Las liebres me empezaron a pasar como poste de ruta, y yo no podía seguirle el paso a ninguna. Bastante frustrado camino y pienso en abandonar. Llego al km35 y agarro 2 botellas de Powerade. Un desconocido buena onda me da una gomita GU y un trago de Gatorade un rato antes porque me vio completamente destrozado. Ese flaco me dio las fuerzas necesarias para poder completar la carrera en un momento muy difícil.

Hago la vueltita infame entre el km35 y el km37 y cruzo de vuelta a Casanova y Vicky. Cuando salgo a la ruta de vuelta, siento como energías renovadas y empiezo a trotar más fuerte.

A todo esto, mi ritmo ya era de +6:00/km.

En el km38 ya encontré un ritmo fijo y no vuelvo a caminar más hasta llegar a la meta. Venía alentando a corredores en el camino y medio pechándolos para que no se retrasen más. Cuando paso por el 40km pienso “LA PUTA MADRE TODAVÍA FALTAN 2KM, LA CONCHA DE MI MADRE” pero sigo. No me subo a la vereda en ningún momento, a pesar que la calle sea de esos adoquines hijos de puta.

Después de la bajada del km41 aprieto el paso lo más que puedo. Paso a unos corredores de Bahía Blanca y les digo en joda: “Miren que dentro de 15 días tienen otra de vuelta”. No se ríen. Hay cosas peores.

Adoquines, adoquines everywhere. Me cruzo con Ale y Jorge, que estaban cambiados y veo venir a Vero con la medalla y la hidratación. Aprieto el paso mientras levanto los brazos, agitando al público. Corro lo más rápido que puedo bordeando el Monumento a la Bandera y, después de 4 horas, 15 minutos y 34 segundos, termino mi segunda maratón.

Publicado el 1 julio, 2012 en Reflexiones y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. 7 comentarios.

  1. Muchas gracias por compartir mi humilde blog, Martín! Es un terrible honor ^^ Me alegra que te haya gustado y que te parezca de calidad como para compartirlo.

    Muchas gracias!

  2. vamos muchachos que bueno es leer sus experiencias en maratones , ya que yo voy por la primera en octubre y ustedes me ayudan a ir dandome una idea de lo que me espera. gracias a los dos.

  3. Nani Mariana

    Lindo gesto, el de compartir el blog de un lector tuyo!

  4. Mira que buena onda, yo voy por mi segundo maratón y la idea es terminarlo en menos de 3:30!!! El primero lo corrí en 3:56. Ayer hice una prueba en terreno plano (alrededor de una cancha de fútbol que tiene pista para correr) y corrí medio maratón en 1:42; pero lo raro y no se si es psicológico, es que pude mantener un paso de 4:48; pero en el kilometro 20-21; sentí un terrible bajón de energía. El maratón es el 02agosto; ya les contare como me fue. Por cierto le di como 60 vueltas al campo de fútbol, no me aburro, creo que entreno mi mente, cuando voy en carrera, ver siempre un paisaje diferente es muy emocionante.

    • Si es una pista de tartan -material sintético- estándar, le debes haber dado 50 y pico de vueltas. Suicida 😐

      • Bah, no sé que tan suicida. Yo sé que no lo haría, jajaja.

        • No es pista de tartán, según mis cálculos imprecisos y Nike+, que me ayuda a medir la distancia; 10 vueltas son 3k. Al principio era aburrido, pero como dije, entrenas la mente. A veces voy a otro lado donde el circuito es como de 30ks, pero es terraceria y no puedes agarrar mucha velocidad Luego leo tu blog.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: