Semana 38: Día 261: A todos los padres, pero al mío en particular

Voy a hacer un poco de demagogia y aprovechar para saludar a los padres en su día.

Creo que quien siga este blog con cierta regularidad sabrá lo que quiero a mi papá, y cómo me ayudó a ser quien hoy soy. Incluso llegó a darme plata para ir a terapia a aprender que él no tiene la culpa de mis errores ni mis traumas. Él fue mi primer entrenador, y hoy me apoya constantemente en cada locura mía, arrimándose a los circuitos cada vez que corro en el centro, o aconsejando cada vez que encuentro un obstáculo. Dicen que un padre que da consejos más que un padre es un amigo, y él es uno de los mejores amigos que he tenido.

Cuando estuve a punto de correr mi primera maratón, él me confirmó algo que yo nunca hubiese querido saber: iba a alcanzar una distancia a la que él no había llegado nunca. Siendo que siempre tuve a mi papá en un pedestal, “superarlo” en algo me daba cierto pánico. Uno a veces vive a la sombra de algunas personas y lo padece. Otras nos sentimos muy a gusto ahí, bien abajo del pedestal. Y no, no lo veo como algo malo.

En Grecia corrí con unos pantaloncitos de Adidas bien cortitos que él usó alguna vez, hace varias décadas. Fue un orgullo, como llevar una antorcha familiar. Todavía existe una foto en la que él pega un veloz drive en un partido de tenis de mesa. La paleta es apenas un borrón, la lente no llegó a captarla. Y ahí están esos pantalones, que yo miraba de puntitas de pie, y que completaban la imagen de ídolo deportivo. Mi papá fue número 1 de su categoría en tenis de mesa, y aunque jugó toda su vida, empezó a hacerlo profesionalmente a los 30, más o menos la edad en la que yo empecé a correr con cierta frecuencia.

Mi padre ha sido mi main sponsor, en el running (regalándome calzado, ropa, aguantándome con mi mamá la obra social hasta hace muy poco) y en la vida (bancándome con todo lo demás). Yo nunca logré ser buen administrador de mi dinero como él, y hoy voy a almorzar con toda mi familia sin ningún regalo. Creo que él apreciaría el gesto si le llevo algo, pero conociéndolo supongo que no le importaría que llegue con las manos vacías. Este post no busca compensar esto.

Pero aunque ha sido un referente deportivo para mí, creo que su máxima enseñanza ha sido cómo ser un buen padre. No tuve todavía el placer de serlo, pero tengo un buen modelo. Sé cómo apoyar los sueños de un hijo y ayudarlos a crecer, cómo querer y proteger sin asfixiar, y cómo saber escuchar, pensar antes de actuar, y ser generoso con los demás. Según cómo lo veo, el tercer domingo del mes puede ser el día del padre, pero mi papá me ha hecho sentir cada momento de mi vida como el día del hijo.

Publicado el 17 junio, 2012 en Reflexiones y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. 8 comentarios.

  1. Martín, quiero decirte que los Reyes Magos son los padres… y que “hacemos lo que podemos”. A veces podemos más y otras veces menos… y estamos aprendiendo, también de los hijos. Muchas gracias por este “regalo”, un placer y un orgullo enorme… pedí lo que quieras, que la Vida te dará lo que pueda. Beso y abrazo.

  2. Tu (nuestro) viejo es un Mostro!

  3. Envidia por no poder ser tan buena madre……Lo leeré seguido, tengo tanto (todo) que aprender!

  4. Lindo post, me emocinó 🙂

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