Semana 37: Día 258: De Barracas a Barrancas

Ok. Me gustaba el título, pero no es correcto. Hoy corrí de Barracas a Colegiales. Pero sonaba mejor lo otro que puse.

Tomé una decisión muy importante en mi vida. La tomé con la cabeza y no con el corazón. Decidí apartarme de mi labor como editor de cómics y priorizar el de diseñador freelance. Estoy trabajando mucho (demasiado) y no puedo cumplir con nadie. Peor todavía, me salteé varios entrenamientos porque todo se acumulaba.

Luego de varias noches en que me iba a dormir horas después que Vicky, de trabajar fines de semana y de que se me descascare la frente y la nariz del estrés, dije “hasta acá llego”, y me tiré para lo que me deja más plata. Fue una decisión difícil, pero desde el momento en que mis viejos dejaron de pagarme la obra social (no hace ni dos meses), ya soy 100% independiente económicamente. Tengo mi propia obra social, mi seguro de retiro, mi cuenta bancaria, mi línea de celular… ya no me paga nadie las cuentas. Y tengo que seguir así.

Por eso opté por lo seguro, algo que me permita tener tiempo libre y disfrutarlo.

Pero es una etapa de trancisión. Mi amigo editor no quiso que me desvincule, y acordamos un trabajo de asesoramiento y coordinación. Es menos plata, pero menos compromiso de tiempo. Y la verdad es que lo preferí así. Tampoco quería desvincularme del todo. Voy a extrañar traducir a los Avengers y a Wolverine. Y en estas últimas semanas armando revistas tuve que faltar al entrenamiento, trasnochar, madrugar, y siento que no disfruto de mi tiempo libre (que no tengo).

Como los viajes son tiempo muerto donde leo, decidí que ya que iba a trabajar a una editorial en Barracas, volver a casa corriendo. Ya lo había hecho no hace mucho, pero hoy fue terapeutico. Me dolía la cabeza, estaba mentalmente agotado, y salir a correr fue lo que necesitaba. El aire frío contra mi cara, el esfuerzo en las piernas… y esa sensación tan placentera de conquistar una distancia que antes parecía tan lejana…

Le encuentro más sentido a correr de un punto a otro, y no en un circuito. Por eso disfruté mucho esos 14,5 km desde Barracas, derechito por Av. Vélez Sarsfield, hasta que empecé a meterme por las calles, buscando el refugio de las bicisendas. Quise esquivar el Once, porque era de noche y yo soy cagón, pero terminé en un barrio desconocido para mí, lleno de albergues transitorios y travestis. Muy surreal.

Mientras en mis auriculares sonaba Metro y Medio, recorrí la ciudad, esquivando ciclistas, peatones, autos y colectivos. Compartí la bicisenda con motos, peatones, carritos de cartoneros, pero siempre en plan de respeto, dejando pasar y recibiendo el paso para avanzar. Esta vez no me perdí porque no agarré Estado de Israel, esa calle que forma un semi-círculo y que es mi pesadilla.

Y lo mejor es que llegué a casa absolutamente relajado, sin dolor de cabeza, ni de rodillas, ni nada. Me siento muy bien haciendo lo que hago. Extrañaré traducir cómics del inglés al castellano, pero no se compara con lo que extrañaría querer correr y no poder hacerlo.

Publicado el 14 junio, 2012 en Entrenamiento, Reflexiones y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. 6 comentarios.

  1. Bien ahí! Muchos no entienden que a veces menos plata significa más disfrute.
    Abrazo!

  2. me costo mucho dejar de pagarte la OS. ya lo sabes

  3. Martín: felicitaciones por la decisión. Una frase: “El que es dueño de su tiempo y lo maneja, es dueño de su vida”. Pagaste al contado?

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