Semana 36: Día 249: Esa maldita… ¿ingle?

Secuelas de la Ultra Buenos Aires: un extraño dolor en un músculo que une la pierna con el abdomen. “La ingle” me sonó siempre muy poco preciso (o, en realidad, otra cosa). Intenté identificar cómo se llama recurriendo a Wikipedia, y me di cuenta que soy un ignorante y uno con poca paciencia. No es el psoas, quizá sea la porción ilíaca. Pero duele y es señal de alarma.

Ayer, en el entrenamiento, anduve bastante bien. Entrada en calor, y después un fondito en progresión de 5 km, alrededor del Hipódromo. Hacía mucho frío, y la idea era no parar demasiado para no enfriarnos. Me hidraté, y antes de arrancar con otra vuelta, este musculito empezó a doler. Como uno suele hacer, instintivamente, ante un dolor, me llevé la mano a la zona, y resultó que eso dolía más. Esto podría indicar una inflamación, producto de esos 77 km que terminé a paso cortito.

La idea fue hacer una segunda progresión de 5 km, y si al entrar de nuevo en calor no se me pasaba, bajar la velocidad. Me acompañó mi amigo Marcelo, uno de los heróicos escoltas de la Ultra Buenos Aires, y ya de entrada me di cuenta que me estaba esperando. Mientras en la primera vuelta fuimos aumentando paulatinamente la velocidad -para terminar en 3:59 min el kilómetro-, ahora no podía bajar de 5. De hecho, me resultaba doloroso sostenerlo. Lo dejé a Marce que se vaya y me quedé concentrado en la zona que molestaba. Recargué un poco de peso y esfuerzo en la pierna derecha, lo que calmaba el dolor. Pero claro, es la receta perfecta para lastimarme otra zona, con el famoso “dolor compensatorio”. Fui bajando la velocidad, hasta estar en 5:30 el kilómetro. No importaba, no me interesaba seguir lesionándome.

Y con el viento frío en la cara, transpirado, y con bastantes pilas para correr, me di cuenta de la sensación hermosa que es correr, y cómo me hacía sentir realmente vivo. Y así, pensando en otra cosa, sin darme cuenta, el músculo entró en calor, y de pronto dejó de doler. Pude subir la velocidad y terminar el último kilómetro y medio en progresión.

Por supuesto que después de llegar y haber terminado el entrenamiento de esa noche, el dolor volvió. Pero creo que el hecho de que desaparezca corriendo es una buena señal. Tengo que cuidarme, claro, y tener paciencia. Es una consecuencia lógica de estar 8 horas corriendo.

No sé si voy a llegar a mi mejor estado para la Maratón de Rosario, pero en el peor de los casos me la tomaré con calma y me dedicaré a disfrutar…

Publicado el 5 junio, 2012 en Reflexiones y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. 4 comentarios.

  1. Qué bueno para hacer catarsis con el blog!! Si yo me creara un blog y empezara a contar mis dolores sería un compendio y aburriría a todos!!! jaja!!
    Comparto tu dolor, sentí el mismo después de Yaboty y después de Patagonia Run, era como si la pierna no pudiera accionar por si misma y dolía al menor movimiento. Pero pasó! Ahora me duelen otras cosas… te cuento o me creo un blog??

    🙂

  2. Sí! por favor, hacelo!!! Necesito un ser humano cerca mio, y de esa manera no sentir que soy la única que cuando se recupera, toca el cielo con las manos, siente la brisa en la cara al correr, y voilá vuelve a caer…

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