Semana 35: Día 244: Seis vidas en una

Al terminar la Ultra Buenos Aires en el km 77, me di cuenta de algo muy importante: el precio de la experiencia. Nunca había corrido una carrera de esas características, contra el reloj, sin parar. Lo que aprendí, no lo hubiese incoporado de ningún otro modo.

Los errores no existen, la vida es un constante aprendizaje. Me alegró que esto me haya servido a mí, y también a otras personas. Mucho de lo que se escribe en este blog (lo mío y los comments) son reflexiones que se pueden aplicar a muchos ámbitos de la vida, no solo al deporte.

Entre tantas reflexiones están las de mis padres, que a veces comentan en los posts y a veces prefieren mandar un mail o llamar por teléfono (mi hermano Matías, gestor del cuentakilómetros que acompaña mi progreso constantemente, alguna vez me llamó para avisarme que no lo estaba actualizando).

Quisiera compartir un mensaje de mi papá, que comenté al pasar el otro día, pero ahora que tengo poco tiempo para escribir, quisiera aprovechar y echarle mano. Tiene que ver con lo que deseamos y lo que necesitamos (dos cosas diferentes).

Seis vidas en una

Hubo un joven que pensó:

Si pudiese experimentar varias fases de la existencia, podría librarme de toda estrechez de miras. ¿De qué sirve que a uno se le diga ”ya lo sabrás cuando seas viejo”, si para entonces habrá de ser demasiado tarde para aprovecharlo?

Se encontró con un hombre sabio, quien en respuesta a sus interrogantes dijo:

Podrás encontrar la respuesta, si lo quieres.

¿ Cómo?- preguntó el joven.

Mediante la transformación múltiple. Ingiriendo ciertas bayas que yo te mostraré, podrás adelantar o retroceder en edad, o dejar de ser una persona y convertirte en otra.

Yo no creo en la reencarnación.

No es cuestión de lo que crees, sino de lo que es posible -le replicó el sabio-.

Comió las bayas y su deseo fue transformarse en un hombre de edad madura. Pero ser un hombre de edad madura tenía tantas limitaciones, que ingirió otra baya y pasó a ser viejo.

Ya viejo quiso ser joven otra vez y recurrió a otra baya. Así volvió a ser joven, pero como cada estado tiene su forma de conocimiento correspondiente, ocurrió que de su mente desapareció la experiencia adquirida en sus dos mutaciones anteriores.

No obstante, el joven aún recordaba las bayas, y decidió un segundo experimento. Comió otra, deseando esta vez convertirse en algún otro. Apenas se vio transformado en otra persona, comprendió que el cambio, por sí solo, era vano. Por lo tanto, comió otra baya y deseó volver a ser él mismo nuevamente.

Una vez restituido a su estado original, se percató de que todo lo que había ganado realmente con aquellas experiencias era por completo diferente de lo que había esperado obtener con los cambios de su persona.

Volvió a presentársele el sabio, quien le dijo:

Ahora que sabes que las experiencias importantes no son las que deseas sino las que necesitas, quizás puedas comenzar a aprender.

Publicado el 31 mayo, 2012 en Reflexiones y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. Uuuuuuuuuuuuuuuhhhhhhhhh!!!!

    Re grosso.

    😀

  2. Hola Martín ! Este cuento, “Seis vidas en una”, lo copié hace más de 2 años del librito “Los mejores relatos de Derviches (Antología), Ed. Longseller… cumplo con mencionar la fuente. Es el cuento que más me gustó del librito y el único que copié. Te lo envié con algunas dudas, no sabía cómo te iba a caer… pero ahora que “lo hiciste tuyo”, al incorporarlo a tu experiencia, a nuestra experiencia, me parece “revelador”. Esto también es parte de la sinergia de Semana 52 !

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