Semana 35: Día 242: El Equipo Casanova

Dedicado a mi papá, el día de su cumpleaños.

No sé cómo son las familias, cómo se relacionan padres con sus hijos, y cómo se lleva uno con sus hermanos. Solo sé cómo me llevo yo con los Casanova, y supongo que cada hogar es un mundo (más allá de que yo haya volado del nido… no hace tanto). Aunque conozco a los Casanova desde que nací, jamás me imaginé que iba a pasar lo que pasó el sábado, durante la Ultra Buenos Aires.

Cuando decidí empezar con Semana 52 ya hacía rato que corría, pero no era una actividad que me definía. Era algo casi anecdótico. También podías decir para describirme que me gustaba el cine, actividad que hacía con mayor frecuencia que el deporte. Quizá por eso no me dio hacer ningún alarde, me limité a escribir en mi estado de MSN la dirección del blog, y listo, el que quisiera podía entrar a chusmear. No soy de los que preguntan “¿Leíste lo que escribí hoy?” (exceptuando a Vicky, a quien torturo constantemente con esa inquietud).

Todo vino así de encaminado en mi carrera bloguística, hasta el día en que me hicieron dar cuenta que no tenía que esperar meses para correr la maratón. Esa distancia me intimidaba, lo que la hacía un desafío muy deseado. Me intrigaba saber qué podía pensar mi papá de todo esto (si recién sintonizás este blog, te cuento que de chico yo odiaba correr, excepto cuando algunos sábados salía con él a entrenar). Lamentablemente los 42 km de la Ciudad de Buenos Aires se organizan siempre coincidiendo con el fin de semana largo del 12 de octubre, así que mi padre podía aconsejarme, pero no iba a poder estar en la meta porque tenía planes vacacionales. Igual me dijo algo que me puso la piel de gallina: “Vas a correr una distancia que nadie alcanzó en esta familia”. Se refería a él, claro, y a mi hermano Matías, antecedente deportivo de los Casanova.

El apoyo de mis padres y de mis hermanos se empezó a hacer cada vez más notorio. Solían comentar los posts, y Santi, mi mellizo, se sintió motivado para empezar a correr. Cuando decidí ir a Grecia el año pasado a correr en la ciudad de Maratón (y cerrar así el primer año del blog), me encontré en reunión familiar (incluso con Lucas, el mayor, recientemente repatriado desde Europa), todos debatiendo a ver si me acompañaban o no (al final, aunque mi papá se moría por acompañarme, terminé yendo solo y ellos lo vivieron minuto a minuto via twitter).

Me resulta imposible hablar por ellos y decir qué cambios habrán visto en mí. Quizá una determinación poco característica en mí, además de 10 kg menos de peso. Pero las cosas dejaron de ser iguales. Lo pude comprobar este fin de semana, en esta locura que fue la Ultra Buenos Aires. No hizo falta pedirles que vengan, simplemente cada uno leyó las actualizaciones del blog y decidieron venir a apoyarme. No hizo falta que organice nada. Viajamos con mis papás hasta Marcos Paz el viernes, y el sábado a las 7 de la mañana, dos horas antes de la largada oficial, Matías y Santiago estaban tocándome la puerta de la habitación, mate en mano.

No esperaba nada de ellos. Que hubiesen venido era suficiente para estarles agradecido de por vida. Que se hayan quedado hasta el último minuto… me sorprendió. No les pedí nada a cambio, y me dieron todo. Nos convertimos sin planificarlo en el Equipo Casanova.

Martín (el hijo, fondista): yo, el loco que decidió correr.

Eduardo (padre, coach): el motivador, atleta experimentado. Controlaba el tiempo desde la meta. Cedió (involuntariamente) un par de pantaloncitos Adidas de más de 20 años para esta carrera (antes la ropa se hacía en serio, no como ahora que se desintegra si la mirás fijo).

Maqueca (la madre, salud y nutrición): la encargada de la integridad del atleta. Preocupada por qué comía, si era suficiente, si estaba bien abrigado.

Matías (el hermano, traslado y logística): ocho horas encima de su auto, encargado de acompañar todo el recorrido llevando agua, comida, cuñada y perro. Dos veces cedió su ropa para abrigarme (hasta llegó a quedar en remera para darme su campera). Alentaba y mantenía informado de lo que pasaba a la gente en la meta.

Santiago (el mellizo, multi-tasking): el hombre orquesta. Cubría todos los roles que hicieran falta: alcanzar agua o comida, sacar fotos, twittear y ahuyentar perros callejeros. En el momento más crítico hizo ese momento de película de “¡Al diablo con todo esto!”: se bajó del auto, se acomodó la remera de la Ultra Buenos Aires, y se lanzó a correr a mi lado.

Vicky (la novia, motivación y cheerleading): motivadora. Alentaba en los momentos de flaqueza y asistía desde el auto. Se sumó al momento de “¡Al diablo con todo esto!” y corrió mis últimos metros junto a mí, cuando la noche estaba cayendo. Es también la correctora del blog, la que me avisa cuando pongo “s” en lugar de “z”, o pifio lugares y fechas.

Nadie sabía qué iba a pasar. Sospecho que todos creíamos que yo iba a terminar, y fuimos hasta allá para enterarnos de si era así o no. Todos vivimos la experiencia desde nuestra propia perspectiva, y me sorprendió enterarme de que mis hermanos no se embolaron en el auto, conduciendo a 10 km por hora, sino que vivieron toda la Ultra Buenos Aires con emoción, ansiosos por saber cómo iba a terminar todo. No hubo nada planificado, y no pudo ser más perfecto.

Ahora estamos decantando la carrera. Mi mamá, que no corrió, terminó tensionada y dolorida en las piernas (le dije que era “dolor empático”). Mis hermanos encontraron motivación para entrenar: apenas había finalizado la Ultra Buenos Aires, Matías se subió a la cinta en su casa e hizo un fondo de media hora. Santi fue a la plaza, a la que normalmente le da dos o tres vueltas, e hizo cinco. Mi papá, que es un pensador incansable, me regaló una reflexión: “Tal vez tengas que aprender algo que no deseabas aprender”. Para cerrar esa reflexión, me dijo que hay una diferencia entre lo que deseamos y lo que necesitamos. Yo deseaba terminar (y en tiempo), pero necesitaba pasar por esto, entender qué necesito mejorar y cómo hacerlo.

Para mi sorpresa, todos salimos enriquecidos. Por eso confirmé (más que nunca) que ganar no es llegar, y que aunque no estemos acompañados, nunca corremos solos.

Publicado el 29 mayo, 2012 en Reflexiones y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 16 comentarios.

  1. que bueno tener todo ese apoyo seguramente te lo ganaste a traves de los años y tienen que suceder estas cosas para que uno se de cuenta y bueno este tal vez fue el verdadero premio de la ultra trail.

  2. Profundamente impresionada. Por tu forma de escribir, la claridad mental para transmitir los sentimientos. Por los sentimientos, tan humildes pero tan grandes. Por la grandeza, el espiritu, la determinacion, el empeño, las ganas, la energia. Tuyos. Y de tu familia. El clan Casanova y vos se deben mucho, mutuamente. Gracias x estar. Y x seguir.

  3. Fue un honor y un placer enorme!
    No me la hubiera perdido por nada del mundo.
    Eternamente agradecido.

  4. A veces no se es campeón por los tiempos…se es campeón por la actitud.

  5. Eduardo Pá

    Hola Martín ! Muchas gracias por este hermoso “regalo” de cumpleaños !! Lei tu post pasada la medianoche, en la “tablet” de mamá… me sorprendió, me emocionó, me dejó pensando (no te dejo mentir !). “Nada que sea bueno es gratis (…) si algo recibo del afuera, si algo bueno me está pasando, si vivo situaciones de placer y de goce es porque me las he ganado; he pagado por ellas, me las merezco.” (Cuentos para pensar – J. Bucay). Qué lindo, cuando los padres podemos aprender de los hijos. Felicitaciones por todo lo que estás viviendo y por todo lo bueno que estás generando. Gracias Maestro !!

  6. Además de todo lo que demostraste en esta Ultra, hay otro aspecto que quiero resaltar, el maravilloso escritor que hay dentro tuyo y que este blog nos muestra cada dia. Te quiero mucho y estoy muy orgullosa de vos (creo que ya te lo dije) 🙂

  7. Ah, me encantó!!! 😀
    Besazos a todos los Casanova! (y un quelocumplafelí atrasado al mi tío!)

    Sole.

  8. Muy lindo post, 5 estrellas!

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