Semana 34: Día 232: En la recta final

Hoy hice el que probablemente sea mi último entrenamiento de fondo antes de los 100 km de la Ultra Buenos Aires. Me dio la impresión de que mis rodillas soportaron los 15,3 km que hice en San Isidro, en una mañana gris y con una fina lluvia. Intento leer el Wind Guru para adivinar cómo va a estar el clima el sábado que viene, pero sinceramente no entiendo nada. Creo ver que voy a tener viento norte (al menos la flechita apunta para abajo), aunque quizá signifique un huracán que te empuja al suelo. La temperatura dice que, a las 9 AM (hora de la largada) será de 15 grados (Celcius, porque si fueran Farenheit estamos sonados).

Lo que sí entiendo es que va a estar nublado, así que voy a dejar los anteojos de sol y la gorrita en la mochila. Ahora que sé que el recorrido van a ser 10 km, puedo planificar arreglarme con un puesto donde tener agua y comida. Mi duda es si voy con el Voltarén encima o si lo dejo ahí. Este ungüento me acompaña desde que se hicieron habituales las molestias en las rodillas por el aumento en el entrenamiento, y como es analgésico y desinflamatorio, ya me unto en forma preventiva. Hoy me pasé antes de empezar y al terminar, aunque casi no tuve molestias. Añoro el día en que pueda salir a correr sin sentir ningún tipo de dolor, y sé que va a llegar eventualmente. Ahora estoy sufriendo las consecuencias de esos 100 km en la montaña patagónica, y aunque podría no haberla hecho y estar entrenando ahora al máximo de mi potencial, creo que tenía que estar en un estado de debilidad para que esta Ultra Buenos Aires tenga un dejo de intriga.

La verdad es que nunca corrí 100 km en llano, contra el reloj. Las otras dos veces fue con límites mucho más holgados, en terreno con muchísima pendiente, lo que me obligaba a caminar buena parte del recorrido y tomarme las cosas con calma. Ahora estoy preocupado por el tiempo y por todo aquello que pueda llegar a retrasarme. Pero me tengo muchísima fe. Tanto que si las rodillas aguantan, creo que tengo chances de llegar en 9 horas. Sería ideal, porque cruzaría la meta a las 6 de la tarde, cuando todavía hay algo de luz (digo, 18:38, y miro por la ventana y está todo oscurísimo).

Con Vicky estamos evaluando dormir el viernes que viene en Marcos Paz, para no tener que madrugar y recorrer toda esa distancia desde casa. Los nervios aumentan, y lo mejor es no andar haciendo maratones antes de la ultramaratón. Así me aseguro estar lo más relajado posible y desde temprano. Lo de un potencial auspicio va tomando forma, en tiempo récord, y si llega a salir, va a legitimar todavía más este emprendimiento. Creo que voy a correr con todos los gastos, pero no me interesa hacer plata con esto, por eso si se da esa remota chance de que aparezca un auspiciante, todo lo que reciba va a ser donado a una entidad de mi preferencia. Pero bueno, probablemente esté contando los huevos antes de que la gallina los ponga, así que dejo el tema ahí.

Las rodillas no me duelen, y lo tomo como una buena señal. Quedan menos de siete días para la Ultra Buenos Aires, y ya empezó la etapa de la dieta rica en hidratos de carbono y baja en grasas. A guardarse el resto de la semana, ya hice todo lo que podía hacer para estar a punto.

Publicado el 19 mayo, 2012 en Reflexiones y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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