Semana 32: Día 221: Caloi en su tinta

“Parece que falleció Caloi, ¿alguien lo puede confirmar?”. Mensajes así empezaron a multiplicarse en Twitter, pasadas las 11 de la mañana. No es la primera vez que la web mata a alguien conocido, pero el temor empezaba a instalarse. Mientras tanto, muchos imbéciles que creen que esta era la oportunidad perfecta para hacerse los inteligentes, empezaban a hacer chistes sobre si Clemente iba a poder llevar el cajón.

Pero mientras empezaban las especulaciones, en los medios no decían nada, especialmente en Clarín, donde Caloi trabaja desde que tengo memoria. Entonces gente más allegada a él y a su familia confirmaron el rumor. Y encima hoy, aniversario de la muerte de Carlos Trillo.

Como algunos saben, me muevo dentro del mundillo de la historieta. No me da de comer (a menos que viviese de agua y polenta), pero sí me ha dado muchas satisfacciones. Esta es una situación rara, porque en Facebook y Twitter más de la mitad de mis contactos empiezan a escribir comentarios de luto y tristeza. Y en otra oportunidad (creo que cuando falleció Moebius), un historietista saltó a quejarse (con algo de razón) lo morbosos que llegamos a ser. Todos queremos ser los primeros en contarle la noticia a alguien que no la sepa, y nos ponemos la banda de luto, aún cuando no conocíamos al autor, y ni siquiera lo leíamos. Es algo que pasa, es cierto, pero también todos tenemos el derecho de expresarnos si algo nos afecta. Espero no estar cayendo en la primera categoría con este post, pero me nació volcar algo en el teclado.

Caloi no es un tipo que me hacía reir. Pero eso no lo hacía mal historietista. Porque me hacía reflexionar, y me tomó muchos años darme cuenta que hacer una tira diaria no necesariamente es buscar el efecto de un chiste. Con Clemente y con Caloidoscopio, Carlos Loiseau graficaba algo de esa esencia que nos hace argentinos. Dibujaba en lunfardo. No lo podría describir de otra manera.

Pero además de su obra, me ayudaba a reflexionar con su programa “Caloi en su tinta”, donde (mucho antes del cable y de la internet) podíamos ver cortometrajes y animaciones de todo el mundo, bastante alejado (y muy maduro) respecto de los dibujitos animados a los que yo estaba acostumbrado. Era como pisepar cómo era el mundo de los adultos, a través de un lenguaje que me resultaba mucho más atractivo que las series con actores.

Muchas noches, cuando existían los casettes, me iba a dormir con un grabadorcito que ponía abajo de la almohada. Le daba play a esas grabaciones de Clemente referidos al mundial, con los cantitos de cancha a los que les reemplazaban las palabrotas con algo de contenido más familiar, y donde podíamos escuchar el “Burumbumbún, burumbumbún, yo soy el hincha de Camerún”.

Y un día después de estar tres semanas en la Feria del Libro, inmerso entre tantas historietas, al igual que hace un año, me entero de que se fue un gran artista, que formó parte de toda mi vida.

Los que nos quedamos acá, lamentamos su ausencia. Pero el que se va, seguramente encuentra algo más allá de este mundo, y da el paso final hacia la eternidad.

Recién me enteré de que el siguiente tema, que siempre tengo grabado en mi cabeza, es de la Penguin Cafe Orchestra, y se llama Telephone and Rubber Band. Pero para mí va a ser siempre la apertura de Caloi en su tinta.

Publicado el 8 mayo, 2012 en Reflexiones y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. 6 comentarios.

  1. Andres Ponce

    Linda reflexion, a mi tambien me dio por las bolas cuando ese historietista puso lo del morbo y facebook. O en este caso de Caloi, ya hay un meme ironico al respecto. Que se chupen una pija. Al dia de hoy hace años que no leo a Clemente ni nada de Caloi pero cuando era chico lo disfruté mucho y eso no lo olvido y hace que su desaparicion fisica me llegue de alguna manera y lo exprese en Facebook, Twitter o lo que sea siin sentirme necrofago. Saludos. Andres Ponce.

  2. Nunca me voy a olvidar de la Princesa Insensible, animación francesa hecha de papel recortado.

  3. Javier Hildebrandt

    Muy buen homenaje, Mart. “Cuando sopla el viento” es un largo, uno de los pocos que pasaron en el programa. Y “La princesa insensible” es un gran corto, que desde aquella época no he podido volver a encontrar. Muchos recuerdos, muchos hermosos momentos…

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