Semana 31: Día 213: 194,35 km en un mes

Ha terminado abril. Tan pronto como llegó, se nos escapó como arena de entre los dedos.

No ha sido un mes de muchos kilómetros. Los 100 de Patagonia Run me dejaron un poco tirado, y no pude recuperar el ritmo. He recorrido una gran distancia y todavía estoy reponiéndome, pero falta para alcanzar un nivel espartatloniano.

Las rodillas siguen doloridas. La semana pasada, con 5 km encima, empezaron a molestar (y bastante). Hoy aguantaron mucho más. Pero se sumó un síntoma previsible: el tobillo derecho. Ese que me lesioné durante Patagonia, torciéndolo constantemente al pisar piedras y un terreno muy irregular. Hoy hicimos cambios de ritmo, y con cada frenada y pique en una dirección diferente, se tensaba y dolía. Ahí falta una recuperación. En el entrenamiento de esta noche estuve improvisando formas de detenerme sin forzarlo. Me hace falta un paracaídas.

Es evidente que el esfuerzo de Patagonia Run fue muy grande. Hoy recuerdo esta carrera con mucha nostalgia y quiero volver a hacerla. ¿Por qué? ¿Qué sentido tiene someterse una vez más a semejante sufrimiento? No lo sé. Podría ser algo relacionado con la autosuperación. O la autoflagelación, que se le parece y no solo porque rima. Estuve pensando que luego de la Espartatlón los dolores podrían ser mayores, más prolongados. Con algo de suerte, muchas secuelas serían más leves porque el terreno será menos complicado, y yo estaré mucho más entrenado. Pensé en todos esos corredores que tienen que cortarse las zapatillas con tijeras para poder sacárselas. Ojalá no sea mi caso.

Correr es terapéutico. Hacer fondos de 10 km, aunque no esté al 100%, me tranquilizan enormemente. No sé qué haría si no los tuviese. Solía calmar gran parte de mi ansiedad comiendo, pero me cuesta imaginar qué actividad podría reemplazar al running. Tanta tensión que se acumula, ¿cómo descargarla si no es corriendo? Toda esta preparación, la comida al servicio de tener mayor salud y mucha energía para soltarla en el entrenamiento o en las carreras… no tengo idea cómo las reemplazaría si hiciese otra cosa. Pero me doy cuenta de que hago lo que me gusta, que las cosas en mi vida están bastante ordenadas, y que tengo alguien al lado con quién compartirlo. O sea: soy feliz. Aún con unos “modestos” 194 km en un mes.

Veremos con qué nos sorprende mayo…

Publicado el 30 abril, 2012 en Reflexiones y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

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