Semana 30: Día 209: Ciclos

Ayer volví a entrenar. Estaba inmensamente motivado. Fue muy lindo reencontrarme con mis compañeros a chupar frío y correr. En un emotivo y privado acto, le regalé a Germán, mi entrenador, la remera oficial de Patagonia Run, esa con la que crucé la meta. Más allá de que fui yo el que tuvo que lidiar con mi propia cabeza, inseguridades y limitaciones físicas para poder terminar, fue él quien me entrenó, aconsejó y motivó. Uno probablemente llegue, alguna vez, a un punto en el que sea tan sabio como para largarse solo a la aventura, pero a mí me falta mucho. Germán confió en mí, armó el plan para que pueda llegar a recorrer esa distancia, y como ya me había comido todos los chocolates, quería regalarle algo que simbolizase esa epopeya en San Martín de los Andes.

En el entrenamiento al principio anduve bien, trotando sin problemas. Pero cuando llegó el momento de hacer progresiones, opté por hacer algo más tranquilo, y fui a darle una vuelta al hipódromo de San Isidro, que tiene 5,2 km. Tranquilo, sin apuro. Pero cuando iba por la mitad, las rodillas me empezaron a doler. Las imagino dentro mío, apretadas o pulverizadas, pidiendo clemencia. 100 km no es poco, lo entiendo. No me quiero imaginar cómo voy a quedar después de la Espartatlón, pero es lo que hay, y tengo que ir volviendo de a poco, hasta recuperarme. El próximo objetivo es correr la Maratón de Rosario, en dos meses.

Mientras corría, me di cuenta de que esto no es nuevo. Que ya lo viví. Pensé en mis primeras carreras, cuando pude completar la Merrell de Tandil y quedé exhausto, a la sombra de un árbol, tomándome un Gatorade. Recordé también mi vuelta, todo dolorido, piernas entumecidas, dolor de espalda. Después vino a mi mente el después de mi primera maratón, cuando no podía bajar las escaleras. Una escena bastante ridícula, como R2D2 bajando escalones. Y en todos estos casos necesité un período de recuperación. Ahí caí en que hay ciclos en la vida del corredor.

Podríamos decir que al principio uno se entrena, con un objetivo puntual. Después vienen las recomendaciones de corredores más experimentados. Alguna eventual dieta previa, no cansarse el día previo, y luego la mañana con el desayuno de campeones, la largada temprano, los nervios, salir a los empujones, atravesar la carrera con todos esos pensamientos de “¿Llegaré?”, “¿Haré mejor tiempo que la última vez?”, seguido por la emoción de la llegada, el festejo, los dolores, y la recuperación posterior. En todas las carreras más o menos pasa esto, y la gran diferencia es que los tiempos se van acortando.

Quizá estar muy entrenado haga que no necesitemos una preparación específica, a menos que sea algo muy “distinto” a lo que venimos trabajando. La dieta y la hidratación son súper importantes, pero he ido notando que hay ciertas cosas de las que ya no dependo. Antes necesitaba 3 o 4 geles para una maratón. Ahora me di cuenta que con 2 estoy bien. Después uno puede acortar los tiempos de carrera, pero la cabeza sigue maquinando todo el tiempo. Y la recuperación posterior, que es inevitable, antes me tomaba más días, y ahora (por fortuna) es algo más rápido. Ya puedo bajar escaleras después de correr 42 km. Pude hacerlo luego de 100, algo que antes me hubiese parecido inconcebible. Mis mejoras no tienen que ver con que me crea más que humano, simplemente que con dedicación y constancia, es imposible no ir mejorando.

Así que ahora estoy en la etapa de recuperación de rodillas. Algo que ya he vivido, y que sé que entrenando tranquilo y sin prisa, voy a ir mejorando. Dos meses es mucho tiempo, y cuando pase el tiempo, el ciclo va a volver a empezar.

Publicado el 26 abril, 2012 en Carrera, Entrenamiento, Reflexiones y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. 4 comentarios.

  1. Lo que más me representa los ciclos de corredor en este relato, es que le regalaras la remera de Patagonia Run (DE PATAGONIA RUN!) a Germán. En estas, mis primeras etapas, JAMÁS podré regalar ese bien. Te admiro, y como dijeron en algún comentario, tu retrato representa a alguien mucho más alguien que antes.

  2. ¿Nos veremos? en junio, entonces. En mayo voy para allá a correr la media y en junio vuelvo a hacer los 42. Espero cruzarte por ahí!. Saludos!

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