Semana 30: Día 208: Se termina el descanso

Hoy vuelvo a entrenar con los Puma Runners. Pero sigo con poco tiempo para escribir, culpa de la Feria del Libro. Así que vuelvo a echar mano a un post que escribí hace cuatro años, que ni lo recordaba. Como para terminar con estas mini-vacaciones que me tomé del grupo. Me encantaría que no llueva esta noche. ¿A qué número llamo para gestionarlo?

Booth salvó a Lincoln

Me crucé con esta historia de casualidad.

En 1863, Edwin Booth, hermano de John Wilkes Booth, salvó a un veinteañero llamado Robert Lincoln de que lo pise un tren. Robert era hijo del presidente Abraham Lincoln, al que John Wilkes Booth mataría, en 1865, de un tiro en la cabeza. Un Booth salvó a un Lincoln para que, dos años después, un Booth matase a un Lincoln.

Esta no es la única casualidad. Si dejamos de lado el costado trágico de la historia, las casualidades me parecen fascinantes.

Edwin y John eran actores, y muy buenos. Interpretaban principalmente a Shakespeare. El padre de ellos también era un respetadísimo actor (muerto años antes), y su nombre era Junius Brutus Booth. Este no es un dato menor…

…Marcus Junius Brutus es el principal responsable del asesinato de Julio César, el emperador romano. Obviamente es un personaje destacado en la obra de Shakespeare sobre la vida del emperador romano (de ahí viene la frase “Tu también, Brutus, hijo mío”, que dijo el César mientras lo achuraban).

Pero no sólo la familia de Lincoln quedó destrozada con el asesinato de Abraham. Los Booth también: además de perder a un presidente, perdieron a John, que no sólo pasó irremediablemente a la infamia, sino que fue ajusticiado 12 días después del asesinato. Edwin no se animó a salir al escenario por un año, y sólo lo volvió a hacer por necesidad financiera.

Edwin era un alcohólico recuperado. Dejó la bebida en 1863 (y me cuesta pensar que no es casualidad que sea el mismo año en que salvó a Robert Lincoln). Luchó para no volver a caer en el alcohol cuando John cometió el magnicidio. Su único consuelo para no caer en la locura fue saber que al menos, dos años antes, había salvado al hijo de Lincoln.

Los Booth crecieron justo en la frontera entre el sur y el norte, así que realizaban presentaciones tanto en un lado como en el otro de la contienda de la Guerra Civil. Pero Edwin era un ferviente defensor del Norte (y de Lincoln), y John apoyaba al sur y odiaba al presidente. Esto distanció a Edwin de su hermano. Lo lamentaría el resto de su vida.

Robert Lincoln decidió no asistir al teatro con sus padres la noche del asesinato, y se quedó durmiendo en la Casa Blanca. Según él, si hubiese asistido, Booth tendría que haber pasado por encima de él antes de apuntarle a su padre. Pero nada le hacía pensar que, mientras dormía, su padre moría. Lo lamentaría el resto de su vida.

John Booth mató al presidente de un tiro por la espalda. Cuando encontraron a Booth escondido, doce días después, lo mataron de un tiro por la espalda. Sólo que en lugar de la cabeza, le dieron en la nuca, paralizándolo.

Antes de morir, pidió que le levantaran las manos para poder vérselas.

“Inútiles…. inútiles”, dijo, antes de dar su último respiro.

03 junio 2008

Publicado el 25 abril, 2012 en Reflexiones y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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