Una mala combinación de agotamiento por Patagonia Run y el inicio de la Feria del Libro me obligó a estar parado una semana. Algo bastante duro para un adicto al running…
Pero, por suerte, ayer pude empezar el día volviendo a correr.
Estaba bastante fresco, así que con Vicky decidimos remolonear un poco y salir cuando el sol estuvo alto. Nos abrigamos bien y salimos a averiguar qué tal estaban nuestras piernas.
Tenemos una bicisenda que cruza por la esquina de casa, así que la aprovechamos y corrimos por ahí.
La primera sensación fue de alivio. Necesitábamos correr. Los músculos no molestaban para nada. Por supuesto que mantuvimos un ritmo tranquilo y cómodo. Después de pasar los primeros kilómetros, me sentí indestructible. Tenía mucha energía acumulada, y la verdad es que la pasamos muy bien. Hasta nos sacamos fotos, pensando en el blog.
Fueron 11,5 km, desde casa a lo de mi hermano, ida y vuelta (con una parada ahí para usar las instalaciones y tomar agua.
Ya volviendo a nuestro hogar, las rodillas nos empezaron a doler. Vestigios de la ultra, y una señal de que nos queda camino por recorrer. Pero la pasamos muy bien. ¿Qué más se puede pedir?

Publicado el 23 abril, 2012 en Entrenamiento. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. A vos tambien te paso que los ciclistas te putean cuando corres por la bicisenda o me pasa solo a mi?

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