Semana 26: Día 180: Fondo en cinta (ideal para deportistas engripados)

Ayer martes me tocó como entrenamiento una serie de progresiones y cambios de ritmo, que al sumarle la entrada en calor y el trote regenerativo, sumaba 18 km. Después de estar guardado unos días y de ir regresando a medias (sin poder correr lo mismo que el resto del grupo), esto se sentía como lo que necesitaba.

Pero claro, aunque me estoy sintiendo mejor de la gripe, no estaba 100% recuperado. Estos días están amaneciendo con 8 grados, y mi nariz sigue tapada (de hecho se me lastimó un poco de tanto sonármela) y las flemas se niegan a darse por vencidas. Aunque estoy motivado y el cuerpo responde, sigo todavía en las últimas instancias de la enfermedad, y no vale la pena hacer cosas que me retrasen. Ahí toma importancia el gimnasio, y su bendita cinta, que me permite correr todo lo que quiera sin temor al viento o a chupar frío.

Fui abrigado como para visitar Siberia, me cambié, elegí la máquina más cercana al televisor, y preparé todo mi equipo: por un lado, el agua al costado, luego el celular, donde tenía macheteada la rutina y en el que anotaba mis tiempos para sumarlos después. A mi derecha tenía preparado el reloj para controlar las pulsaciones al final, pañuelos para sonarme la nariz y una toalla para la transpiración. Habiendo ya marcado mi territorio, empecé a entrenar.

Estas cintas piden no usarlas durante más de 30 minutos, y cuando uno se pasa de este tiempo, se cortan automáticamente y el contador de kilómetros y el cronómetro vuelven a cero. Pero esta disposición es para las horas pico, no para las señoras que hacen bici a la mañana, así que vale pasarse. El tema es que hay que volver a empezar, y si queremos saber el tiempo total, ir sumando luego. Me armé mentalmente bloques de 6 km, puse la inclinación en 1% (dicen que imita el esfuerzo de avanzar por la calle) y largué.

La tele que tenía enfrente estaba sintonizada en el noticiero, así que en algún momento me dieron ganas de dar la vuelta y escaparme, pero resistí. Cada tanto me sonaba la nariz con mis pañuelos de papel, a lo guapo, sin detenerme. Al no haber viento (ni generarlo uno al avanzar), no sufrí el frío. Pero al bajarme de la máquina me tuve que asegurar de secarme bien y abrigarme enseguida.

Faltan 14 días para que salgamos con Vicky a San Martín de los Andes, y obviamente entrenar o no, a esta altura, va a influir poco. Pero esto calma un poco la ansiedad, mientras el cuerpo se acomoda. Parece que allá vamos a tener este frío y más también. Me ilusionaba pensar que en esa zona el clima era seco, pero me desayuné ayer que es húmedo… así que a sufrir se ha dicho…

Publicado el 28 marzo, 2012 en Entrenamiento, Reflexiones y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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