Semana 25: Día 172: La Adventure Race Tandil como un entrenamiento

Con Vicky nos estamos preparando para correr, en menos de un mes, una ultra-trail llamada Patagonia Run. A mí me tocan 100 km (bueno, no me “tocan”, sino que lo elegí), y ella decidió enfrentarse a 63 km de senderos y montaña. Decidimos que, a diferencia de Yaboty, esta vez íbamos a correr por separado.

Es un desafío enorme para los dos, y aunque seguramente hubiésemos participado de la Adventure Race de Tandil, decidimos tomarla como un entrenamiento. Una carrera, en especial si es de características similares, bien puede servir para darse cuenta qué cosas hay que ajustar o prever. Un desafío tan extenuante no es lugar para ir a improvisar.

Pasada esta Adventure Race, le supliqué a Vicky que contara su experiencia, ya que tuvimos muchos puntos en común y a la vez cada uno carga con sus propios límites físicos, sueños y trucos motivacionales. Así que, sin más preámbulos, los dejo con sus impresiones del último desafío en Tandil:

Para los que vivimos en Capital Federal y entrenamos para correr carreras de aventura no nos alcanza con hacer cuestas y subir y bajar 40 veces por una calle empinada.

De cara a la ultra-trail que tengo planeada correr en menos de un mes (en San Martín de los Andes) la idea de esta Adventure Race de Tandil era tomarla como un entrenamiento.

Dentro de todas las variables que había anticipado estaba la posibilidad de abandonar ante cualquier dolor extraño, cosa que nunca había evaluado en carreras previas. Además me había establecido no hacerla en menos de 4 horas: iba a tomármela con calma. Una de las razones por las cuales podía llegar a abandonar era que hace ya dos meses sufro de un dolor muy fuerte en el tibial.

Con estas ideas llegué al día de la largada. Había elongado un poco esa mañana pero el dolor estaba ahí, como siempre. Para palear esta situación, Martín me regaló unas tibialeras Compress Sport que son muy buenas. Todavía me dolía un poco, pero me sentía contenida,  y posteriormente me iban a servir para no lastimarme las piernas con los cardos.

Cuenta regresiva y ¡largamos 2300 corredores a enfrentarnos a las sierras! Cómo explicar la emoción de una largada a quien no la vivió; es una vorágine tan grande que es difícil no subirse. Fue complicado para mi cabeza abstraerse del entorno y pensar en cuidar el cuerpo, sobre todo las piernas. Arranqué junto a una compañera a quien ya le había advertido que seguramente la iba a abandonar en el caso de sentir la mínima molestia. Subimos una cuesta interminable, pero el malón nos llevaba. Sentía el tirón en la pierna y que me faltaba el aire, pero seguí, en un momento no me importó nada. De repente las ideas me caían a la mente y empecé a escucharlas. Automáticamente puse el “freno de mano” y bajé las revoluciones. Los corredores me pasaban, corría en las bajadas y caminaba en las cuestas. Nunca sufrí cansancio, pero el dolor estaba ahí. Y todos me pasaban. En un momento sentí que me agarraban el brazo: eran el Sordo y Loreta, dos compañeros del grupo que venían detrás de mí y me llevaron con ellos. Yo quería ir sola, emulando la situación que voy a vivir en abril en Patagonia, donde voy a correr 63 km sola y voy a tener que motivarme a mí misma. Eso fue difícil de lograr en esta carrera ya que estaba constantemente rodeada de corredores, pero yo intenté “hacer la mía”. Entonces les comenté de mi dolor que hasta ese momento era leve. Hicimos media carrera juntos. Ellos tienen mucha experiencia en montaña, cuando nos enfrentamos a las sierras subían como cabritas y yo parecía una anciana.

No me dolían los cuádriceps ni los glúteos: el problema era el tibial. Me agitaba mucho. Pensaba que si me costaba subir estas sierras precámbricas erosionadas, en la cordillera me iba a ser imposible. Así que me lo tomé con calma. El dolor me angustió un poco y en el último puesto de control dejé que el Sordo y Loreta hiciesen su carrera. Me habían ayudado en la subida al Cerro de las Ánimas que era bastante empinado, pero no podía seguir su ritmo. Loreta me había pedido que cante para olvidarme del dolor, ya que siempre cantaba con ellos, pero era tanto que ya tenía la voz quebrada. No fue una situación agradable.

Me sentí débil en las subidas, eran interminables, y sabía que pronto me iba a tener que ver con las de la cordillera frontal. Mientras estaba con los chicos me parecía que podía aflojar porque ellos me apoyaban, pero los dejé ir y quedé sola, rodeada de miles de corredores.

Seguí bajando con cuidado y subiendo a paso de tortuga para que no me duela nada de nada. De repente vi el lago. “¿Ya llegamos?”. Sí, era la llegada, estaba a dos mil metros y todavía me sentía como si recién hubiera arrancado. Entonces tomé el último trago de agua y noté que se me había acabado. Otra variable a tener en cuenta, el agua del hidratador solo me alcanzó para 24 km.

Creí que debía ahorrar energía, ya sabía lo que era el dolor y esa sensación de no llegar más, ¡¡pero a diferencia de otras carreras esta se mi hizo cortísima!!

En la salida del dique estaba Martín esperándome, me tomó de la mano y cruzamos la meta juntos, sosteniendo la bandera del grupo que me habían encargado llevar. Nos abrazamos y fuimos con los demás.

Esta carrera la tomé como una simulación de lo que vendrá. Es fundamental la planificación y el ahorro de energía, al igual que prestar atención en las montañas. Cada uno de los ítems y detalles que fui observando y sintiendo quedaron registrados.

Me di cuenta de que yendo sola no me queda más que confiar en mí misma y escuchar a mi cuerpo. Ahí no aflojo, ya que sé que no tengo a nadie que me sostenga más que mis ganas y mis pensamientos. La automotivación es fundamental, pero los compañeros y los amigos son imprescindibles.

Publicado el 20 marzo, 2012 en Carrera, Entrenamiento, Reflexiones y etiquetado en , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Vicki,
    Muy buen relato!

    Me siento muy identificado con lo de los tibiales por que yo tambien sufria de ese puto dolor hasta hace poco menos de 1 mes.
    Corro hace 8 meses y empece con unas zapatillas pedorras. Al mes me compre unas nike pegasus. Al toque empece a sufrir del dolor de los tibiales, siendo tan fuerte el dolor, que una vez tuve que llamar para que me vengan a buscar por que no podia ni caminar. Ahi fui al traumatologo y me hice plantillas (pie plano). Por suerte el dolor fue bajando, pero siempre estuvo (sobre todo cuando subia el km semanal). En los ultimos meses estaba siendo mas fuerte el dolor y me di cuenta que las zapas estaban todas deformadas. Me compre unas saucony triumph. Desde que tengo esas zapatillas no me duele mas (nunca mas, ni un poco!) y eso que estoy subiendo el km. Obviamente habia elegido mal las primeras zapatillas.
    Mi consejo: hacete plantillas (seguramente ya tenes) y proba con otro par de zapatillas (aunque sea proba con las que usabas antes si es que no te dolia con esas).

    Ojala te sirva!

    • Para colaborar, comento: estoy en traumatólogo por el mismo problema…y no deja de decirme que me compre precisamente esas zapatillas, las saucony triumph.

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