Semana 23: Día 157: El paraguas

Como todas las noches, hoy me senté frente a la compu (sería una tontería sentarme detrás de ella). En mi cabeza pasaban diversos temas sobre los cuales escribir, sugerencias que hacen amigos, familiares y novias. Y mientras me asomaba por la ventana y veía cómo llovían perros y gatos y otras mascotas, pensé en la poderosa metáfora que es el paraguas. Puede parecer una tontería (quizá lo sea), pero tiene mucho que ver con mi actual condición anímica y mental.

Como muchos sabrán, estoy preparándome para correr la Espartatlón, carrera de 246 km en menos de 36 horas, que se supone mató al pobre ateniense Filípides, a quien se le ocurrió morir tras hacer una actividad física intensa y así darle una excusa a los que dicen “yo no corro ni al colectivo”. Si el primero que la hizo se murió, ¿qué me espera a mí, que nací en la época de los trenes, subtes, colectivos, taxis, remises, bicicletas, aviones, etc? Hace 2500 años probablemente tener un caballo era un símbolo de estatus, como tener hoy un Audi TT Roadster.

Intento no darle muchas vueltas al asunto y no pensar (la televisión y el alcohol ayudan). Pero uno no tiene mejor idea que escribir un blog y contarle sus planes a todo el mundo al unísono. No faltan las reuniones familiares donde surge la típica charla:

-¿Cuándo es la carrera?
– 28 de septiembre.
– ¿Y qué distancia era? ¿100 kilómetros?
– No, 246 kilómetros.
– (se le ponen los ojos como platos) ¿Corriendo?
– No, haciendo la vuelta carnero.

El hecho de hacer público el entrenamiento es solo una forma de estar constantemente recordándome en qué situación me he metido. Y aunque intento no hacerme la cabeza pensando en ese día y medio donde voy a ampollarme rincones de mi cuerpo que no sabía que se ampoyaban, la fecha se acerca. Y el entrenamiento se vuelve más exigente, y se vienen carreras intermedias a las que llego exhausto (pero antes de correrlas), y entones saco mi paraguas metafórico.

Este utensilio no protege de la lluvia (ni siquiera la metafórica), sino que es un resguardo. Como cuando decía que no había estudiado para el examen de Geografía y terminaba sacándome un 8 (sin copiarme). En pocos días voy a participar de la Merrell de Tandil 2012, 27 kilómetros en las sierras. El año pasado hice mi mejor carrera, logrando cruzar la meta en 2 horas y 58 minutos. Esta vez, con algo más de cansancio acumulado, temo no poder mantener esa marca. Pero no me puedo echar atrás. La solución será, entonces, abrir el paraguas y jugar la carta de la humildad. Decir que sé que me va a ir peor, que con llegar me alcanza (aunque voy a maldecir si eso pasa). En el mejor de los casos, bajo ese tiempo, y me gano el respeto de las mujeres y la admiración de los hombres.

Pero para eso faltan todavía 12 días y 11 horas. La adrenalina de la largada, una dieta adecuada y algo de suerte (por ejemplo, si se les para el reloj durante unos 20 minutos) me pueden ayudar a alcanzar el sueño de gloria, que es vencer a ese pedante de Martín Casanova. Todo puede pasar. Conviene, en esta noche diluviosa, entretenerse en este tipo de cuestiones y no pensar en el 28 de septiembre. Porque es eso o ir a ver qué están dando en la tele…

Publicado el 5 marzo, 2012 en Reflexiones y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. 9 comentarios.

  1. Juan Martín

    No te olvides de tu objetivo final. Ese es el mejor “paraguas” jejeje.

  2. Me ha gustado la metafora.

    Corrige en el segundo párrafo “…carrera de 24 km en menos de 36 horas…”

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