Semana 23: Día 155: Remeras rotas

Había una época en que las remeras eran sagradas. Representaban cada carrera que había hecho. Las atesoraba, aunque tenían colores estridentes y estaban llenos de sponsors. Soy acumulador, de esos que guardan boletos de colectivo que, años más tarde, están borrados y apenas dejan ver la fecha en que fueron impresos. Estas remeras se amontonaban en los cajones, hechas un bollo y arrugadas. Cualquiera pensaría que no las cuidaba, pero mi orden era el desorden.

Pero lo material es finito, y no me refiero a que sea angosto, sino que no dura para siempre. Hoy mi gata se acostó encima de mi pecho mientras miraba Funny People en el cable, y las mascotas son tan torpes que se caen. Y mientras se deslizaba en mi remera blanca de la UCEMA 2011, clavó sus uñas, aferrada como si su vida estuviese en juego. Un hilo enrulado quedó colgando. Intenté estirar mi prenda, pero ya todo estaba perdido. Se deshilachó y se le hicieron dos agujeros de 2 cm (mañana serán de 3, pasado 5, y así hasta que me pase la cabeza por ahí).

Afortunadamente, el grupo de running al que pertenezco me fue inculcando el valor de lo inmaterial. ¿Cómo? Con el sencillo acto de regalar las remeras. Una tradición que va y viene, generalmente para incentivar a las nuevas generaciones. Lo único e irrepetible es el desempeño que tuvimos en la carrera. Los recuerdos materiales, como ropa, medallas o fotos (aunque sean digitales) solo sirven para darle forma a ese momento que vivimos y que ya pasó (pero que se queda dentro nuestro, grabado para siempre).

Tengo un cajón MUY grande lleno de todas las remeras que me dieron en las carreras. No soy un atleta de tanta experiencia, apenas puedo decir que acumulaba un poco más de 20. Pero con las de Puma que uso para entrenar más tres o cuatro me puedo arreglar. Y el tema de regalarle a alguien que recién empieza un pedacito de tu historia, es algo muy valioso. Lo hice el año pasado, cuando en lugar de elegir las remeras que no me gustaban o las más rotas, elegí 4 muy lindas (las de mis primeras carreras, o la negra de la Energizer Night Race que me gustaba mucho), y las cedí a mis nuevos compañeros. Ya había vivido la experiencia de recibir una prenda, y formé parte de esa cadena haciendo lo mismo.

Hoy, esa remera de la UCEMA quedó bastante inservible. No creo que tenga sentido guardarla, y me da pena que no haya sobrevivido hasta la próxima oportunidad de pasarle un pedacito de historia a alguien. Cumplió su cometido, y aunque antes me hubiese angustiado su pérdida, hoy me doy cuenta que es solo un pedazo de tela. La importancia y el poder que puede tener una prenda se la da uno.

Igual, por las dudas, a partir de hoy la gata tiene prohibido acostarse encima de mi pecho.

Publicado el 3 marzo, 2012 en Reflexiones y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. 4 comentarios.

  1. el papa del choli

    Es lo malo de estas remera se enganchan de nada,
    lo bueno no se planchan, y se pueden usar
    para hacer las compras y otras yerbas.
    Cuando se juntan muchas se donan

    PD: remera vieja, pijama nuevo

  2. Juan Martín

    Otra cosa mala, si las ordenás en una pila y querés sacar una de abajo, se te desparrama la pila entera.!!!

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