Semana 22: Día 153: El Museo del Holocausto

Hoy visité el Museo del Holocausto. Resulta que existe uno, y está en la calle Montevideo 919. Mi compañero (en realidad, yo lo acompañaba a él) sería impensado para mucha gente: era Gustavo Sala, el humorista que el 19 de enero se hizo tristemente conocido al publicar la historieta “Una aventura de David Gueto. El DJ de los campos de concentración en: FIESSTA”.

Ahí estábamos, como gesto hacia la colectividad. Nadie lo había obligado a estar ahí. De hecho se lo propuso un muchacho llamado Guido, quien en la fecha en la que salió la tira, se había convertido en su principal detractor. Pero hablando se entiende la gente, yo me convertí en una suerte de representante de Gustavo en esos días (principalmente borraba los insultos y comentarios xenófobos de su muro de Facebook) y con Guido entablamos un diálogo fluido. Él propuso que Sala visite el Museo del Holocausto, propuesta que fue aceptada, y ahí estábamos, mirando la puerta del lugar desde el café de la vereda de enfrente.

Toda esa visita fue muy discreta, y probablemente no alcancen a leer sobre esto en los medios de comunicación (como sí lo fue la salida de la historieta, que la cubrieron hasta en 678). La presión aflojó sobre Gustavo, lo suficiente como para dejar de recibir mails y mensajes bomba, pero no quiso dejar de visitar el Museo. Me pidieron que vaya, y fui.

Realmente nos recibieron con una amabilidad increíble, y se notaba la predisposición por incluir e informar. Agradecieron que Sala accediera participar de una visita guiada, y charlamos con la directora en privado sobre la historia del edificio, los límites del humor y la importancia del holocausto (shoá) para el pueblo judío.

No importa lo que creamos saber sobre la Segunda Guerra Mundial y la “Solución Final” de Hitler. Es poquísimo lo que sabemos del tema. Las películas que retratan estas historias generalmente son efectistas, buscan conmover, o priorizar acción por sobre la tensión social. Sabemos que los nazis son “malos”, pero no sabemos por qué. Creemos que no hay mucho para saber sobre los campos de concentración, que todo lo aprendimos en La Lista de Schindler. Pero, a mí al menos, me quedaba mucho por aprender.

Hollywood nos llevó a pensar que la Segunda Guerra empezó con el bombardeo a Pearl Harbor o con el desembarco en Normandía. Pero décadas antes, los judíos alemanes eran el chico expiatorio para explicar los males de una sociedad con problemas económicos. Y de a poco fueron eliminándoles derechos, hasta que solo quedó aniquilarlos.

Ahí, en el Museo, está toda la historia, cosas que no nos han enseñado, como que los judíos eran obligados a renombrarse como Israel (hombres) y Sara (mujeres), que se les prohibía tener aves (para no confundir a la gente con la imagen del águila, símbolo nazi). Algo que me impactó fueron las fotos de un multitudinario acto del nazismo en el Luna Park, el más importante fuera de Europa, a principios de la década del 30.

También aprendimos sobre los “Justos de Mundo”, personas no-judías que salvaron miles de vidas a cambio de nada. Uno entra a ese Museo creyendo saber todo, pero es imposible no aprender algo de nuestra historia y la del mundo.

Fue realmente una experiencia enriquecedora, que no será noticia (como lo fue la publicación de aquella infame tira). Nos fuimos entendiendo un poco más el dolor, y por qué sigue vigente. Muchos, tontamente, salieron a criticar a la comunidad judía diciendo “Supérenlo, pasaron 70 años”. Pero todavía, muchos sobrevivientes de los campos de exterminio siguen entre nosotros, con sus recuerdos grabados en su cabeza, y sus números de prisionero tatuados en la piel.

Recomiendo enérgicamente que visiten el Museo del Holocausto, para tener una visión más completa de la historia, y para conocer qué pasaba en nuestro país mientras tanto. Yo creo que tan importante como cultivar el cuerpo y mantenerlo sano, es ejercitar la cabeza e incorporar conocimiento. El cerebro es un músculo que hay que trabajar, en pos de eliminar la ignorancia.

Publicado el 1 marzo, 2012 en Reflexiones y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. 6 comentarios.

  1. adrian bergstein

    Soy judio, y en ningun momento me parecio que gustavo ofendiera a nadie escepto a hitler, le mando un abrazo.

    • nahuel salguero

      sos un capo, asi de simple!

    • No soy judío pero me parece que la historieta se fue de mambo. De la soberbia de Sala en sus entrevista pos historieta a este articulo hay un abismo. Demuestra el desconocimiento del tema que tiene. Rudy lo dijo bien: no se jode con los oprimidos, si con los opresores. Jodan a Hitler, no a los que estaban en el campo. Jodan a Videla pero no a la gente que torturaban y tiraban al rio.

      • Soberbia? Poné un link a alguna entrevista en la que haya sido soberbio, por favor, porque me parece que te estás confundiendo… Sala no se burló de los oprimidos, se burló de Guetta en todo caso. Usó el contexto del Holocausto y fue una idea poco feliz, que jamás defendió. Hasta dijo que la tira era mala. Por eso lo que decís de la “soberbia” debe que ser un error tuyo…

  2. Para mi tampoco fue para tanto la historieta, la gente es ignorante, punto.

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