Archivos Mensuales: marzo 2012

Semana 27: Día 183: 230,27 km en un mes

El mes pasado aventuraba arañar los 350 kilómetros durante marzo. No me parecía tan descabellado. Tenía muchos fondos largos los domingos, más los entrenamientos, más la Mer– em, la Adventure Race de Tandil… no sonaba tan volado. Pero, ¡cómo pueden cambiar las cosas!

Por un lado, llovió a cántaros tres lunes por la tarde. Después, estuve en boxes por la gripe, y cuando finalmente la contagié a Vicky, me quedé a hacerle compañía y cuidarla, como ella hizo en su momento conmigo. Siete entrenamientos bajaron el promedio mucho más de lo que esperaba. Además, el sábado previo a Tandil, no hubo actividad, porque estábamos en esa ciudad haciendo “concentración”. Y bueno, 230 km no es un mal número, pero me hace dar cuenta de que es imposible planificar nada con tanta anticipación.

De todos modos, en el “ranking” de meses, es el segundo en el que más corrí. Hubiese sido el mayor, sin todas las excusas que enumeré en el párrafo anterior. Pero no me desanima, para nada. Si tantos faltazos me dieron igual un promedio de 57 km semanales, venimos bien. Creo que también contabilicé el fondo de mañana, 45 kilómetros, como si contase para marzo. Pero bueno, se lo sumo a abril. Como para dar cuenta de lo que cambia estar “sano”, esto me va a dar 80 km solo esta semana. No me quejo…

Vamos a ver si en abril supero la marca de los 300 km mensuales. Esa carrerita llamada Patagonia Run me va a sumar 100 en un solo día…

Hola

Qué tal. Me harté de las estrellitas de votación. Al principio pensamos que era nuestro perro, Rulo, que como no sabe votar creía que una estrellita era mejor que cinco. Pero casi nadie vota, generalmente soy yo que por default pongo cinco estrellitas, después Vicky, que le pone cinco estrellitas o se le arma, y luego llega una persona que pone siempre uno (tiene tanta dedicación que Vicky está convencida de que es un hackeo, y no alguien empeñado en hacer esto todos los días).

Entiendo que quiera compensar nuestra falta de modestia, pero la votación era, originalmente, para guiarme sobre el gusto de los lectores, porque no todos escriben en los comentarios. Pero carece de sentido, y a alguien le parece divertido entrar cada X cantidad de días a darle 1 a cada entrada (¡me niego a pensar que TODAS sean malas!), así que las voy a sacar.

Que quien no gusta de lo que escribo, vaya a los comments y lo diga. Gracias.

Chau.

Semana 27: Día 182: A seis meses de Espartatlón

Hoy, EXACTAMENTE, estoy en la mitad de desafío de los 256 kilómetros que unen Atenas con Esparta. Justito la mitad del año en el que decidí entrenar para lograr esta, la máxima gesta atlética que puedo imaginar.

Ayer fui a ver a un clínico para hacerme un apto médico y presentarlo ante las autoridades de Patagonia Run. Es un requisito para participar en los 100 km. Y, como no podía ser de otra manera, llegué media hora tarde y la doctora no me quiso atender. Estaba a punto de armar un escándalo y se asomó un doctor. Vaya uno a saber por qué, se ofreció a atenderme. “Si puedo ayudar en algo…”, dijo. Renovó mi esperanza en los galenos.

La consulta fue breve, porque para su itinerario yo estaba en un entreturno. Le di mis análisis y me preguntó para qué necesitaba el apto. Le expliqué lo más rápido que pude que era fondista y que me iba a presentar en una carrera de 100 km. Me dijo que en lo concerniente a la medicina él no podía escribir que yo estaba habilitado para correr esa distancia, por la sencilla razón de que era una salvajada. Eso era algo muy específico, y no se quería jugar la licencia. Pero con gusto ponía que yo estaba apto físicamente para correr “maratones”. Acepté el trato, pero le aclaré que si 100 km le parecía un exceso, me estaba preparando para correr 246. Se rió y dijo “Eso directamente es una locura”.

Y bueno, estoy a medio camino de esa locura. Pero primero tengo que pasar por San Martín de los Andes, carrera cuya salida se adelantó y ahora empieza el sábado 14 de abril a las 2 de la mañana. La llegada sigue siendo a las 20:30.

En estos seis meses empecé a entrenar muy duro, sentí que mi cuerpo se adaptaba a la nueva exigencia, pero también vi mi tiempo bastante reducido. Mezcla de eso y de un poco de agotamiento, no pude volver a ir un solo día al gimnasio. Es duro, en febrero estuve en mi pico máximo a nivel muscular, y cuando vaya a la nutricionista en breve me van a dar los niveles para el traste. Pero es una elección que tuve que tomar. No se puede todo en la vida, y mientras antes lo acepte, mejor voy a poder organizar mis objetivos. Ahora sé cómo tengo que encarar las cosas el día que deje un poco de lado las zapatillas y decida tomar las pesas por las mancuernas.

También abandoné, por segunda vez, el reto de abdominales. Otra decisión dura, pero que tomé luego de saltearme varios días seguidos por falta de tiempo y energía. Sin embargo, esto me parece importantísimo para lo que es carrera de aventura, sobre todo en cuestas. Si bien siento que tengo mucha fuerza abdominal, necesito seguir trabajándolo. Así que esta es mi cuenta pendiente para los próximos seis meses.

En lo que queda del año voy a tener que buscar alguna otra ultramaratón, o inventarme alguna, porque dudo que llegar a los 246 km sea fácil. Pero no es imposible, me siento bien encaminado. En cuanto vuelva de San Martín de los Andes, ojalá con un triunfo sobre la montaña, llegará el turno de sacar el pasaje a Grecia. Y ahí sí, no va a haber vuelta atrás.

Semana 26: Día 181: Soñando con el mundo

Últimamente trabajo tanto (y con ello me refiero tanto a mi vocación de diseñador como la de deportista) y descanso tan poco, que me cuesta recordar los sueños. A veces son tonterías que las olvido rápidamente, otras son escapismos sorprendentes (como cuando soñé que era un astronauta con superpoderes en la luna), pero la gran mayoría de las mañanas me despierto y ni sé qué manifestaciones tuvo mi subconsciente.

Dicen que para no olvidar hay que contar rápidamente todo, porque no hace falta más que un día para que el sueño se desvanezca. Así que intentaré dejar por escrito esto que me pasó en el mundo de lo onírico, porque no sé si es que lo leí en algún lado o lo inventé, pero me pareció muy interesante.

Resulta que yo era el jefe de gabinete de la presidente. Sí, ella. Pero no nos cruzábamos más que hacia el final de la historia. Yo tendría unos 60 años, iba de traje, y estaba entrado en varios kilos. Era un hombre respetado, quizá algo temido por la prensa. Solía hablar poco, así que sorprendió a todos cuando, en una conferencia de prensa, anuncié que iba a responder 10 preguntas.

Los periodistas estaban asombrados, generalmente solo un par de privilegiados podían preguntar. Enseguida empezó el barullo, todos hablando a la vez, a los gritos, apuntando cámaras y grabadores a mi rostro (pero dejando un par de metros de distancia). Aclaré que primero yo iba a indicar a los 10 periodistas, y ahí podían preguntar. Para hacerlo justo, dije que iba a elegir a 5 mujeres y a 5 hombres (sospecho que esto último fue de puro capricho, quizá porque le había tomado el gusto al poder y a hacer las cosas como a mí se me antojaba).

Elegí a un periodista, una figura conocida. Luego a otro. Se iba acabando el tiempo, porque iba a llegar la presitente a dar su discurso y no iba a dar lugar a preguntas. Entonces me puse a hablar con una radio al aire. Quizá era Juan Pablo Varsky. Quería saber cómo solucionar los problemas de los argentinos. Entonces improvisé una explicación muy peculiar.

Le dije que imaginase que éramos dioses, y que podíamos crear un mundo a nuestra imagen y semejanza. Le pedí que imaginase tener a este planeta entre nuestras manos, con todos sus habitantes viviendo en él. Imaginaba sus cielos, sus ríos, sus continentes. Le pregunté si él querría a este mundo. “Claro”, respondió, un poco confundido porque no sabía a dónde quería llegar.

Entonces le propuse imaginar tener entre sus manos un mundo pero creado por otro, con todos sus habitantes. No sabemos de dónde vino, pero está ahí, con sus cielos, sus ríos, sus continentes. ¿Lo iba a querer de la misma forma que si lo hubiese creado? “Igual compro”, dijo. Claro, la fantasía de ser un dios y estar más allá del plano físico puede parecer tentador para cualquiera, pero ¿no era cierto que en el ejemplo anterior estaba más a gusto que en este? Me confesó que sí.

“Ese es el problema de los argentinos”, le retruqué. No sentimos que el mundo sea nuestro, creemos que las cosas las hizo otro, por lo tanto no nos sentimos partícipes. No nos damos cuenta de que a la realidad la construimos entre todos, en mayor o menor medida.

Corté con él, y di por terminada la conferencia de prensa, porque ya estaba llegando la presidente, quien agradeció el gesto. Prometí responder las preguntas pendientes en privado, si hacían su cita con mi oficina, y me fui a sentar en mi lugar.

Y me desperté, pensando en ese mundo entre mis dedos, y en que es realmente cierto que no solemos reconocer nuestro lugar y el impacto que tenemos sobre él.

Ahora, por qué soñé que era un político y de este gobierno, jamás lo sabré…

Semana 26: Día 180: Fondo en cinta (ideal para deportistas engripados)

Ayer martes me tocó como entrenamiento una serie de progresiones y cambios de ritmo, que al sumarle la entrada en calor y el trote regenerativo, sumaba 18 km. Después de estar guardado unos días y de ir regresando a medias (sin poder correr lo mismo que el resto del grupo), esto se sentía como lo que necesitaba.

Pero claro, aunque me estoy sintiendo mejor de la gripe, no estaba 100% recuperado. Estos días están amaneciendo con 8 grados, y mi nariz sigue tapada (de hecho se me lastimó un poco de tanto sonármela) y las flemas se niegan a darse por vencidas. Aunque estoy motivado y el cuerpo responde, sigo todavía en las últimas instancias de la enfermedad, y no vale la pena hacer cosas que me retrasen. Ahí toma importancia el gimnasio, y su bendita cinta, que me permite correr todo lo que quiera sin temor al viento o a chupar frío.

Fui abrigado como para visitar Siberia, me cambié, elegí la máquina más cercana al televisor, y preparé todo mi equipo: por un lado, el agua al costado, luego el celular, donde tenía macheteada la rutina y en el que anotaba mis tiempos para sumarlos después. A mi derecha tenía preparado el reloj para controlar las pulsaciones al final, pañuelos para sonarme la nariz y una toalla para la transpiración. Habiendo ya marcado mi territorio, empecé a entrenar.

Estas cintas piden no usarlas durante más de 30 minutos, y cuando uno se pasa de este tiempo, se cortan automáticamente y el contador de kilómetros y el cronómetro vuelven a cero. Pero esta disposición es para las horas pico, no para las señoras que hacen bici a la mañana, así que vale pasarse. El tema es que hay que volver a empezar, y si queremos saber el tiempo total, ir sumando luego. Me armé mentalmente bloques de 6 km, puse la inclinación en 1% (dicen que imita el esfuerzo de avanzar por la calle) y largué.

La tele que tenía enfrente estaba sintonizada en el noticiero, así que en algún momento me dieron ganas de dar la vuelta y escaparme, pero resistí. Cada tanto me sonaba la nariz con mis pañuelos de papel, a lo guapo, sin detenerme. Al no haber viento (ni generarlo uno al avanzar), no sufrí el frío. Pero al bajarme de la máquina me tuve que asegurar de secarme bien y abrigarme enseguida.

Faltan 14 días para que salgamos con Vicky a San Martín de los Andes, y obviamente entrenar o no, a esta altura, va a influir poco. Pero esto calma un poco la ansiedad, mientras el cuerpo se acomoda. Parece que allá vamos a tener este frío y más también. Me ilusionaba pensar que en esa zona el clima era seco, pero me desayuné ayer que es húmedo… así que a sufrir se ha dicho…

Semana 26: Día 179: La carrera de Miguel

Estar enfermo, y hacerlo justo en el Día Nacional de la Memoria, me dejó un poco afuera de lo que pasaba en el mundo exterior. Mientras me recuperaba de la fiebre y una gripe noqueadora, se corría en Núñez la Carrera de Miguel, 8 km competitivos y 3 participativos. Si bien el sábado se conmemoraba el golpe de estado que dio inicio a la dictadura militar más sanguinaria de nuestro país, el domingo llegó el turno de recordar al fondista desaparecido en 1978, como parte del plan estatal para privar de la libertad (y la vida) a las voces opositoras.

Miguel Sánchez era un poeta y atleta tucumano, que se instaló de chico en Berazategui con su familia. A comienzos de la década del 60 inció su carrera de futbolista en las divisiones inferiores de Gimnasia y Esgrima de La Plata, mientras trabajaba el Banco de la Provincia. En 1974 decidió abandonar el fútbol y dedicarse al atletismo. Por esto se federó en el Club Atlético Independiente y participó, entre otras competencias, de la Corrida de San Silvestre, en tres oportunidades. Pero también militaba en la Juventud Peronista, lo que significó convertirse en un blanco de la última dictadura. El 8 de enero de 1978, a los 25 años, fue abducido y presuntamente encerrado en en el centro de detención clandestino “El Vesubio”.

Un artículo sobre la vida de Miguel, publicado por Clarín en enero de 1998, inspiró al periodista italiano Valerio Piccioni, de La Gazzetta dello Sport, para realizar su propia investigación. El resultado se convirtió en el libro “La corsa di Miguel” (La carrera de Miguel). Pero el personaje de este atleta llevó a Piccioni a ir más allá, y comenzó a gestar la idea de una competencia que llevara el mismo nombre que su libro. El 9 de enero del año 2000, más de 350 participantes corrieron por las calles de Roma.Vestían una remera con la imagen de Miguel Sánchez en el frente, y su poema “Para vos atleta” en la espalda (escrita por él en diciembre de 1977).

El 11 de marzo de 2001, en Buenos Aires, se corría la versión local de “La Carrera de Miguel”, con una opción competitiva y otra participativa. En 2005 se replicó en Tucumán y Berazategui, y al año siguiente en San Carlos de Bariloche. A partir de este año, en la Capital Federal, la calle Crisólogo Larralde se rebautizó como Miguel B. Sánchez, desde Av. Del Libertador hasta Lugones.

La Carrera de Miguel que se celebró en la Ciudad de Buenos Aires este domingo, con más de 3 mil corredores, contó con la colaboración en la organización de la Subsecretaría de Derechos Humanos y la Subsecretaría de Deportes. Eso no evitó que diversas organizaciones lanzaran cánticos en contra del actual gobierno, y muchas críticas se centraron en la poca difusión que se le dio al evento. Si bien me parece imposible separar cuestiones políticas con un hecho tan arraigado a nuestra historia nacional, reconozco que me suelo enterar de esta competencia después de que se realizó, y nunca antes. Siendo que soy de la “generación golpe” (nací en el ’77), me hubiese interesado participar. Pero claro, estaba en cama con gripe. Quizá el próximo año esté más atento…

  

Semana 26: Día 178: De regreso al mundo exterior

Así que se terminó el fin de semana. Mucho dormir, sonarme la nariz, toser y no bañarme. Sé que estar enfermo no me autoriza para oler mal, pero tampoco sabría explicar por qué tener gripe me habilita a no cambiarme de ropa y quedarme en la cama todo el día. Sé que a Vicky le hace bien darse una ducha, pero yo intento hacer los mínimos esfuerzos posibles.

Ayer me perdí mi fondo de 20 km, y el clima no está invitando demasiado a salir a la calle. Pero esto recién empieza, es apenas un atisbo del otoño. Hoy me reintegro en mis funciones, y a la noche, con pañuelo tipo bandolera, algodón en los oídos y alguna pastilla anti-resfrío, me iré a enfrentar la noche en Acassuso. El domingo que viene me toca un fondo de 45 km, y quisiera estar un poco preparado. Entiendo que no correr por un fin de semana no va a hacer mella en el entrenamiento, pero tampoco quiero hacerlo de golpe.

Estar enfermo tiene muchas ventajas, excepto cuando el pico es durante el fin de semana, lo cual es una porquería. En el fondo de mi ser creo en esa máxima que dice que lo que no te mata te hace más fuerte, y en mi infantil imaginación, esta exposición a un resfrío me dará más resistencia a los que se vienen en los meses más gélidos.

Probablemente haya subestimado correr con frío, algo que no voy a hacer en Patagonia Run. Ahí puedo llegar a hacerlo en cortos, pero protegeré mejor el pecho, las manos y la cara. Tengo entendido que hay al menos dos puestos en donde dejar cosas para levantar de pasada, así que si transpiro mucho mi pañuelo o la remera, me puedo cambiar ahí por una muda seca, y seguir mi camino. Lo que más me preocupa es el frío que pueda darme mi propia transpiración.

Por otro lado, uno suele darlo todo en una carrera, y es como que me resulta más importante cuidarme antes que durante. Porque cuando uno está en la competencia, lo da todo. Tenemos carta blanca para llevar el cuerpo al límite, y más allá. Hacerlo antes es una tontería, porque te inhabilita a participar de carreras… y si no se sumo a estas gestas, ¿para qué entrené tan duro? Tener un objetivo puntual es para mí importantísimo. Aunque sea cada tanto.

Hoy mi meta más cercana es recuperarme, sin dejar de entrenar… porque me quedan 19 días para la que va a ser la carrera más dura de mi vida… y encima va a ser menos de la mitad de la Espartatlón…

Semana 26: Día 177: Tres semanas para recuperarme

En exactamente 20 días voy a estar corriendo en San Martín de los andes. Quizá esté transitando el llano, o aprovechando alguna bajada, o sufriendo una cuesta. La largada va a ser a las 3 de la mañana, así que a esta altura, 10:30, podría asegurar que voy a estar muy cansado y con ganas de que todo esto termine (pero, calculo, iré recién por la mitad del desafío).

Y mientras pienso en esto estoy con congestión, tos, y salteándome entrenamientos. Ayer el termómetro me marcó 37,9 grados, y me la pasé en cama, yendo de mal en peor. Vicky hizo guardia médica, y Oso Rulo, nuestro perro, me daba calor. Tengo entendido que hizo un sábado espectacular, pero yo me la pasé tiritando y tosiendo mocos que se acumulaban en mis pulmones.

Es un poco frustrante enfermarse, porque supongo que la Adventure Race de Tandil tuvo algo que ver. Físicamente me sentí muy bien, no quedé destruido como otros años, y más allá de algunos dolores en los hombros, me sentía listo para correr con normalidad. Pero quizá me hayan bajado las defensas, y haya colaborado el fondo de 14 km que hice el viernes, cuando bajó la temperatura (y yo iba por la calle en musculosa). Los cambios climáticos afectaron a unos cuantos, y yo fui uno más.

Ya me siento bastante mejor, no hay fiebre, pero las flemas me siguen complicando la existencia. No recuerdo la vez que dormí tanto (no me vino mal), pero me empezó a doler el cuerpo de estar todo el tiempo acostado, y no hay nada bueno en la tele para ver. De hecho, desde que alguna mente brillante decidió que el 90% de las películas y series que transmiten las tenían que doblar al castellano, le fui perdiendo aprecio a la caja boba.

Hoy me tocaban 20 km de fondo, algo que me entusiasma porque me hace sentir bien, sin quedar destruido después. Mi idea era ir hasta Retiro y volver, todo por Avenida del Libertador. Eso me iba a dar una distancia aproximada, seguramente hubiese necesitado algún desvío para completar el kilometraje indicado. Pero no tiene sentido entorpecer mi recuperación. Quizá pueda volver a hacer deporte mañana, en el entreno con los Puma Runners, si es que me siento un poco mejor. No mucho, un poquito. Hacer deporte, de alguna manera, me ayuda a limpiar la nariz y a respirar mejor. Y me levanta anímicamente. Me cuesta pensar en una situación en la que correr no mejore mi día.

Me gustaría darme cuenta de qué tendría que haber hecho para que no me enfermase. Pero probablemente era inevitable. Ahora solo puedo concentrarme en recuperarme, así puedo enfrentar a los 100 km de la Patagonia Run, el sábado 14 de abril. Porque si un cambio climático me tiró abajo, allá voy a correr a la intemperie, con frío de altura, y de noche. No va a ser fácil, pero aún con esta congestión, suena a que va a ser un lindo desafío.

Semana 26: Día 176: La fragilidad del cuerpo humano

Ay, los hombres. Qué criaturas tan fantásticas. Por un lado, su fortaleza es asombrosa. Su férrea fuerza de voluntad, que no sabemos dónde nace (¿impulsos químicos del cerebro? ¿El espíritu?), nos ayuda a realizar tareas que muchos consideran imposibles (como correr 26 km en una sierra tandilense, cansado, acalorado, deshidratado). Pero por el otro, una criatura minúscula, invisible al ojo, que solo puede ser detectada por complejos mecanismos de lentes que permiten obtener una imagen aumentada del objeto y que funciona por refracción (microscopio), nos deja tirados sin poder hacer algo tan sencillo como respirar normalmente.

Realizar deporte y llevar una vida sana, está comprobado, nos ayuda a aumentar nuestras defensas y frenar el avance de enfermedades. Pero eso no nos hace invulnerables. Así como el entrenamiento fortalece, realizar grandes esfuerzos tiene un efecto en el sistema inmunológico. Millones de bichitos ingresan en nuestro cuerpo y se hacen un festín.

Y así estoy, moqueando, con dolor de oído. Anoche las flemas me ahogaron y me hicieron despertar en la oscuridad con una sonora tos. Decidí seguir entrenando y ver qué pasa. Podría guardarme, pero necesito seguir fortaleciéndome, y tengo la sospecha de que correr me va a hacer sentir mejor. En el pasado ha sido así, ¿por qué no iba a serlo ahora? Resolví ponerme algodón en los oídos, y entrenar con un pañuelo en el cuello. Ya con eso me siento protegido. Y nada de musculosa, por hoy desempolvé mi remera con mangas.

No está bueno estar así, en especial en medio de los preparativos para una carrera tan importante. Pero pensé que mejor era enfermarme ahora, y estar recuperado para Patagonia Run, a mediados de abril. Después sí, me puedo enfermar todo lo que esos bichitos endemoniados quieran.

Semana 26: Día 175: Fe de erratas

570 entradas. Esos son todos los posts que subí desde que empecé Semana 52, el 17 de agosto de 2010. Y decidí complicarme la existencia numerando días y semanas hasta llegar al final, sin tener en cuenta que debería haber empezado por el 0 (cero), así recién el último día iba a ser la “semana 52”. Pero, en ese momento, no lo tuve en cuenta. Todo parecía tan lejano en ese entonces…

En tanta cantidad de entradas, en algún momento la tenía que pifiar. Por ejemplo, empecé por “Semana 1”, “Semana 2”, “Semana 3”, “Semana 4” y todos sabemos cómo sigue, pero yo puse “Semana 52”, salteándome 47 en el camino. Luego los días no me daban para cerrar el año en 364 días (me faltaban como 14), así que volví atrás y me di cuenta que muchas veces me salteaba unas cuantas jornadas seguidas…

Y bueno, este año creí que todo iba a funcionar de perillas… pero no fue así. Me di cuenta que, si estaba en la semana 26, tenía que estar en la mitad de Semana 52: Espartatlón, y eso ameritaba alguna reflexión… pero la calculadora se negaba a darme la razón. Ahí caí en que el miércoles me comí unos cuantos días (nada que no se pudiese corregir discretamente). Pero las cuentas seguían sin darme para estar en la mitad, y empezando (hoy), la Semana 27. Y bueno, volviendo hacia atrás, revisando post por post, encontré que vengo arrastrando un error desde diciembre, justo cuando estaba en Misiones, corriendo la Ultra-trail de Yaboty.

Además de demostrar que soy un desprolijo, esto se convirtió en una buena noticia para mí… ¡me di cuenta de que tengo una semana más de entrenamiento antes de la Espartatlón! Ese es mi vaso medio lleno.

Normalizar esta situación también tiene que ver con una necedidad mía de organizar mi vida. Realmente me estoy complicando mucho con mis tiempos. Por un lado, el trabajo, actividad que no se puede relegar (hasta el día en que un conglomerado de auspiciantes me permitan dedicarme a esto full time). Alrededor de eso se arma el entrenamiento. Generalmente las mañanas son despertar a Vicky con Oso Rulo, nuestro perro, después hacer el desayuno, pasear a nuestra mascota, y esclavizarme en la compu hasta que llega la noche. En algún momento deslizo un fondo, o lo que sea que tenga que correr ese día. Y el cierre es (o era) actualizar el blog por la noche.

Esto, que parece muy organizado, me impedía disfrutar de mi perro y de Vicky. De hecho, hubo veces en que me atrasé un poco con el trabajo, porque prioricé entrenar. El blog encontraba un momentito hacia la medianoche. Pero decidí bajar un cambio y organizarme mejor. Así que a partir de ayer decidí reacomodarme y actualizar el blog por las mañanas (después de volver del paseo con Rulo). Así dejo de trasnochar. Lo que sigue será relegar un poco el ocio para no aflojar con el trabajo, y cortar a la tarde (y no a las 9 de la noche, cuando hay que cenar). Dicen que todo no se puede, y es cierto.

Probablemente tenga que relegar unas horas diarias a leer o ver series (por suerte, la temporada de The Walking Dead terminó, pero me quedé en el capítulo 8 de Homeland). Pero para que este proyecto funcione, y para disfrutar de mi novia y de mi perro, hay que reconocer los errores, y ordenarse. Hacia allá vamos.

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