Archivos Mensuales: febrero 2012

Semana 21: Día 142: Señales de que estás cabalgando

Hoy estaba lejos de casa, calcinándome bajo la carpa que teníamos en el Family Fest, rogando por un poco más de lluvia, y me llegó un mensaje de Vicky. Un poco preocupada, de que alguien estaba calificando en forma negativa a mis posts. Le fui absolutamente sincero y le dije que no me preocupaba.

Cuando empecé Semana 52 descubrí que el blog se podía personalizar bastante. Una de las funciones era la de calificar las entradas con 1 estrellita (Muy pobre), o 5 (Excelente). Supongo que me interesaba enchular el sitio todo lo posible, y lo habilité. Pero aunque me leían algunas personas (al principio unas 30 por día, hoy entre 700 y 1000) nadie votaba. Y esas estrellitas endemoniadas se convirtieron en un problema para mí. Era más un “quemo” tener cero calificaciones que una negativa.

Con el correr del tiempo algunas personas decidieron empezar a votar. La entrada más popular históricamente ha sido la reseña de mi maratón en Grecia, pero ni siquiera fue algo descomunal, votaron 17 personas.

Ahí quedó, el coso ese para votar, al que le doy tanta importancia como los resultados de Bailando por un sueño. Pero hete aquí que desde hace varios días noto que alguien vota con la calificación más mala a todos los posts. No me sorprendió, confieso que detesto releer las cosas que escribo porque me la paso corrigiendo todo el tiempo. Nunca me quedo conforme, y quien venga a decirme que no sirvo para escribir, solo podré pedirle disculpas y darle la razón. Quizá por eso no me hice mucho drama.

De hecho, Vicky se quedó sorprendida, ahora que ella también lo notó, de que le molestase más a ella que a mí.

Supongo que quien hace esta chiquilinada no lee los posts. Quizá sí, pero venir a calificar como “Muy pobre” cada cosa que escribo… se me hace difícil pensar que alguien no disfrute de una cosa y se empeñe en marcarlo cada día de su vida. Yo me lo tomo como que una reacción negativa a algo que hacés es siempre mejor a recibir la indiferencia total. Si uno necesitara el apoyo general para hacer las cosas, estaría en el horno, porque muchas veces no tenés la confianza de nadie más que de vos mismo. Y esa es la medida para saber si los objetivos están bien enfocados. Si uno recibe críticas  y se desmorona, entonces no se estaba seguro de lo que se hacía.

Supongo que en eso pensaba Cervantes cuando puso en boca del Quijote la frase “Ladran, Sancho, señal que cabalgamos”. Aunque él pensaba en opiniones negativas, y no en estrellitas.

Semana 21: Día 141: Capricho de deportista

Esta mañana me levanté muy temprano, desayuné, e hice un fondo de 12 km, que me llevó desde la puerta de mi casa, en Belgrano, hasta el Club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, ida y vuelta. Luego ducha, tomar nota de mis pulsaciones, tiempo y kilometraje en la planilla semanal, atiborrarme de comida y bebida para el resto del día, y a pasar el sábado en una carpa, atendiendo un stand en la feria Family Fest.

La carrera temprana parecería ser el único evento relevante en mi vida deportiva, pero esperen, aún hay más. Por un lado, me preparé fruta, vainillas y el almuerzo en un tupper, nada que se salga de la dieta. Mientras mis compañeros de stand se iban a comprar sándwiches de jamón y queso con mayonesa o helados, yo me mantenía con mis salchichas de soja, manzanas y bananas. Algo que desconcierta a muchas personas es por qué no como cosas aptas para vegetarianos, como galletitas. Explico que además de eso soy deportista, e intento no consumir grasas. Pero bueno, también desconcertaba a todo el mundo que hace unos años fuese vegetariano y no comiese sano (un cuarto de pan con mayoliva todos los días, por ejemplo).

Nuestro stand contaba con dos promotores (un muchacho corpulento y una chica alta y rubia) que entregaban folletos, stickers e imanes. Ambos eran un buen ejemplo de perfección y belleza: cuerpos proporcionados, sonrisa contagiosa. Si tuviesen hijos, serían hermosísimos. Mientras nos calcinábamos bajo la carpa al aire libre y rogábamos por una tormenta con vientos huracanados que nos refrescase, empezamos a intercambiar información de “background” con los promotores: nuestra edad, ciudad de origen, etc. Y resultó que Facundo solía hacer triatlones y actualmente se dedicaba al rugby.

El círculo de la charla se fue abriendo hasta que quedamos nosotros dos compartiendo historias de entrenamiento. Empecé a contarle sobre este blog, mi maratón en Grecia, el objetivo de Espartatlón, y el sueño de, una vez que conquiste esto, ir tras un Ironman. No pude evitar mencionar que soy vegetariano, y que intento hacer todo este entrenamiento en forma natural, sin complementos “artificiales”. Él, por su volumen muscular, obviamente tomaba algún aminoácido o suplemento con proteínas. Yo, que venía intentando hacerme el humilde con tanto viaje y objetivos internacionales, dije “Yo prefiero obtener todo de los alimentos, para demostrar que se puede hacer en forma natural”.

Facundo me preguntó: “¿Y en las carreras no tomás…?” e hizo el gesto de una mano apretando un gel. Ahí se me vinieron los esquemas un poco abajo. Me dejó petrficado (iba a escribir “congelado”, pero nos estábamos asando). Tuve que reconocer, rápidamente, que en realidad todas mis normas y ese objetivo de lograr todo en forma “natural” lo aplicaba en forma más rígida para lo que era musculación, porque en running me iba a ser imposible consumir otra cosa que no sean geles. Puedo complementar con pasas y otros alimentos, pero no puedo pretender estar masticando todo el tiempo.

Y terminé admitiendo que lo mío era un capricho. ¿Qué diferencia hay entre un gel deportivo en una carrera, y un complemento protéico para el gimnasio? Solo lo que nuestros valores nos permiten.

En ese momento me di cuenta de que tengo que cambiar mi discurso. No puedo hacerme el naturista. Hay límites para lo que uno puede lograr en un gimnasio, al igual que en una carrera de fondo. No me interesa empezar a probar fórmulas para ganar masa muscular, como vengo me alcanza. Pero ya reconozco que se trata de un capricho personal, y que si me permito ciertas cosas mientras corro, también se las puedo permitir a otros en la barra de pecho plano.

Semana 21: Día 140: Volver al pasado

Yo tenía unos 7 años. La mayor felicidad a la que podía acceder era enterarnos de que íbamos a la pileta. No recuerdo si llevábamos la malla, las ojotas y la toalla, para mí siempre era una sorpresa, el momento más emocionante del día (y quizá de la semana). Nada se le comparaba.

Nadar era algo tan liberador… unos años antes había aprendido a moverme en el agua sin hacer pie, estilo perrito, y estaba bastante orgulloso de eso. Uno veía a los grandes desenvolverse por la vida con facilidad, y era lo máximo a lo que podías aspirar: ser un adulto.

En una de esas tardes en que teníamos pileta, me fui hacia lo hondo. Traspasar los límites es una obsesión para cualquier niño. Yo ya sabía hasta dónde hacía pie, y eso delimitaba todos los juegos. Lo más profundo rara vez tenía chicos, así que era un territorio interesante para conquistar.

De a poquito fui avanzando, paso a paso, hasta quedar en puntitas de pie. No recuerdo cómo, pero me encontré que no alcanzaba más el piso, y me desesperé. Pánico. Pataleos y brazadas desesperados. Tomar bocanadas de aire antes de que el agua me tragara. Y en el borde, mirando la escena y matándose de risa, Sebastián Aldabe. Probablemente solo tenía que estirar su brazo y yo ya hubiese estado a salvo. Quería pedirle ayuda, pero nunca me había simpatizado. De hecho, solía cargarme, y yo era un niño bastante conflictuado en aquel entonces. Yo no podía entender cómo se reía y no me salvaba.

Un compañero, del cual solo recuerdo que su padre era el dueño del boliche Tívoli, se tiró, me agarró con mucha tranquilidad, y me ayudó a acercarme a la orilla. Recuerdo llegar a tierra firme, agitado, goteando esa agua que casi me mata, y con mucha, mucha vergüenza. Mi salvador, cuyo nombre hoy no recuerdo, me dijo “Decile a tu mamá que soy tu mejor amigo, que te salvé la vida”. Lamentablemente no cumplí ese pedido.

Es curioso que no me pueda acordar del nombre de este compañero, y sí de Sebastián Aldabe, a quien veía como un superior en todo. Era más popular (yo ni siquiera lo era), era deportista, y sabía nadar. Hace unos días improvisé un cuento, llamado “El gordo al arco”, en el que eché mano a mis recuerdos traumáticos de mi infancia, solo que contándolos desde afuera. Pero mucho de eso tenía tintes autobiográficos.

Claro, yo ahora rememoro situaciones que pasaron hace 27 años, casi más de lo que vivieron Jim Morrison y Amy Winehouse. O sea, toda una vida. Y aunque esos recuerdos se van haciendo borrosos, ciertas imágenes quedan impresas por siempre. Y yo tenía esa imagen de Sebastián Aldabe, y me pareció divertido mencionarlo en el blog, en chiste. Hace unos meses, escribí una entrada en la que fantaseaba tonterías que podrían pasar si no actualizaba el blog. Como el fin del mundo y cosas así. Una que puse, que me resultaba muy ingeniosa, era que si no escribía el post del día, Sebastián Aldabe, el chico que me molestaba en el primario, iba a terminar la Espartatlón. Nadie iba a entender la referencia, simplemente era un nombre más, como podría haber puesto Juan Carlos González. Al lector le iba a parecer lo mismo.

Excepto para Sebastián Aldabe.

Nunca supe qué fue de mis compañeros de la primaria. Les perdí el rastro cuando me cambié de colegio, en 5to grado. Con esta nueva camada de chicos sí retomé contacto, gracias a Facebook. Pero esta faceta primigenia de mi vida quedó en el recuerdo. Hasta que escribí ese post, y Sebastián Aldabe lo leyó (insisto, casi treinta años sin cruzarnos). Desde su Twitter, se defendió que nunca me había molestado, que quería una rectificación.

Me sorprendió mucho la situación (además de que respondía meses después de haberlo mencionado). Me di cuenta de que él no recordaba algunas cosas que yo no podía olvidar. Intercambiamos mensajes, en los que le agradecí que se tomara mi referencia con humor y no me mandara a sus abogados. Sebastián remarcó que, además, no puede correr ni al colectivo. Y en mi imaginario él era un super deportista. A pesar de todo, y de reconocer que no recordaba haberse reído de mí o haberme molestado, me pidió disculpas. Sí, por algo que ya no tenía presente.

Sinceramente no tenía ningún tipo de rencor, pero el gesto de disculparse me pareció muy noble. Y me recordó la cantidad de veces que yo, de chico, cargué a algún nene o alguna nena, quizá para desquitarme inconscientemente de las cosas que yo padecía. Lo que más me angustia es que exista gente que tenga recuerdos míos en ese calibre, y que yo no lo sepa.

Los niños son inimputables. No tiene sentido achacarle broncas a alguien por lo que hizo en su infancia. Hoy somos esos adultos inalcanzables a quienes admirábamos de chicos. Descubrimos, con pavor, que ser grande no significa nada. Pero intentamos ocultárselo a los más pequeños. Yo sé que hice travesuras, y quizá traumé a muchos compañeritos. Hace unos años me reencontré con mi primera novia, a quien terminé haciéndole la vida imposible, cargándola porque era gorda, y terminé en la situación inversa: yo pidiéndole disculpas por todas las cosas que le dije. “Eran cosas de chicos”, me excusé. Pero reconozco que a veces volver al pasado es doloroso, porque ser grandes no nos garantiza que entendamos todas las cosas que nos pasaron.

Hoy ya no podría hacer la misma referencia de Sebastián Aldabe. Me demostró que no quiso hacer ningún mal, y que en aquel entonces él era un niño y hoy ya no. A mí me sirvió mucho ese breve reencuentro cibernético. En perspectiva, el pasado no parece tan terrible como yo lo recordaba…

Semana 20: Día 139: ¿1000 maratones en 1000 días?

Hace poco, compartía la historia de Ricardo Abad, un corredorque se había propuesto correr 500 maratones en 500 días, atravesando las 50 provincias españolas. Y, por supuesto, lo cumplió. Pero, como no podía ser de otra manera, eso no le alcanzó, y quiere duplicar su hazaña, la cual ya es bastante inalcanzable para cualquiera.

El día que completó sus 21.100 kilómetros, Abad no pudo evitar soltar unas cuantas lágrimas: “Al cruzar la línea de meta no podía aguantar más y he roto a llorar, tenia tantos sentimientos y tanta felicidad en mi cuerpo que estaba totalmente aturdido”. Pero además de contener sus emociones, estaba reservándose cómo iba a seguir su proyecto. Lo mencionó durante el día después:  “Llegó la hora de desvelarlo. Esta mañana hemos dado una concurrida rueda de prensa en la sede de ANFAS de Burlada. Allí he realizado la donación de los 13.000 euros recaudados y hemos realizado un balance de estos 500 días. Lo que no se esperaba nadie es que pretendería doblar la apuesta, vamos había que ver la cara de los periodistas cuando lo he soltado”.

Confiesa que lo tiene planeado desde el principio, pero que quería madurarlo y por eso solo se lo contó a su mujer, Ivana. Él explica en sus propias palabras qué es esto de las mil maratones: “Pienso que es el momento de elevar si es posible más el record, físicamente me encuentro muy bien y mentalmente estoy en uno de los mejores momentos de mi vida. Me he quedado con pena de no correr maratones internacionales y de sacar el reto a otros países que seguramente valoren más que España un reto de tal dimensión. Quiero hacer los cinco continentes y que el reto y su buena causa sean conocidos en todo el mundo. No será tarea fácil, serán otros largos y difíciles 500 días que si todo macha bien completaré el próximo 26 de junio de 2013”.

El tema es que la gracia de su gesta era que seguía trabajando en sus tres turnos rotativos en la fábrica. Ahora, la cosa se complica, pero más el tema de conseguir apoyo económico para la Asociación navarra en favor de las personas con discapacidad intelectual (ANFAS), principal beneficiado de sus recaudaciones. Abad se ha dado un plazo de 100 días para conseguir un sponsor. Si el 22 de mayo no consigue el financiamiento para el resto de su desafío, se baja. “Estos próximos meses van a ser duros, es difícil buscar motivación si no sale un patrocinador, se hace duro vivir con la incertidumbre de no saber hasta donde podré llegar. Yo me considero una persona de ideas claras, pero es difícil vivir con la incertidumbre”.

Dan ganas de depositar unos pesos en una cuenta internacional para que Abad cumpla este inmenso récord, el desafío deportivo más largo de la historia. Intentar hacer mil días sin descansar es un inmenso reto, tanto físico como logístico. “No me arrepiento de la decisión tomada y sueño con que salga esa oportunidad que me permita seguir creciendo y soñar con romper todas las barreras”.

Semana 20: Día 138: Soñar no cuesta nada

Soñar es lo más fácil del mundo, basta con acostarse, cerrar los ojos, y esperar… a todos nos llega, aunque no podamos recordarlo. Hay ciertas reglas que parecen comunes: no podés morir en un sueño, tampoco se puede leer, y cosas que tienen todo el sentido, lo pierden cuando despertás y lo recordás.

Tengo un sueño que está empezando a hacerse recurrente, en el que estoy corriendo la Espartatlón, y pienso “Bueno, no es tan difícil como yo pensaba”. Obviamente hay mucha expectativa de mi parte, y algo de ansiedad. Pero veo un atisbo de confianza, de que todo va a salir bien aunque tenga un poco de julepe.

Mis sueños recurrentes generalmente tienen que ver con traumas, como soñar que estaba encerrado en un auto, en el asiento trasero, y que el vehículo andaba solo, a toda velocidad, mientras la palanca de cambios y el volante se movían de acá para allá. También solía soñar que me quedaba encerrado en una grieta, y que en lugar de intentar volver sobre mis pasos, avanzaba mientras todo se estrechaba más y más, hasta asfixiarme. Uno suele repetir esas cosas espantosas mientras duerme, para que esos sueños donde uno vuela o camina a través de las paredes pasan una vez por año (con suerte).

Soñar con algo lindo y esperanzador no es tan habitual, al menos en mi caso. Es raro el sueño de correr, de avanzar. Se siente falso en el fondo, porque no hay cansancio, ni corazón agitado, ni transpiración o respiración entrecortada. Pero que el inconsciente se manifieste como que es algo fácil… es tranquilizador.

Me quedan 7 meses. Allan Lawrence decía que uno es el resultado de los últimos 6 meses de entrenamiento, así que confío en que voy a llegar bien a la Espartatlón. Sueño con alcanzar la meta y estar entero, feliz. Quizá debería corregirme por lo que dije al principio. También se puede soñar despierto, y ahí ni siqueira hace falta acostarse ni cerrar los ojos. Ahora mismo me veo llegando a la meta, bebiendo de un cuenco. No parece algo tan imposible…

Semana 20: Día 137: Segundo contacto en Grecia

Envié mi carta suplicando una plaza en la Espartatlón, pero la barrera idiomática hizo que en Grecia entendiesen cualquier cosa. Así que le pedí a Hernán, mi profesor de griego, que me la tradujese. Como la terminología era un poco técnica, fue pidiendo consejo, hasta que llegó a la embajada griega en Buenos Aires.

Sabbas, quien ahora es mi mejor amigo helénico, tradujo mi carta y me la mandó, para después decir “Pagame lo que puedas”. Mandé el texto, ya en griego, y me fui a dormir, ilusionado. Cuando me levanté, revisé mails y me encontré con uno de un tal “P. Tsiakiris”. Se trataba de mi segundo mejor amigo helénico, Panagiotis, presidente de la Espartatlón (o así se presentaba), que me respondió:

Αγαπητέ Μάρτιν,
Ήδη σου στείλαμε την έγκριση της αιτήσεώς σου για συμμετοχή στον αγώνα και έχεις τον αριθμό 130.
Αργότερα θα επικοινωνήσουμε μαζί σου για τα υπόλοιπα. (Πρόγραμμα, κανονισμοί, σταθμοί ελέγχου, συνοδοί)

Με εκτίμηση,
Παναγιώτης Τσιακίρης
Πρόεδρος

Desde ya que no entendí nada, y se la reenvié a Hernán, para tener una idea de qué me decía. ¿Reconocía el esfuerzo que le puse a mi prosa? ¿Le parecía aceptable mi currículum? ¿Decía que lo sentía, pero que nada podía hacer por mí?

No me aguanté, y me mandé con el Google Translate. Y me dijo esto:

Querido Martín,
Ya te he enviado la aprobación de su solicitud de participación en la carrera y consiguió el número 130.
Más tarde nos pondremos en contacto contigo para el resto. (Programas, reglamentos, puestos de control, los asistentes)

Atentamente,
Panagiotis Tsiakiris
Presidente

Después de tanta ilusión… ya está. No me puse a saltar en una pata ni descorché Gatorade. En el instante en que leí esa respuesta, mi corazón se detuvo y pensé “Cagué. Ahora la tengo que correr”.

De a poco fui cayendo en que me consideran apto para correr la Espartatlón, y que la voy a hacer. Nada de correrla colado, ni hacerlo por mi cuenta en otra fecha. La que, para mí, es la carrera más importante del mundo, me asignó el número 130 y me espera, el 28 de septiembre, en la Acrópolis para largar.

226 días. Solo me resta fortalecerme, entrenar, y aguantar la ansiedad.

En qué me metí…

Semana 20: Día 136: Contacto en Grecia

Grecia es el destino final de este blog. Llegar ahí no es imposible, basta con ahorrarse unos pesos y tener el pasaporte al día. El tema es la Espartatlón. Poder anotarse, cumpliendo sus requisitos.

Como creo que no voy a llegar, decidí escribir una carta a la organización, que publiqué en su momento. Ya vi en algún foro de internet que alguna persona hizo el mismo camino y le permitieron inscribirse. Me confié, me relajé, y esperé. Una semana después, la barrera idiomática hizo de las suyas, y me respondieron en un inglés muy correcto, pero que me dejó en claro que no habían entendido lo que les quería decir.

Así que mientras entrenaba arduamente, aumentando el kilometraje semanal y sufriendo los típicos dolores de los nuevos esfuerzos, intentaba no pensar en la posibilidad (real) de que no me permitan inscribirme. Tenía recursos por agotar, así que hablé con mi amigo Hernán, quien además de licenciado en Letras con especialización en Latin y Griego, fue mi compañero de banco en la secundaria. Él ya me había dado unas clases de la lengua griega, como para desenvolverme mejor cuando fui, el año pasado, a Atenas. La falta de tiempo y de concentración me obligaron a bajarme de esa clase, pero sabía que podía recurrir a él si lo necesitaba.

Y ahora era el momento. Le envié mi carta, confiado en que la pudiese traducir al griego. Pero tenía muchos términos un poco técnicos, así que se la pasó a su profesor. No tuvo tiempo y lo derivó a la embajada de Grecia. Hernán hacía toda esta gestión, y yo ni enterado, pensando que podía traducirla con el Google y después pulirla un poco. Se comunicó por teléfono con un tal Sabbas (los nombres masculinos griegos siempre terminan con “s”).

“Mandame la carta en formato electrónico” le dijo el muchacho, en un correcto español. Hernán envió la misiva a su mail, intentando que con eso le hiciese un presupuesto.

Horas después, llega la traducción a su mail, con todas esas divertidas letritas griegas que solo usamos, unas 100 veces en toda nuestra vida, para matemática y geometría. Lo que más me llamó la atención es que hizo todo el trabajo, y ahí pasó su presupuesto. “Es XXX. Pero bueno, si no lo que pueda”.

Me sorprendió cómo mi problema de traducción se solucionó de un día para el otro. Según Hernán está perfecta, obviamente escrita por un nativo. Pero más me sorprende que haya traducido el texto y lo haya enviado sin saber si alguien va a pagarle por eso. Por supuesto que le voy a pagar, de hecho le escribí para agradecerle. Necesito karma positivo, y no da pasar por encima de un laburante.

Avísenme si esto se ve en griego:

Χαίρετε!

Ονομάζομαι Martin Casanova, και είμαι ένας αργεντινός αθλητής. Έχω τρέξει αρκετούς  μαραθώνιους (πέρυσι στο Μπουένος Άιρες, έκανα το καλύτερο ρεκόρ μου στα 42,195 χιλιόμετρα: 3 ώρες, 23 λεπτά και 15 δευτερόλεπτα) και γράφω σ’ ένα blog τις εμπειρίες μου στην προπόνηση στο https://semanacincuentaydos.wordpress.com/

Semana 20: Día 135: El filósofo y el atleta

No voy a negarlo, a veces me gusta volcar en el blog cosas que leo y me gustan. Además disfruto de entrar en esas grandes librerías y revisar las estanterías buscando libros sobre running. Pero solo encuentro consejos para correr la primera maratón, o para debutar en el Ironman, y sus precios son absolutamente desorbitantes.

En realidad no estoy buscando textos técnicos, porque creo que tengo una base y porque me alcanza con todo lo que aprendo corriendo y entrenando. Busco ficción, algo que me haga pensar y replantearme las cosas. Hoy me crucé con una fábula de Gayo Julio Fedro, un escritor de fábulas romanas que nació en el año 15 antes de Cristo (claro que en aquel entonces usaban otra clase de calendario).

Este escriba nació en Macedonia como esclavo, y recibió la libertad de manos del emperador César Augusto. Las fábulas, según decía Fedro, eran la forma en que tenían los pensadores esclavizados para decir lo que pensaban sin ser castigados. Pido disculpas si la introducción es más larga que el texto que voy a citar, pero creo que ese origen humilde revaloriza esto mismo que ha escrito, hace milenios: La fábula del filósofo y el atleta.

Tras vencer en un campeonato, un atleta no hacía más que pregonar a los cuatro vientos su triunfo. Un filósofo se acercó al grupo de gente que le rodeaba y, al oír al vencedor, le preguntó:
¿Tu adversario era más fuerte que tú?
¡Vaya tontería!– exclamó el atleta- ¡Yo soy el hombre más fuerte del mundo!
Entonces -prosiguió el pensador-, ¿qué honor mereces si solo has vencido a otro más débil?
Ojalá este texto los deje reflexionando sobre la humildad y los motivos por los cuales competimos.

Semana 20: Día 134: Conviviendo con el dolor

Hay algo que eventualmente le pasa a todo corredor, y es tener que seguir avanzando a pesar del dolor. Esto es bastante genérico, porque existen montones de dolencias, y diferentes formas de lidiar con ellas. Pero no hablo de una lesión o de una situación que ponga en riesgo nuestra salud. Una luxación, una fractura… son situaciones límite. Hay que saber cuándo detenerse.

Pero a medida que el entrenamiento se vuelve cada vez más importante en nuestra vida, empiezan a aparecer ampollas, irritación o simplemente fatiga muscular. Y ahí comienza a desarrollarse nuestro umbral de tolerancia. Tengo la teoría (que no inventé yo) de que las mujeres son más tolerantes al dolor. Convivir con molestias relacionadas con la menstruación en una frecuencia mensual sin lugar a dudas que les fortalece el carácter. Además suelen privilegiar la elegancia en pos de la comodidad, acostumbrando los pies ante zapatos que las torturan.

A mí si una zapatilla me aprieta o me lastima a la altura del tendón de Aquiles, no la uso nunca más. Eso no cambió ahora que corro y me enfrento a dolores frecuentes, pero quería decir que respeto mucho a las mujeres y me burlo en forma poco disimulada de los hombres que mariconean.

Supongo que un dolor enciende una señal de alarma y enseguida tenemos el instinto de alejarnos de aquello que duele. Es normal empezar a correr y que duelan los tibiales, o que se formen ampollas si alcanzamos una distancia muy grande. Hasta que descubrí que existía la vaselina sólida, si transpiraba mucho haciendo alguna actividad física (aunque fuese solo caminar), terminaba paspado en la entrepierna, al punto de sangrar. Uno toma recaudos, pero eventualmente algo falla y el dolor aparece, por ejemplo en medio de una carrera.

Me pasó en la última maratón, cuando sentí una molestia terrible en el dedo chiquito del pie, que resultó ser una ampolla estallando. Estaba en el kilómetro 30, y decidí seguir a pesar de todo. Con la determinación puesta en la meta, el dolor pasó a segundo plano.

En esto pensaba cuando hoy arranqué un fondo de casi 30 km ya ampollado. Sí, dolía (todavía lo hace) pero me di cuenta que no era algo tan significativo como para verme obligado a parar. Y eventualmente los dolores desaparecen. Como esa molestia que sentía en mis rodillas, ahora que estoy aumentando bastante mis kilómetros semanales. Suele ser igual: empiezo con un dolor punzante, y a medida que avanzo se va desvaneciendo. El Voltaren y los antiinflamatorios ayudan, desde ya.

Supuestamente estoy en una etapa donde van a aparecer nuevos dolores. En todos los casos, de momento, se resolvieron solos, no rindiéndome. Cualquier dolencia que desaparezca corriendo, no es tan grave. Ese entumecimiento en los cuádriceps o cuando los gemelos tiran después de un fondo largo, más que señales de alarma son indicaciones de que estamos esforzándonos. Por eso hay que convivir con el dolor, aprender a no sobreestimarlo y, por qué no, sentirnos un poco orgullosos de él. Después de todo, para mí tiene más mérito un gemelo agarrotado que unas rodillas doloridas de estar todo el día sentado…

Semana 20: Día 133: Cita con la nutricionista

Hay algo que me gusta de mi nutricionista, y es que siempre se preocupa de que incorpores en tu dieta las cosas que te gustan. ¿Odiás el brócoli? Afuera, te recomienda otra cosa. ¿No tolerás los lácteos? No hay problema, existen otras fuentes de proteínas.

Mientras yo me volvía un talibán alimenticio, ella me recomendaba no exiliarme, ya que las comidas son también eventos sociales. Aunque me queda bastante lejos y es difícil conseguir turno, me gusta atenderme con ella.

Ayer tocó nueva cita con la nutricionista. Desde hace dos semanas, cuando empecé con el nuevo (y exigente) entrenamiento aeróbico, dejé el gimnasio en segundo plano. Venía levantando pesas 5 días a la semana, y con la barra de dominadas empezaba a notar cambios en mi físico, pero temía que de tanto correr y con poco tiempo para el gym, todo se hubiese ido al tacho.

Pero… la balanza dio que aumenté 1,4 kg, de los cuales 1,2 son de músculo. Desde que empecé Semana 52 vi cómo mi masa muscular iba en decadencia. Algunos meses subía un poquito, en otros bajaba. Ahora estoy en mi pico histórico, y eso me tranquiliza mucho. Siempre dudé de los ejercicios con pesas. Bah, en realidad nunca pude visualizar cómo uno aumentaba sus perímetros, todo parecía un esfuerzo descomunal por tan poco. Y bueno, hay que tener paciencia. Todavía siento que me falta, pero con algo de tiempo y determinación, no hacen falta suplementos ni anabólicos para desarrollar el cuerpo que uno quiere.

Aumenté bastante de cintura y cadera, probablemente también sea músculo. Algo de glúteos. También creció bastante el tórax, y un poco el perímetro del brazo.

Ahora estoy haciendo un experimento interesante, que es anotar todo lo que voy comiendo y bebiendo. Como para ver, de cara a este entrenamiento más intensivo, si necesito aumentar o disminuir parte de mi ingesta. Ver si necesito más hidratos. Me gusta llevar un registro, pero temo condicionarme y alterar mi dieta, solo porque estoy siendo “evaluado”. Pero intentaré no hacerlo, porque esto realmente me puede servir para hilar bien fino.

Aproveché también que hace un mes empecé con el desafío de abdominales, aunque una semana tuve que dejarlo para priorizar los entrenamientos aeróbicos extra. Igual me acomodé, y en lugar de empezar de nuevo, seguí desde donde había dejado. No creo que afecte los resultados. El tema es que me saqué una nueva foto de mi físico, y la veo exactamente igual a la anterior, de hace cuatro semanas. No tiene sentido hacer fotos semanales o quincenales, es difícil ver más cambios de los que ya pude disfrutar… pero seguiremos intentando.

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