Semana 22: Día 147: Dormir o entrenar, he ahí el dilema

Todos reconocemos la importancia de dormir para reponer energías y regenerar los músculos. 10 horas de sueño es el ideal para un deportista de alto rendimiento, y una siesta de media hora es más que suficiente para despejar la cabeza y reponer el cuerpo.

El problema es, ¿de dónde saco todo ese tiempo para hacerlo?

Estoy en una etapa de trancisión, intentando acomodarme al entrenamiento extra. Cinco días a la semana de running, más musculación, más abdominales (lo cuento aparte por el tiempo que solía dedicarle), más comer, más trabajar, más tener una vida social. Queda poco para el sueño. ¿Qué sacrificar?

Hay una realidad, y es que podemos elegir cuántas horas le queremos dedicar a dormir, pero no podemos obligarnos a hacerlo. Siempre y cuando querramos hacerlo en forma natural, como es mi caso. Yo puedo irme a acostar temprano, pero mi promedio de sueño es de entre cinco y seis horas. Me despierto solo, como un reloj, a las 7 de la mañana. Y de ahí, ¡ping! Arriba. Como un resorte. No me siento cansado, de hecho estoy rindiendo mucho, alcanzando unos 80 km por semana. Pero es así, no puedo dormir más, por más que me esfuerce. De siesta ni hablar, ¡en algún momento tengo que trabajar!

A veces me pregunto si rendiría mucho más dedicándole horas extra al sueño. Pero para eso tendría que empastillarme, porque me voy a la cama y me levanto por la mañana solo, sin despertador ni nada. No me fuerzo a levantarme, simplemente… pasa. El tema es que a la noche me desmayo. Me desconecto. Es cuestión de cenar y, a la inversa del resorte que ¡ping!, se eleva temprano, me desarmo como una marioneta a la que le cortan los hilos. Primero me pongo bizco, e intento con todas mis fuerzas mantener los ojos abiertos y hacer de cuenta que estoy al tanto de todo lo que pasa a mi alrededor. Sea en una cena, reunión de amigos, o en el cine, lo más importante es disimular. Creo que engaño a todos, que nadie se da cuenta de mi batalla contra el cansancio. Pero seguramente pasé unos 15 minutos roncando, con la boca abierta y un hilito de baba cayéndome, y para mí solo estuve cabeceando discretamente.

Me tranquiliza ver que mi papá y alguno de mis hermanos son exactamente iguales. O sea, es genético. Es al ñudo luchar contra algo impreso en el ADN. Pero sigo queriendo llevar a mi cuerpo al límite, y no sé si estoy descansando lo que debo, porque aunque tengo ese mecanismo en el que mi cuerpo apaga todas sus funciones cognitivas, no logro aquellas ocho horas de sueño de mi infancia, cuando llegar a las 12 de la noche para ver “Noti-dormi” era, valga la redundancia, un sueño imposible de cumplir.

Ténganme paciencia, quienes crean que me duermo porque me aburro. No es así. Ténganme piedad, quienes aprovechan que me duermo para burlarse, sacarme fotos o tirarme con cosas cuando cierro los ojos. Ténganme miedo, quienes osen despertarme. Porque cuando me cortan el sueño, soy de los que se ponen de muy mal humor…

Publicado el 24 febrero, 2012 en Reflexiones y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. Carla Grisolia

    Qué bueno que te puedas levantar temprano sin problemas!!! A mí cada vez me cuesta más y eso me complica el entrenamiento los fines de semana 😦

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