Semana 21: Día 145: El cuerpo se adapta

El cuerpo humano nunca deja de sorprenderme. Cuando empecé a entrenar por mi cuenta, arranqué por hacer 3 kilómetros. Era un poco menos que lo que tenía que hacer para la carrera del colegio, que me abría las puertas a aprobar la materia de Educación Física. A fuerza de una constancia diaria, superé esa marca, y llegué a los 10 km. Pero el precio fue dolor en el tendón de Aquiles de ambos pies, en los tibiales, y ampollas.

Por supuesto que abandoné en ese momento. Me pareció que ese era el límite. Le pregunté a mi hermano Matías cómo hacer para superar semejante marca, y me dijo que él hacía 15 km en cada entrenamiento. “No, esto no es para mí. Jamás voy a hacer esa distancia”, pensé. Y varios años después, en el entrenamiento de esta noche, hice exactamente eso. Y estoy bien, sin ampollas, ni dolores, ni nada más que una incontenible sed (que tiene solución, bebiendo agua… si me esperan un momento, voy a tomarme un vaso en este instante).

Aaaah… sigo.

Intentaré unir ese bache entre mi autoentrenamiento y esta noche.

Empecé a correr asiduamente en un grupo, llamado LionX, hoy conocido como Puma Runners, y no sabía cuál iba a ser mi límite. Recordaba esa marca de un tiempo atrás que no había podido superar, pero con un entrenamiento adecuado (con pasadas, técnica, cambios de ritmo, etc), más el entusiasmo de una Merrell en Tandil, llegué a hacer 13 km. Y al año siguiente me animé a hacerla entera. Terminé dolorido, y me senté a tomar un Gatorade bajo la sombra de un árbol. Las piernas me dolían y sentía que eso era todo lo que podía dar.

A pesar de que me quedé conforme, seguí intentando. No con mucho ímpetu, porque solía colgar el entrenamiento durante meses. Pero eventualmente volvía, más allá de que mi regreso era un par de casilleros más atrás. En julio de 2010 se me ocurrió entrenar todos los días y volcarlo en un blog, y de ansioso empecé a escribir a mitad de ese mismo mes. En septiembre comencé a correr más veces por semana, y lo sentí. El agotamiento en las piernas, el dolor que no se iba en los tibiales. Pero perseveré. Y me animé a las carreras, descubrí que con alimentación y entreno podía hacer una maratón (algo lejísimo en mi mente). Y todos esos dolores se iban diluyendo.

Empecé un nuevo año de blog con el objetivo de correr los 246 km de la Espartatlón. De nuevo el entrenamiento pegó un salto cuantitativo, y pasé a correr 5 veces por semana, llegando a 80 km semanales. Descubrí que me dolían músculos que ni sabía que existían. Las rodillas se quejaban con mucha frecuencia, los cuádriceps quemaban, los gemelos estaban al rojo vivo. Y perseveré. Y hoy corrí esos 15 km que antes me parecían imposibles. Y ayer fueron 14 km. El lunes 16,67 km. Y me di cuenta que ya no me dolía nada. “El cuerpo se adapta”, me dijo Ricky, compañero de entrenamiento.

Y sí, es la recompensa de aguantar, de tener paciencia y hacer caso a lo que dice tu entrenador. Ahora lo que sigue es seguir esforzándome, porque ya me adelantaron que en los próximos meses la intensidad va a aumentar. Sin ir más lejos, el domingo tengo que hacer un fondo de 35 km. Probablemente lo haga rodeando la ciudad de La Plata. Se me ocurrió que podía salir un lindo post de toda esa experiencia.

Publicado el 22 febrero, 2012 en Entrenamiento, Reflexiones y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

  1. No hay nada que me guste más que los fondos “turisticos” asi los llamo yo cuando corro en un lugar diferente al habitual, lo bueno es que al cambiar de paisaje, se te pasa volando!!

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