Semana 21: Día 144: El corredor vs. los seres humanos

No hay feriados para el corredor. Toca entreno, así que llueva, truene, relampaguee o caigan meteoritos al atardecer, y por más que sea el día de la bandera, del trabajador, carnaval o la final de Soñando por Bailar, o Bailando por un Sueño, o Bailendo por un Soñar, se corre. Pero no porque sea una obligación, es más parecido a una necesidad.

Y ahí estábamos con mi media naranja en la zona de los lagos de Palermo, ella en rollers, yo con mis zapas Faas ya gastadas, intentando hacer 5 progresiones de 2000 metros más 2 km de entrada en calor y 2 de regenerativo. Elegimos esa pista porque es lisa, y tiene justo la distancia de cada progresión. Siendo feriado, el tráfico iba a estar cortado, pero no tuvimos en cuenta una cosa: que iba a haber personas ahí.

Mientras esquivábamos a señoras con carritos, niños en rollers/bicis/monopatines, señores caminando de lado a lado sin camiseta, vendedores de helados, automóviles que doblaban en U porque buscaban un buen lugar para estacionar y salir corriendo a ver el ATP, y un sinfin de personas despreocupadas y ajenas a lo que sucedía a su alrededor, imaginábamos otra realidad. Una donde se pudiese correr sin tropezarse con nadie, donde un conductor no te ignorase como si fueses intangible (la materia es impenetrable e indivisible, o sea que si me tira el auto encima, me hace pomada), donde las personas eligiesen caminar por la derecha para dejar que los rebasen por la izquierda.

Íbamos bromeando con Vicky, utilizando lenguaje más propio de un camionero, pero ¿qué se puede hacer? No podemos prohibirle a nadie disfrutar de un circuito público, máxime siendo que no abundan en la ciudad. Casi llovió hoy, y hubiese sido perfecto para bajar la concurrencia y acaparar todo el parque para uno. Correr libremente, sin sentir la tensión sobre los tobillos cada vez que uno esquiva a otra persona.

Decidimos que podríamos ponernos en contra de los seres humanos. Hacer campañas en la vía pública para delimitarles el acceso a los espacios públicos, o hacerles creer que la “onda” (la “pomada”) está en otro sitio. Podríamos proponer que cortarle el paso a un atleta entrenando sea una contravención, igual que los trapitos o fumar en espacios cerrados. Podríamos escribir una crónica mitad en serio, mitad en joda, en algún blog, solo para descargar la frustración. Pero no haríamos nada de eso. No por la ironía de que también somos seres humanos y no podemos ponernos en contra nuestra, sino porque aunque nos pese, en una carrera también andamos esquivando a otros corredores, a desprevenidos, a los más lentos. Y porque organizar semejante campaña, además, requeriría mucho esfuerzo, y eso sí que nos da mucha fiaca.

Publicado el 21 febrero, 2012 en Reflexiones y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. 5 comentarios.

  1. Es menos riesgoso que un niño se tope con vos que vas corriendo que conmigo en rollers!!! Esa gente que se atraviesa delante mío cree que tengo la agilidad suficiente como para que los esquive?? NO señor!! parece… pero no la tengo!!!

  2. Me pasó este finde largo en Mar del Plata, imaginate lo que era, después decidí salir a las 8am para evitar esos problemas

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