Semana 19: Día 130: Un transplantado que hizo cumbre

Si algo me conmueve son las historias del hombre contra la adversidad. Tenemos la típica historia del escalador amateur enfrentándose a una montaña. No está físicamente preparado, su lugar en la escala evolutiva lo pone en otros escenarios. Se enfrenta al frío, a la falta de oxígeno, al agotamiento. Y su determinación le permite seguir y vencer miedos y peligros.

Pero también tenemos la historia del hombre que no se detiene ante un problema de salud. El que sale adelante, a pesar de todo, que se promete dar batalla y cumplir sus sueños. Son esos que salen fortalecidos los que nos terminan dando lecciones de humildad. El mensaje que siempre queda rebotando en el fondo del cerebro es “tengo mi salud, ¿de qué me quejo? Es más, ¿qué espero para salir a cumplir mis metas?”.

Roberto Onreita es una persona que representa ambos casos. Oriundo de Rauch, trabaja en una veterinaria de grandes animales. Hace 6 años se realizó su primer transplante de hígado. Cuatro meses después de la operación, le detectaron un cáncer linfático. Perdió entonces 20 kilos, estaba completamente amarillo, sin pelo y la quimioterapia hizo que su cuerpo rechazace el primer órgano.

Él reconoce el mérito del CUCAIBA, el organismo del Ministerio de Salud provincial que se ocupa de la procuración y el trasplante de órganos. Ellos le permitieron acceder a un segundo hígado que le salvó la vida. Fue entonces que se enteró de la existencia de competencias mundiales de pacientes trasplantados. Su determinación le valió 4 medallas de oro en los torneos argentinos y latinoamericanos de 2008 en Buenos Aires, en la categoría de natación. En el mundial de 2009 ganó otros dos primeros puestos.

Participando de unos torneos en Suecia, se le ocurrió la aventura de escalar los 3.776 metros del volcán Lanín, en Neuquén. De esta forma iba a ganar un nuevo desafío, y con esa aventura concluída iba a poder generar más conciencia sobre la donación de órganos. Junto a otros tres transplantados, las rionegrinas Rosaura Escudero y Teresa Paniceres y el bonaerense Mariano Spinelli, se fueron hacia la aventura.

El entrenamiento no fue fácil: comenzaba a las ocho de la noche, después de salir de la veterinaria, y hacía natación, caminatas con un peso de 15 kilos dentro de una mochila, trote y bicicleta. Esta era su rutina de 6 días a la semana durante 6 meses, dividiendo  en tres días para nadar y otros tres para el resto de los ejercicios a los que  no estaba acostumbrado.

El ascenso al Lanín tampoco fue fácil. “El primer día caminamos cinco horas y media hasta un refugio, descansamos un rato y, a las 3 de la mañana, hicimos el trecho más largo: ocho horas y media de escalamiento sin parar hasta la cumbre”, recordó. En la cima, desplegaron las banderas con sus mensajes concientizadores. “De repente se me vino a la mente toda la historia, la mía y la que compartí con los demás, entonces empezamos a llorar y a abrazarnos, y fue tan fuerte que hasta nuestros guías lloraban y nos abrazaban”.

Luego hacer cumbre caminaron 6 horas hasta el refugio y otras 4 hasta la base. Lejos de quedarse conforme, Onreita sigue entrenando para los juegos para transplantados que se realizan en noviembre. “Con estos desafíos  queremos llamar la atención a todo el mundo para que ningún paciente muera por un órgano que nunca llega”.

Publicado el 7 febrero, 2012 en Reflexiones y etiquetado en , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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