Semana 18: Día 120: Dolor de rodilla

Hay pocas cosas que el quiten el sueño a un corredor, como lesionarse. Y en el rubro lesiones, casi siempre lo que más se impone es el dolor de rodilla. Una señal de alarma que nadie quiere escuchar (pero que es imposible ignorar).

Hace mucho tiempo que no sentía molestias. Atrás quedó mi maldita costilla (en realidad fueron dos) y todo parecía estar en orden. Quizá lo esté, y mi caso sea solo dramatización. Pero ahí estaba yo, después de haber hecho 72 km en una semana, con un pinchazito en la rodilla. Así empieza. Un mal movimiento, o recargar el peso de la pierna en algún ángulo raro, o al girar para volver a hacer una cuesta. Se siente como un pellizco interno. Y uno reza, ruega, implora que no pase de ahí. Que sea un hecho aislado, que no pase a mayores, que la cabeza esté sobredimensionando todo.

Y después, subiendo el cordón de la vereda, aparece de nuevo. Y a las dos horas, al subir al colectivo. Y a la noche, al levantarse de la silla. Un sudor frío baja por mi espalda mientras pienso en que el pinchazo se convierta en dolor de verdad.

“Ahora va a saltar todo lo que haya que ajustar”, me dijo mi entrenador. Por poco no duplicamos la cuota semanal de entrenamiento. Si todas las semanas son iguales a esta, voy a llegar a 300 km en un mes. Es un salto grande, pero no tanto como la Espartatlón (carrera que, al parecer, voy a tener que correr de colado).

Hielo, entrenamiento y paciencia. Quizá algo de Voltarem en crema. De momento, es todo lo que puedo hacer. Eso y tratar de pensar en otra cosa. Una de las fantasías que me agarra es la de intentar no recargar tanto sobre la rodilla izquierda y terminar lesionándome la derecha. Quizá sea fatiga, falta de descanso. O el volumen extra saca a relucir un cartílago que pide cambio, señor juez. Veremos en qué deriva.

Por ahora solo me resta enfrentar el domingo, que es de descanso absoluto. Probablemente me lo pase en el Tigre, nadando en el río. Ahí hay una actividad que puede sacar de mi cabeza, por unas horas, este temor causado por un pellizco en la rodilla.

Publicado el 28 enero, 2012 en Reflexiones y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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