Semana 17: Día 114: Mini-metas

El running tiene algo que ver con progresar, si no tiene TODO que ver. Podemos hacer actividad física por muchísimos motivos, pero casi la totalidad de los atletas va a coincidir en que les gustaría mejorar.

Hace un tiempo hice una encuesta, preguntándole a los lectores del blog los motivos para correr. No son representativas de toda la gente que corre, pero sirven para dar una idea. Estas son las opciones que eligieron, por orden descendente:

Para mejorar mi salud (cardiovascular y/o pulmonar).
Para progresar atléticamente.
Para adelgazar.
Para mejorar mi físico.
Para des-estresarme.
Para fortalecerme.
Para tener más autoconfianza.
Para desconectarme de la rutina.
Para poder comer como un animal.

Y algunos lectores sugirieron estas opciones:
Disfruto corriendo contra el tiempo.
Para fortalecerme tanto a nivel físico como espiritual.
Deje el pucho y arranque a correr, ese fue el principio.
Me gusta.
Por voluntad. Te puedes sentir libre al correr.
Para sentir más seguido la alegría indescriptible de cruzar la linea de llagada.
Es mi vicio. Me hace sentir feliz y amar la vida.

Yo veo una tendencia a mejorar, a un nivel físico y a otro intangible. Esto confirma un poco mi convicción de que un corredor se pone metas constantemente.

A veces los objetivos son un poco lejos en el tiempo. Participar de tal o cual carrera, mejorar nuestros tiempos la próxima vez, alcanzar una determinada distancia en un fondo, mejorar el físico o su capacidad, etc. Es un esfuerzo que hay que sostener en el tiempo, y que le da un poco de sentido a entrenar. Sin un desafío en vista perdemos el rumbo, y sin ese norte, correr empieza a carecer de sentido.

Y en otras oportunidades tenemos mini-metas, que serían objetivos mientras estamos corriendo. Llegar a la esquina antes de que cambie el semáforo, pasar al tipo de la bicicleta, aguantar hasta llegar al siguiente puesto de control, tirar sin parar hasta un tercio/un cuarto/media carrera. Generalmente estas mini-metas no las planeamos de antemano, sino que surgen en ese mismo instante.

Correr es una actividad cansadora, es obvio. Y el estrés que le producimos al organismo cuando nos esforzamos se logra gracias a que nos mentalizamos para ello. Mente domina al cuerpo, fue y seguirá siendo así por siempre. Si creemos que no vamos a lograr algo, estamos fritos. Pero si queremos llegar a la meta (la que sea), una buena alternativa son estas pequeñas metas, que nos permiten no pensar en lo que falta realmente. A mí me ha servido mucho dividir las carreras en cuartos, y concentrarme en completar cada tramo. Además, me digo “Ok, todo este esfuerzo lo tengo que hacer otras tres veces, y ya llego”. Son escalones hasta la cima, y ayudan a que nuestra cabeza se concentre en seguir avanzando, en lugar de preocuparse por todo lo que falta.

Publicado el 22 enero, 2012 en Reflexiones y etiquetado en , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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