Semana 15: Día 100: Una historia inspiradora

Hoy hago un solemne festejo de mis cien primeros días en mi camino hacia la Espartatlón. Es un desafío que aún me resulta muy lejano, pero lo hago porque confío en mí y porque quiero demostrarme a mí y a quien quiera leerme, que nuestros sueños no son tan inalcanzables como los pensamos.

Lo mismo le pasó un día a Roger Wright, un banquero hipotecario de 47 años. A pesar de que pesaba 125 kg y su único ejercicio era cortar el pasto una vez cada 15 días, soñaba con correr la Maratón de Boston. Su padre la había corrido en 1968, cuando Roger tenía 7 años, y era algo que lo apasionaba. Además, su sobrina Julia sufría de Fibrosis Cística, y quería hacer algo para juntar fondos y ayudar en la investigación de esta enfermedad.

El 7 de junio de 2008 comenzó a entrenar, y solo pudo correr 9 metros, hasta que se quedó sin aire. Ese día, Julia pesaba 30 kg y también tenía problemas para respirar. Este es el emotivo video de Roger, donde cuenta cómo pasó desde el sedentarismo y la obesidad a ser un maratonista de 74 kg (¡en solo 10 meses!). Es una historia mucho más impactante que la de Semana 52, con un cambio más brusco, que no solo le salvó la vida a este banquero, sino que logró ayudar a Julia. Tan profunda es su historia, que la cuenta en su sitio www.runningformyexistence.com (“Corriendo por mi existencia”).

Navegando en su sitio me encontré con una entrada que escribió el 2 de junio, apenas 5 días antes de empezar su entrenamiento. Me pareció interesante traducirla y compartirla. No hay nada “mágico” en Roger. No se sometió a una costosa cirugía, ni contaba con una genética privilegiada. Estaba desperdiciando su vida, y un día tomó la decisión de tomar el control y perseguir su sueño. Y como podemos leer a continuación, lo hizo teniendo confianza en sí mismo:

“Hoy, lunes 2 de junio a las 7:30 AM, abrí la puerta de mi casa y miré hacia abajo, a lo que siempre consideré un paso normal que tomo “cada día”. Pero hoy no. Hoy el escalón parecía devolverme la mirada, casi desafiándome, y supe que una vez que bajara, a la entrada y a la calle, mi vida iba a cambiar para siempre.

Como mucha gente, no recuerdo dar mi primer paso siendo un bebé. Siendo el más joven de seis hermanos, dudo que haya sido la gran cosa en ese tiempo (¿Alguno ha visto a Roger? Oh, ahí está, parado en la calle. Supongo que está caminando ahora. Pásame el choclo). Y mientras me gustaría creer que mi mamá (Hope) estaba junto a mí para el gran evento, es probable que lo haya visto desde el cielo. Como sea, estoy seguro que me estaba cuidando, asegurándose de que estuviese bien…

El viernes me encontré con mi amigo/entrenador (Rick) y discutimos el itinerario de mi entrenamiento para la Maratón de Boston. Como no soy un gran fan de caminar/correr, lo puse en el tope de las necesidades de la vida. De algún modo Rick, en su infinita sabiduría, ya me había sacado la ficha y sabía que tenía que empezar de a poco. Muy de a poco. Así que mi primera tarea fue completar una ruta de 5 km, asegurándose de que el punto de llegada fuese el mismo que de partida. Decidí llamar a este punto “Hogar”. Utilizando habilidades que obtuve de muchos años de estudios y aplicando estas habilidades en una serie de complicados cálculos, fui capaz de determinar que mi “punto de retorno” serían 2,5 km.

Ya que “Hogar” se encuentra en una calle relativamente transitada, se estableció una ancha vereda que se convirtió en una ruta para atletas por muchos, muchos años. De hecho, si fuese más aplicado, debería considerar instalar un stand de limonada o quizá una cabina de peaje en la vereda, ya que el tráfico peatonal es bastante intenso a veces. Pero estoy divagando.

Subí a mi auto y reinicié el cuentakilómetros. Cero punto cero. Mientras iba por la calle alejándome del sol, me sorprendí qué tan lejos era una milla. Uno punto seis. Para mi sorpresa, ya estaba en la próxima ciudad cuando el cuentakilómetros pasó a uno punto ocho, y me di cuenta que la vereda había desaparecido, y estuve forzado a continuar mi camino por la calle principal y hacia una pequeña calle lateral. Dos punto uno.

A esta altura sentí que algo estaba pasando y que era más grande que yo. Verás, aunque no crecí cerca de donde vivo ahora, ni siquiera en el mismo estado, ya había estado en esta misma calle muchas veces. Mientras avanzaba por esta calle, el cuentakilómetros se actualizaba. Dos punto veinticinco.

Mientras notaba que mi “punto de retorno” se acercaba, decidí doblar en el cementerio y me encontré con una cuesta muy empinada. Rick había mencionado que tendría que incorporar algunas cuestas en mi ruta si me era posible, porque a menos que estés corriendo una maratón en Arizona, las lomas van a aparecerse para intentar arruinarte el día. Manejé hasta la cima de esa cuesta y mi auto hizo un giro casi por costumbre y después de 9 metros vi al cuentakilómetros cambiar. Dos punto cinco.

Detuve al auto y me di cuenta que algo cercano a un milagro acababa de pasar. Mirando fuera de mi ventana, había una tumba con la sencilla palabra HOPE (“esperanza” en inglés). Una palabra simple para una persona que nunca conocí, pero una persona conocida con un nombre diferente. Mamá.

Hoy tomé el primer paso en un camino que va a cambiar mi vida para siempre, y mi mamá estaba ahí para verme tomarlo, asegurándose de que estaba bien”.

Roger con su sobrina Julia, después de terminar la Maratón de Boston

 

Publicado el 8 enero, 2012 en Reflexiones y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 4 comentarios.

  1. Vi el video, realmente es conmovedor!
    Felices 100 días!
    Aunque a esta altura son los primeros 465 días del resto de tu vida… 🙂
    Aguante, Casanova!!!

  2. Gracias por compartirlo.

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