Archivos Mensuales: enero 2012

Semana 18: Día 123: 208,25 km en un mes

Este racconto de la distancia que corrí en el mes es algo muy aleatorio. Cuando empecé a implementarlo no tenía idea de con qué me iba a encontrar. En un principio, durante octubre del año pasado, hice 208,73 km en un mes. Me pareció una locura, pero en los meses siguientes quedé bastante lejos de esa marca. Por ahí la Maratón de la ciudad de Buenos Aires me había dado un empujón. Pero durante enero no hubo carreras, así que eso es indicio de algo.

Empezamos el entrenamiento fuerte para la Espartatlón. La semana pasada hice casi 72 km. Ayer entrené con los Puma Runners, y hoy de nuevo a correr solo, haciendo un fondo de 12 km. El entrenamiento regular más el extra me acercó, en 10 días, a aquella primera marca. Estimo, si todo sale bien, que en febrero voy a superar ampliamente esta distancia, aunque cuente con 28 días y no los 30, 31 normales.

Y remarco el “si todo sale bien” por la maldita rodilla, que empezó a molestar el lunes. Ayer la sentí, en dos oportunidades. Se queja cuando subo un cordón o una escalera. Me llevé Voltaren y una rodillera en la mochila. Pero no los usé. Hoy, que era tarde y estaba cansado, hice mi fondo en la cinta del gimnasio. Por la época del año y la naturaleza del ejercicio estático, transpiré como un marrano. Pero el tener todo controlado con esas pantallas de números digitales me permitió calcular la velocidad como para hacer todo en menos de una hora. Intenté escuchar la radio para no aburrirme, pero al transpirar tanto, los auriculares se me resbalaban de las orejas, así que no pude terminar de escuchar a Wainraich y Julieta Pink. Deberé comprar uno de esos cosos que se ajustan a las orejas y que los venden como “deportivos”.

Se vienen entrenamientos muy largos. Me animé a espiar lo que se avecina, y anticipé un fondo de 35 km. Ahí si no me llevo un gel e hidratador, estoy al horno con papas.

Mañana se viene un post muy especial. Lo iba a subir hoy, pero me acordé que los fines de mes hago el balance del cuentakilómetros. Si son de los que se saltean posts largos, resistan la tentación y lean el de mañana. Después no digan que no les avisé.

Semana 18: Día 122: La soledad del corredor de fondo

Sí, hay una película llamada “La soledad del corredor de fondo” (1962), basada en el libro “The Loneliness of the Long Distance Runner” (1958), de Allan Sillitoe. Ni vi el film ni leí la novela.

Pero ese título siempre resonó en mi cabeza desde que lo leí por primera vez. También estaba esa imagen sola del joven corriendo, completamente solo. Y es esa sensación de aislamiento la que nunca me gustó del todo en el atletismo. Es raro, porque aunque haya postas y equipos, correr es una actividad individual. Es uno contra sí mismo, en especial en las distancias largas. Y ese enfrentamiento nunca es físico, siempre es mental. Enfrentarse a esa soledad es algo que puede sonar abrumador. Para mí lo es.

Correr en compañía es una diferencia abismal a hacerlo en forma individual. Lo noté corriendo la maratón en Grecia, donde estaba más solo que el uno, y me sentí mucho mejor rodeado de gente en Buenos Aires, un mes después. Hasta mi rendimiento fue infinitamente mejor.

En la Nocturna de Salvaje, cuando corrí 30 km en Marcos Paz, también pude experimentar esa soledad. Por un lado, al ser relativamente pocos inscriptos, era fácil quedar solos y no ver ninguna luz por delante ni detrás de uno. La oscuridad no ayudaba, en absoluto. La cabeza se llenó de incertidumbres. ¿Vengo bien? ¿Ese punto brillante a lo lejos es un corredor, un auto, una luciérnaga? No tenía parámetros, ni personas con las cuales medirme, ni nadie que me haga sentir un poquito acompañado.

Esto es un juego de niños al lado de Patagonia Run, donde tengo planeado correr 100 km. Es una carrera difícil, cara y se realiza bastante lejos de casa. O sea, no queda mucho más que apretar los dientes y bancarse la soledad. Quizá sirva para inscribirme en Espartatlón, quizá no. Pero es muy probable que recorra largos trechos en solitario. Vicky va a enfrentar los 63 km y es algo que la preocupa. Durante los 100 km de Yabotí nos acompañamos mutuamente, pero ahora cada uno tiene que hacer su propio camino en esto de as ultramaratones.

Pensé, para los 100 km, comprarme unos auriculares deportivos, y así soportar las largas horas entrenando. Pero me parece que lo que me molesta de estas largas distancias es no tener en qué pensar. Yo suelo preocuparme por la respiración, por ver dónde pisar, pero en 100 km es como que estás obligado a usar el cerebro. Es un músculo que nunca se apaga, y siempre tira para un lado o para el otro.

Por eso, por má que me pese, tengo que seguir entrenando fondo, para acostumbrar la cabeza. Es también soportar el estar aislado, solo con los pensamientos de uno. Si me preocupan los 100 km, hacer los 246 de la Espartatlón se me hace algo inimaginable…

Semana 18: Día 121: El elefante encadenado

Hoy fuimos con Vicky a pasar el domingo al Tigre. La idea era aprovechar un día espectacular, quizá refrescarnos un poco en el río, y descansar. En el camino la rodilla se quejó un poco, y estar al aire libre era una forma de sacar la cabeza del pánico de una lesión.

Aproveché también para avanzar con mis lecturas. Terminé hace poco un libro de Chuck Palanhiuk (autor de “El Club de la Pelea”) llamado “Snuff”, que trata de una actriz porno que, ante su inminente decadencia, decide filmar una película con la que rompa el récord mundial de actos sexuales seguidos (500 es el número). Me fascinó (no por la temática, sino por cómo escribe) y pasé al siguiente al instante, que fue “Pigmeo”, los informes de un agente adolescente asiático que se infiltra en una familia norteamericana tipo, para cometer un atentado terrorista.

Venía con una seguidilla de Palanhiuk, y como me quedan 3 o 4 libros más de él, la idea era mantener este período de obsesión con el autor. Pero mientras yo avanzaba con los terroristas adolescentes comunistas, Vicky estaba inmersa en un libro llamado “¡Date Cuenta!”, de Silvia Freire. Y me lo pasó, porque se identificó mucho y quería que yo tenga un pantallazo de cómo es su forma de pensar (yo, para colmo, solo tenía para ofrecerle un libro con una actriz porno buscando el record Guinness y terroristas adolescentes asiáticos comunistas).

Hoy, tirado en una lona, leyendo a la sombra, me encontré con una cita fantástica que hace Freire sobre un cuento de Jorge Bucay. Quizá me haya impactado porque estoy en una etapa especial, con la rodilla en peligro. La mente, dice la autora, nos predispone a cosas buenas o malas, dependiendo de nuestra actitud hacia la vida. Y lo ejemplifica con el siguiente texto. Yo tomo la posta, y lo comparto también:

Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante. Durante la función, la enorme bestia hacía despliegue de su peso, tamaño y fuerza descomunal… pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.
Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.
El misterio es evidente:
¿Qué lo mantiene entonces?
¿Por qué no huye?
Cuando tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapa porque estaba amaestrado.
Hice entonces la pregunta obvia:
–Si está amaestrado ¿por qué lo encadenan?
No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.
Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca… y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.
Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta:
El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.
Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca.
Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo.
La estaca era ciertamente muy fuerte para él.
Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía…
Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a sus destino.
Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no escapa porque cree –pobre– que NO PUEDE.
Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer.
Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro.
Jamás… jamás… intentó poner a prueba su fuerza otra vez…
Vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad… condicionados por el recuerdo de «no puedo»…
Tu única manera de saber, es intentar de nuevo poniendo en el intento todo tu corazón…

JORGE BUCAY, «Recuentos para Demián»

Semana 18: Día 120: Dolor de rodilla

Hay pocas cosas que el quiten el sueño a un corredor, como lesionarse. Y en el rubro lesiones, casi siempre lo que más se impone es el dolor de rodilla. Una señal de alarma que nadie quiere escuchar (pero que es imposible ignorar).

Hace mucho tiempo que no sentía molestias. Atrás quedó mi maldita costilla (en realidad fueron dos) y todo parecía estar en orden. Quizá lo esté, y mi caso sea solo dramatización. Pero ahí estaba yo, después de haber hecho 72 km en una semana, con un pinchazito en la rodilla. Así empieza. Un mal movimiento, o recargar el peso de la pierna en algún ángulo raro, o al girar para volver a hacer una cuesta. Se siente como un pellizco interno. Y uno reza, ruega, implora que no pase de ahí. Que sea un hecho aislado, que no pase a mayores, que la cabeza esté sobredimensionando todo.

Y después, subiendo el cordón de la vereda, aparece de nuevo. Y a las dos horas, al subir al colectivo. Y a la noche, al levantarse de la silla. Un sudor frío baja por mi espalda mientras pienso en que el pinchazo se convierta en dolor de verdad.

“Ahora va a saltar todo lo que haya que ajustar”, me dijo mi entrenador. Por poco no duplicamos la cuota semanal de entrenamiento. Si todas las semanas son iguales a esta, voy a llegar a 300 km en un mes. Es un salto grande, pero no tanto como la Espartatlón (carrera que, al parecer, voy a tener que correr de colado).

Hielo, entrenamiento y paciencia. Quizá algo de Voltarem en crema. De momento, es todo lo que puedo hacer. Eso y tratar de pensar en otra cosa. Una de las fantasías que me agarra es la de intentar no recargar tanto sobre la rodilla izquierda y terminar lesionándome la derecha. Quizá sea fatiga, falta de descanso. O el volumen extra saca a relucir un cartílago que pide cambio, señor juez. Veremos en qué deriva.

Por ahora solo me resta enfrentar el domingo, que es de descanso absoluto. Probablemente me lo pase en el Tigre, nadando en el río. Ahí hay una actividad que puede sacar de mi cabeza, por unas horas, este temor causado por un pellizco en la rodilla.

Semana 18: Día 119: Último momento… correr cansa

Antes era lunes, miércoles y sábado. Esos días eran los de running, calzarse las zapas, ir a patear la calle, volver a casa y meter la ropa a lavar. Ahora parece que no es muy complicado, pero me tomó varios años alcanzar esta rutina.

Ahora, de cara a la Espartatlón, estamos sumando kilometraje. Esta semana fue lunes, martes, miércoles y jueves, y mañana tempranito es el quinto día en la semana. Tampoco fueron distancias cortas, hice entre 12 y 14 km por día. Y supongo que tengo que incorporar la siesta o dormir más, porque estoy sintiendo el cansancio. Quizá sea paranoia mía (ojalá), pero en esta instancia no siento que esté rindiendo al 100%. En el último entreno metí un fondo de 8 km, seguido de elongación, y cuando tenía que hacer pasadas de 2 km, me sentí sin energía. Finalmente hice todo lo que tenía que hacer, la determinación pudo más. Pero ahí se había instalado la idea en el fondo de mi cabeza, de que no iba a poder y que ya quería que todo se terminase. Posiblemente el calor del mediodía no haya ayudado.

Ya que mencioné la Espartatlón, hace unos días les envié un mail suplicando poder inscribirme, aunque no vaya a cumplir con los requisitos. Hoy, finalmente, respondieron:

Querido Martin,

Muchas gracias por tu interés en Espartatlón.
Puedes encontrar toda la información necesaria en nuestro sitio y si calificas, como mencionabas, con los resultados de la carrera de 100 km en menos de 10:30 hs, por favor apresúrate a inscribirte ya que a esta altura tenemos más de 200 inscriptos.
Saludos,

P. Tsiakiris

¿Me parece a mí o no me entendieron? Posiblemente haya una barrera idiomática: un argentino escribiéndole a un griego en inglés. Entramos a un bar y personificamos un chiste. Desmoraliza un poco estar haciendo todo este esfuerzo extra y que no me entiendan. Se me ocurre correr por mi cuenta 100 km, por Buenos Aires, y que alguien me tome el tiempo para avalarlo. No sé si sirve, pero se me acaban las opciones…

“Por favor, si estás ahí en el cielo, ayúdame, Superman…” (Homero)

Semana 17: Día 118: 500 maratones en 500 días

Hay un axioma en internet, que dice que no importa qué tan bien hagas una cosa, siempre habrá un niñito asiático que te rompa el traste. En el rubro del atletismo, de superar desafíos y bloguearlos día a día, mi niño asiático sería un tal Ricardo Abad Martínez, que me ha hecho morder el polvo.

Este aficionado al running nació el 8 de Enero de 1971 en Tafalla, Navarra. Su afición era la bicicleta, pero llegó un momento que se empezó a obsesionar. En el año 2005 sintió que necesitaba un cambio. “Coincidiendo con el nacimiento de mi única hija Ainhoa, cambié la bici por las zapatillas, con la intención de preparar mi primera Maratón, San Sebastián 2005”, recuerda hoy, en su sitio blog. “Aquella experiencia, y sobre todo el buen ambiente de las carreras previas, me llenó de tal forma que cambié mis planes, comencé el 2006 en bici y a medidos de enero decidí dejarla definitivamente aparcada y calzarme las zapatillas”.

Con el tiempo, le tomó el gustito, y en agosto de 2008 hizo 30 maratones en 30 días. Tan bien la pasó, que en 2009 subió la apuesta: 150 Maratones en 150 días. Hoy es noticia, porque no se conformó con eso, y decidió volver a superarse. Esta vez, el desafío fue correr 500 maratones, 21.100 km, recorriendo las 50 provincias españolas y conmemorando los 50 años de vida de la Asociación navarra en favor de las personas con discapacidad intelectual (ANFAS) (cada kilómetro es un euro que irá a beneficio).

Todos recordamos al anterior record Guinness, Stefaan Engels, quien el 5 de enero de 2011 culminó sus 365 maratones en un año. Pero este belga contaba con una leve ventaja: vivía de esto. La diferencia con Abad es que trabaja en una fábrica ocho horas diarias, una semana por la mañana, otra por la tarde y otra en la noche. “No tengo un turno fijo por lo que en ocasiones tengo que correr dos maratones casi seguidos, uno por la tarde y otro a la mañana siguiente. Lo más duro es cuando trabajo de noche, salgo a las seis de la mañana y luego tengo que salir a la carretera tras un buen desayuno”, comenta.

“Para mi el correr es algo más que un deporte, es una filosofía de vida”, aclara el corredor, como si hiciera falta. “Me gusta huir de las carreras convencionales y crear mis propios reto y desafíos”. En 17 días va a completar su desafío, que narra al detalle en su blog. Y demuestra que mientras haya pasión, ninguna rutina puede interponerse en la vida de un atleta.

Aunque hay que tener una condición física excelente para tamaño desafío, este atleta reconoce que hay riesgos: “Acudo una vez al mes al médico y de momento no me ha pasado nada, aunque sé que puedo padecer artrosis en un futuro. Tengo dolores en caderas, rodillas y tobillos por eso quiero que el médico me confirme que puedo continuar”.

Abad hace un promedio de cuatro horas en cada maratón, y dice que el secreto es administrar el tiempo correctamente: dormir ocho horas, descansar y alimentarse de forma saludable. Además, le toma una hora actualizar su blog, más el tiempo que dedica a su mujer y su hija. “Hay que robar horas de donde sea”.

Abad no solo encontró la vuelta para ponerse un desafío admirable, sino que logró además convertirlo en un evento benéfico. Ni las enfermedades, ni el cansancio, ni la muerte de su padre lo han detenido: “Fue un momento muy duro, pero continúo para dedicárselo a él”.

“Todos me llaman loco”, admite. Quizá esa sea nuestra forma de reaccionar frente a lo que nos parece imposible, o que no lo podemos mensurar. Eso no quita que sintamos una profunda admiración por él.

Semana 17: Día 117: Los límites del humor

De vez en cuando me salgo del tema del deporte. No porque no tenga nada para contar, probablemente todo lo contrario. Supongo que este blog habla también de mi vida, y este es un tema que últimamente ocupa mucho lugar en mi cabeza.

El jueves 19 de enero, como todos los jueves, el diario Página/12 publicó una historieta de Gustavo Sala en su suplemento “NO”. Orientado a la música, la tira (llamada “Bife Angosto”) eligió burlarse de David Guetta y su insensibilidad cuando se derrumbó el VIP y él tocó como si no hubiese pasado nada. Como la marca registrada de Sala es llevar todo al extremo, burlarse de los estereotipos y traspasar todos los límites, colocó al DJ como musicalizador de un campo de concentración nazi, con Hitler animando a los prisioneros (ni hace falta poner la tira, porque salió en todos lados).

Hasta acá lo que pasó objetivamente. Obvio que muchísima gente se sintió ofendida y se hizo expresar. Ahora bien, además de correr y escribir en un blog, tengo un pequeñito emprendimiento editorial, y da la casualidad de que edité no uno, sino dos libros de Gustavo Sala. Además de una relación autor-editor, lo considero un amigo. He almorzado con él, hemos tomado café, y me ha hecho dibujos para mi cumpleaños. Siempre, como dije, jugando con los límites. Quienes lo conocemos desde hace años, no nos escandalizamos por lo que hace. Probablemente esté constantemente buscando superarse.

Vi esta polémica tira de casualidad, y juro con toda la honestidad del mundo que no me sorprendió ni más ni menos que las otras miles de cosas que hizo. ¿Me convierte en un insensible esto? No lo creo. Gustavo se despertó el viernes y se encontró con 300 mensajes en su muro insultándolo y acusándolo de nazi. Y aunque tenga ese humor despiadado, no hace bajada de línea con sus tiras, ni hace apología de la intolerancia. Creo que quien cambie su forma de pensar por lo que lee de una historieta en un suplemento de música, está en graves problemas.

El tema está en cuáles son los límites del humor. Y para muchos abarca ciertos temas, y otros no. Para mí, que David Guetta esté tocando en un campo de concentración de 1942 automáticamente me hace pensar que eso que estoy leyendo no es verosímil, y me lo tomo como tal. Una ficción. Quienes acusaron a Gustavo de anti-semita y nazi, bien podrían decir que la serie Dexter hace apología de los asesinos seriales, o que Quentin Tarantino está a favor de los asesinos a sueldo.

Gustavo es mi amigo, un tipo sensible y sencillo, al que las cosas no le resbalan. Realmente lo vi muy afectado por todo esto. Pero lamentablemente muchísima gente, independientemente de su religión, compró la versión de que estaban ante un admirador de Hitler y empezaron a insultarlo, a compartir fotos de él para “reconocerlo” por la calle y poder “cagarlo a trompadas”, le juraron que iban a hacer todo lo posible por hacerlo echar. Y también tuvo amenazas de muerte. Casi toda la gente lo conoció a Gustavo por esta tira, y desconocían (y seguro aún lo hacen) que su editor, Mariano Blejman, es judío. Y que la editorial De La Flor, que recopila Bife Angosto en libros, está dirigida por Daniel Divinsky, también de la misma religión (ya lleva dos volúmenes). ¿Realmente creen que contratarían a un anti-semita y le darían trabajo durante tantos años?

Los límites del humor son diferentes para cada persona. Ni siquiera miembros de una misma colectividad van a estar 100% de acuerdo con los temas sobre los que se puede hacer un chiste. Yo le prometí defenderlo a Gustavo, y estoy convencido de que no hace falta enemistarse con una comunidad para hacerlo. Uno es quien le pone las connotaciones a las cosas. Es realmente doloroso ver que la respuesta a una tira que se asocia con el odio y la intolerancia (aunque no haya sido la intención del autor) sea odio e intolerancia.

Gustavo pidió disculpas, el diario también. Yo, ya que estamos,  me disculpo por salirme de la temática del blog. A veces hay amigos que se meten en problemas sin quererlo, y estas cosas, también andan dando vueltas en la cabeza de un corredor.

Semana 17: Día 116: Sumando kilometraje

Segundo día de la “nueva etapa” del entrenamiento. Hacía rato que no corría dos días seguidos, generalmente siempre tenía en el medio uno de descanso. Me ha pasado de saltearme un entreno (por ejemplo, el del lunes), recuperarlo el martes, y volver a correr el miércoles. O recuperar el mismo día, y terminar completando 30 km entre la mañana y la noche (algo que nunca más quise volver a hacer).

Solo cuando empecé Semana 52, en septiembre de 2010, que hice algo así. Germán, mi entrenador, me había armado una rutina más exigente. Enseguida noté los cambios, en especial en los tibiales. Hoy sumé 14 km, más los 10 de ayer, más quién sabe lo que me espera mañana, pero nuevamente estoy sintiendo que realmente estoy exigiéndome. Es algo que solo sentía durante las carreras, y en algún que otro entrenamiento fuerte, pero rara vez.

Pareciera que nueve meses para perfeccionarse es mucho tiempo, pero tengo un récord de 100 km en una carrera (que ni siquiera fueron de corrido) y tengo que subir un 150% esa distancia. Además, ya van dos noches seguidas en las que no ceno con Vicky, y estoy notando esos pequeños sacrificios que tengo que hacer en pos de aumentar mi resistencia. No puedo evitar preguntarme si estaré haciendo lo correcto. También me pregunto si no será esta la última oportunidad en mi vida para hacer algo así. Ya compramos un perro, así que esta familia va avanzando de a poco. Quizá 2012 sea el último año en que pueda concentrarme tan exclusivamente en correr y correr y seguir corriendo.

El gimnasio está quedando un poco relegado, pero no lo suficiente como para dejar de ir. Sigo avanzando con el reto de abdominales, o sea que eso me lo salteo en el gym, y de vez en cuando paso al baño y hago 5 dominadas, como para no perder la costumbre. Antes no hacía ni una, temo volver a ese estado.

Mañana vuelvo a entrenar, y el jueves también. Son 4 días de running, uno de descanso, sábado con los Puma Runners, y domingo para volver a descansar. De tres a cinco días de correr. Ya les contaré cómo me está afectando. Por ahora, seguimos para adelante…

Semana 17: Día 115: Empezando a entrenar

Llegó el día en que doy otro salto cuantitativo en el entrenamiento. Si quiero progresar y llegar a correr 246 km de un tirón, tengo que hacer volumen. Así que, allí vamos.

Germán, mi entrenador en Puma Runners y asesor en Semana 52, me preparó una extensa rutina. Primero me preguntó “¿Qué días de la semana te vas a poder dedicar a esto?”. Siendo que soy un trabajador autónomo, le pedí que hagamos al revés. Que me prepare la rutina ideal, y yo me iba a acomodar. Excepto el entreno de running que ya venía haciendo, tengo todo el tiempo del mundo. Obviamente, cuando no esté corriendo o yendo al gym, tengo que estar trabajando.

Estos 9 meses van a ser de sacrificio. O sea, todo lo que vino antes era una pavada, ahora es ese momento que la gente llama “cuando los pingos se ven en la pista”. Esta nueva rutina baja bastante el trabajo del gimnasio, aunque aumenta en volumen, como ya venía haciendo. Y claro, empezaba en lunes, cuando tenía entrenamiento con los Puma Runners por la noche, y OBVIAMENTE me surgió una complicación y no pude asistir… Ahora no es como antes, que si me salteaba una sesión de running la recuperaba al día siguiente. Toda la semana está super organizada, en un hermoso excel donde tengo que marcar lo que fui haciendo, así que no tengo nada de margen.

Como me perdí el entreno y ya el martes tenía otra cosa distinta para hacer, me hice una carrerita al gimnasio y me fui a la cinta a hacer pasadas de 2 km en progresión. Ni idea si eso compensa lo que hicieron los chicos en los Puma Runners, pero es infinitamente mejor que haberme quedado en casa, mirando el excel y rascándome la cabeza, a ver cómo reorganizaba todo eso.

Parte de esta nueva etapa consiste en marcar mis pulsaciones en reposo, al haber terminado el ejercicio y a los tres minutos de finalizado. Me gusta porque más allá de mi curiosidad inicial, no le estaba encontrando un uso al monitor cardíaco que viene con el reloj con GPS. Por lo menos ya sé que si hago progresiones mi ritmo se dispara, y que después me recupero muy rápidamente.

Así que espero que esto le dé un panorama a todos los que me conocen, y que sepan por qué voy a empezar a ir a menos fiestas, por qué me voy a quedar dormido en la mesa con mayor frecuencia, y a qué se debe que vuelva a parecer un flacucho escuálido. Son 9 meses de trabajo duro, ¿cuánto representa eso en toda mi vida? Muy poco…

Semana 17: Día 114: Mini-metas

El running tiene algo que ver con progresar, si no tiene TODO que ver. Podemos hacer actividad física por muchísimos motivos, pero casi la totalidad de los atletas va a coincidir en que les gustaría mejorar.

Hace un tiempo hice una encuesta, preguntándole a los lectores del blog los motivos para correr. No son representativas de toda la gente que corre, pero sirven para dar una idea. Estas son las opciones que eligieron, por orden descendente:

Para mejorar mi salud (cardiovascular y/o pulmonar).
Para progresar atléticamente.
Para adelgazar.
Para mejorar mi físico.
Para des-estresarme.
Para fortalecerme.
Para tener más autoconfianza.
Para desconectarme de la rutina.
Para poder comer como un animal.

Y algunos lectores sugirieron estas opciones:
Disfruto corriendo contra el tiempo.
Para fortalecerme tanto a nivel físico como espiritual.
Deje el pucho y arranque a correr, ese fue el principio.
Me gusta.
Por voluntad. Te puedes sentir libre al correr.
Para sentir más seguido la alegría indescriptible de cruzar la linea de llagada.
Es mi vicio. Me hace sentir feliz y amar la vida.

Yo veo una tendencia a mejorar, a un nivel físico y a otro intangible. Esto confirma un poco mi convicción de que un corredor se pone metas constantemente.

A veces los objetivos son un poco lejos en el tiempo. Participar de tal o cual carrera, mejorar nuestros tiempos la próxima vez, alcanzar una determinada distancia en un fondo, mejorar el físico o su capacidad, etc. Es un esfuerzo que hay que sostener en el tiempo, y que le da un poco de sentido a entrenar. Sin un desafío en vista perdemos el rumbo, y sin ese norte, correr empieza a carecer de sentido.

Y en otras oportunidades tenemos mini-metas, que serían objetivos mientras estamos corriendo. Llegar a la esquina antes de que cambie el semáforo, pasar al tipo de la bicicleta, aguantar hasta llegar al siguiente puesto de control, tirar sin parar hasta un tercio/un cuarto/media carrera. Generalmente estas mini-metas no las planeamos de antemano, sino que surgen en ese mismo instante.

Correr es una actividad cansadora, es obvio. Y el estrés que le producimos al organismo cuando nos esforzamos se logra gracias a que nos mentalizamos para ello. Mente domina al cuerpo, fue y seguirá siendo así por siempre. Si creemos que no vamos a lograr algo, estamos fritos. Pero si queremos llegar a la meta (la que sea), una buena alternativa son estas pequeñas metas, que nos permiten no pensar en lo que falta realmente. A mí me ha servido mucho dividir las carreras en cuartos, y concentrarme en completar cada tramo. Además, me digo “Ok, todo este esfuerzo lo tengo que hacer otras tres veces, y ya llego”. Son escalones hasta la cima, y ayudan a que nuestra cabeza se concentre en seguir avanzando, en lugar de preocuparse por todo lo que falta.

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