Semana 13: Día 86: Los excesos de las fiestas

Té de boldo. Digestivo hepático. Tirar del cuerito. Tres tratamientos alternativos para tratar un malestar estomacal. Tres tratamientos alternativos y consecutivos que probé para tratar mi malestar estomacal. Ya estoy bien, gracias por preocuparte. Pero tuvo que ver con que, a veces, no compro mi propio discurso.

Las fiestas son un momento en que nos dejamos llevar, priorizamos el deleite del paladar y nos olvidamos un poco de nuestro bienestar. Y es lógico irse a dormir con dolor de panza, o pesadez. En mi caso, desde que empecé con Semana 52, cambié mucho mi alimentación, con una consecuencia concreta: bajar de peso vino acompañado con una reducción de mi estómago. A menor tamaño, menos comida hacía falta para llenarme. Además, empecé a tolerar menos los alimentos grasosos, como el chocolate.

Ayer, en la cena de víspera de Navidad, intenté cuidarme, pero caí en la tentación de la garrapiñada y en el maní acaramelado cubierto de chocolate. Y como suele pasar en las fiestas, lo que sobró de la noche pasó a ser la comida del almuerzo.

Con pesadez y dolor de panza, boca abajo en la cama, comencé a pensar por qué solemos comer hasta reventar. Me acordé de algo que creo que viene a colación.

Hace un tiempo, cuando estaba en uno de mis primeros trabajos y cursaba el último año de la facultad, descubrí unos muñecos importados de la Liga de la Justicia. Medían unos 30 cm, y respetaban al detalle los diseños de Bruce Timm, creador de la serie. Los ansiaba y estaba seguro de que el camino a la felicidad pasaba por obtenerlos. No eran baratos, pero el nivel de detalle y terminación eran innegables. Ahorré y me compré el primero. Habrá sido Superman o Batman. Cuando estaba en mi poder, me di cuenta que tenía que tener al resto. O sea, una Liga requiere de más de un miembro. Cada tantos días salía del trabajo y, camino a la facultad, me compraba uno de esos poco discretos muñecos.

En clase de ética, cuando llegué con Linterna Verde, me puse a charlar con el profesor sobre cómo sentía la necesidad de tener todos los muñecos, y se me pasaba al comprarlos. Pero después de cada compra, necesitaba otro más. Nunca me quedaba satisfecho. “Es la base del consumismo”, me dijo. Salvando las distancias, comer opera en un nivel similar. Creemos que necesitamos algo, y pensamos que el placer pasa en satisfacernos. Pero nunca alcanza.

Tomé la determinación de volver a cuidarme como solía hacer, porque tengo que admitir que satisfacer esas ansias de comer algo rico no deviene en ningún beneficio perdurable. Sentirse bien es algo más importante. Recordé también una escena de la serie Nip/Tuck que seguramente ya he citado en el pasado. Cuando el Dr. Troy, coqueto cirujano plástico, se encuentra con otro doctor más joven y con un físico escultural, le pregunta cómo hacía para tener semejante musculatura. “Un cuerpo trabajado requiere ciertos sacrificios”. Y la verdad es esa, no hay muchas vueltas. Si es lo que uno busca, una contextura armoniosa y saludable precisa de dejar de lado los excesos y renunciar a lo que muchos considerarían placeres de la vida. Lo que queda por ver es si cada uno está dispuesto a pagar el precio…

Publicado el 25 diciembre, 2011 en Alimentación, Reflexiones y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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