Archivos Mensuales: octubre 2011

Semana 4: Día 21: Correr una maratón… embarazada

“¿Viste esa mina que corrió embarazada y dio a luz en la meta?” me comentó alguien. No sabía si se refería a la maratón de la Ciudad de Buenos Aires o a otra cosa. Me encogí de hombros y seguí en lo mío. Me volvieron a mencionar esta extraña historia varias veces, siempre con estupor. Iban agregándole pequeños datos: que el médico la autorizó, que era una corredora experimentada… Pero la anécdota seguía envuelta en un misterio.

Bastó recurrir a Google para aclarar de dónde venía esta leyenda.

Resulta que mientras en Buenos Aires corríamos una maratón, en Chicago hacían lo mismo. Esta competencia contó con la presencia de una embarazadísima Amber Miller, de 27 años. Esta atleta ya había corrido en su primer embarazo y cuando estaba de 4 meses del actual. La de Chicago era su octava maratón, aunque esta vez la hacía estando de 39 semanas. Decidió ser más conservadora y recorrer la mitad del trayecto, lo cual ya es toda una proeza. Pero se sintió con energías, y decidió seguir, a ver hasta dónde llegaba. Alternó 3 km de trote con caminata, y sobre el final creía sentir contracciones, pero no estaba del todo segura (la entiendo, después de correr una maratón, hasta yo siento contracciones).

Amber cruzó la meta a las 6 horas 25 minutos. Se comió un sándwich, y se fue disparando para el hospital. “Fue el día más largo de mi vida. La carrera ha sido sin duda más fácil que el parto”, aseguró después de que naciera June, su segunda hija.

¿Existe una historia más asombrosa que esta? Sí. Sigan leyendo.

Paula Radcliffe es una atleta con la que comparto el día de nacimiento y la pasión por correr. De chica era asmática y anémica, y encontró en el deporte la cura para sus dolencias. Esta corredora de elite estuvo cerca de conseguir el podio en carreras de 3 mil y 5 mil metros durante muchos años. En Sevilla 1999 logró la medalla de plata en los 10k. Pero siempre terminaba en cuarto o quinto puesto. Así que se decidió a probar distancias más largas, y el 14 de abril de 2002 participó de la Maratón de Londres. La finalizó en 2:18:56, record para una mujer en Europa, y tan solo 9 segundos por encima del record mundial. Siguió quebrando marcas durante ese mismo año, hasta que el 13 de octubre, en Chicago, logró el mejor tiempo del mundo con 2:17:18. Al año siguiente ya estaba absolutamente abocada a mejorar sus tiempos maratonistas, y mejoró su performance (y quebró su propio record) por dos minutos, logrando un mejor desempeño que la mayoría de los corredores masculinos (recordemos que los tiempos de los keniatas que ganaron los 42k de la Ciudad de Buenos Aires fueron muy similares a los de Radcliffe).

Aunque su sueño de lograr el oro olímpico seguía intacto, en 2006 tuvo que abandonar el atletismo por unas lesiones. Casada con su entrenador, el destino quiso que además quedase embarazada. Lejos de las competencias, siguió entrenando, mientras su hija Isla creía en su vientre. Luego del parto, comenzó la presión por volver. Pero en 2007 una lesión lumbar parecía retrasar cualquier intención de competir.

Comenzaron las dudas. No sabía si podría regresar a las competencias. Dormía tres horas, entrenaba dos veces al día, y el resto de la jornada criaba a su bebé. Estaba exhausta. Con el tiempo, se dio cuenta que lo más difícil era pasar los primeros cuatro meses, hasta que su hija comenzó a adquirir hábitos y su cuerpo se fue ajustando. Casi un año después de dar a luz, volvió a participar de la Maratón de Londres. No rompió su récord, pero hizo el impresionante tiempo de 2:23:09. ¡10 meses después del nacimiento de su hija!

En 2008 no pudo repetir la carrera en la capital británica, por un dolor en la cadera que creía que era muscular, y resultó ser una fractura. En los Juegos Oímpicos de ese año tuvo que detenerse por calambres, y terminó en el puesto 23 de la maratón. Distintas lesiones la iban dejando atrás, y luego se ausentó de las competencias 19 meses, a causa del embarazo y nacimiento de su segundo hijo, Raphael. Sin embargo, siguió entrenando, y participó de carreras benéficas.

Pareciera que esta historia de determinación termina aquí, con una atleta aceptando que la época de gloria quedó atrás, que hay que afrontar el paso del tiempo, y que dos hijos tienen un innegable impacto en el cuerpo de cualquier mujer.

Pero después de 3 años de no competir profesionalmente, Paula Radcliffe corrió su primera maratón, el 25 de septiembre de 2011, en Berlín. Logró el tercer puesto, y se aseguró una plaza para competir por el oro en los Juegos Olímpicos de 2012. Los sueños de gloria, si tenemos dedicación y empeño, no tienen por qué desaparecer.

Semana 3: Día 20: Carreras soñadas: La Maratón de la Muralla China

Lo digo ahora, porque total después se van a olvidar, pero tengo un poco decidido qué voy a hacer después de intentar correr la Espartatlón, y es entrenarme para hacer el Ironman, o viajar y participar de exóticas carreras. La que me resulta más interesante (y todo un desafío) es la Great Wall Marathon, o sea la maratón de la Muralla China.

Difícilmente exista una maravilla arquitectónica similar en la que se pueda correr. Creo que es comparable a una competencia en las pirámides de Egipto, o en la Acrópolis Griega. Se corre en mayo, y tiene varias distancias, para hacerla bien marketinera: 5, 10, 21 y 42 km. Cualquiera que pueda asegurarse el traslado hasta la provincia de Tianjin en, claro está, China. Pero esta no es una maratón cualquiera: a la distancia hay que sumarle 5164 escalones, lo que aumenta su dificultad considerablemente. Como muestra, basta conocer el récord mundial para esta competencia, que lo ostenda el mexicano Romualdo Sánchez Garita, con 3:18:48. Bastante lejos de las mejores marcas de las maratones oficiales.

La Gran Muralla China se construyó por ordenes del Emperador Qin en el siglo V a.C. para proteger al imperio chino de los ataques de los mongoles. Se convirtió en una de las Maravillas Modernas del Mundo, y desde 2004 se cierra desde la madrugada hasta la 1 del mediodía para dar lugar a su maratón. Es un gran desafío físico (obviamente), pero el chiste está en recorrer esa increíble muralla y disfrutar del asombroso paisaje y las plantaciones de arroz. En los primeros kilómetros hay que subir y bajar empinados escalones, para luego visitar pueblos atravesados por carreteras asfaltadas o de grava. Quienes realizan el recorrido completo vuelven a desafiar a la Muralla China hacia el final, para darle un giro de ironía a la competencia e intentar atravesar “el muro”.

Las subidas que deben soportar las piernas alcanzan una iniclinación del 11%, y la temperatura suele rondar los 30 grados, con una humedad de entre el 85 y el 95% (¿si fuese 100% correríamos abajo del agua?). Se estima que un maratonista tardará un 60% más en completar este recorrido que en una maratón tradicional. En total se atraviesan unos 6 km en la muralla. Yo creo que es más que suficiente para poder volver a casa y decir “Yo corrí sobre una Maravilla del Mundo”.

Semana 3: Día 19: Donar plaquetas

Hoy doné plaquetas. Como un millón y medio, que es la concentración en 400 cc. Son elementos fundamentales para la coagulación (imprescindibles para evitar hemorragias en algunos pacientes), y solo se pueden obtener por intermedio de donantes. Es un proceso menos traumático para el cuerpo que donar sangre, porque pinchan la vena en un brazo para mandar nuestro flujo a una máquina, que separa el líquido en sus distintos componentes, y en el otro vuelve a ingresar. Es raro ver cómo se llena una bolsa con un líquido amarillo, cuando uno espera que lo que le sacan sea rojo. El volumen total de sangre que está fuera del cuerpo no supera los 150 cc (y al finalizar el prodecimiento, todo vuelve).

Es un trámite largo. Muy largo. Además de que para preparar el armatoste tardan un buen rato, uno tiene que estar recostado por dos horas y media. Por suerte en el Fleni había tele, y me vi dos capítulos de The New Adventures of Old Christine, dos de Friends y uno y medio de The Big Bang Theory. Después las venas me quedaron doliendo un poquito, justamente por el rato que estaban las agujas metidas (aunque anestesian la zona). Pero no hay efectos secundarios. Hablando con el técnico que realizó la extracción, me decía que tampoco pasa nada al donar sangre, generalmente los efectos secundarios son por impresión del donante. Sí hay una ligera anemia, pero tomando líquido uno se recupera rápidamente.

Mi decisión de donar pasó porque la madre de uno de mis mejores amigos sufrió un ACV, y necesitaba 4 dadores de plaquetas y 18 de sangre. Conmigo, afortunadamente, completaron todos los que necesitaban. Como si fuera poco, la abuela de Vicky, de 97 años, se fracturó una pierna y tuvieron que operarla. También necesita donantes, un total de 10, así que tengo que esperar unos 10 días para poder dar mi sangre.

Hay algunas cosas que la gente no sabe acerca de donar. Muchos son impresionables, y quizá ni siquiera hayan podido leer este post, pero realmente no pasa nada, el cuerpo se recupera muy rápido. Hace poco más de un año di mi sangre para una amiga; fue por la mañana, y esa misma noche estaba entrenando, sin ningún problema. La única precaución que hay que tener es no levantar cosas pesadas dentro de la media hora de la extracción, para evitar que se formen moretones. No corrí por cabeza dura, la misma doctora que me extrajo esa vez me dio el visto bueno. Y me aclaró que por más que te extraigan un 10% de la sangre de tu cuerpo, no significa que la oxigenación del cuerpo baje en una proporción similar (si no, estaríamos realmente en problemas).

Para donar hay ciertas cuestiones a tener en cuenta para la salud de uno, como el hecho de pesar más de 50 kg y tener entre 18 y 65 años. No hace falta estar en ayunas, pero sí no haber consumido grasas ni lácteos en las últimas 6 horas. Después está la salud de quien recibe nuestra sangre (que nunca es el paciente que conocemos, todo esto es para reponer el banco del hospital). Es por esto que quienes hayan tenido hepatitis no pueden ser dadores, ni tampoco quienes tengan enfermedades de transmisión sexual, u que sean portadores de virus o hayan estado en situaciones de contagio en el último año (por el período de ventana, que hace difícil un diagnóstico preciso). Aquí hay algunas cuestiones que me resultan discriminativas. Entiendo que una persona que se haya hecho un tatuaje no pueda donar, porque nunca podría certificar la esterilidad de las agujas con la que lo tatuaron, pero que los gays no tengan permitido ser donantes… me resulta prejuicioso. Siendo que a veces cuesta tanto conseguir dadores, están dejando automáticamente afuera al 10% de la población.

Les dejo un link muy interesante sobre donación de plaquetas, y sus diferencias con dar sangre. Ahora nos faltan solo dos dadores para la abuela de Vicky, así que estamos con manteniendo las esperanzas para que la nona supere tranquila los 100 años…

Semana 3: Día 18: ¿Cuáles son tus objetivos?

Esta pregunta me la hago constantemente, y se la suelo hacer a otros corredores con los que me cruzo. ¿Cuáles son tus objetivos? Me parece imposible ir a la deriva sin tener una meta definida.

Hace una década empecé terapia. No tenía trabajo, ni sabía qué estudiar, y me angustiaba tremendamente ser mantenido por mis padres sin tener un norte. En la primera sesión con mi psicóloga le dije que no tenía rumbo, ni un lugar en mi casa ni en la vida. Me alivia mucho ver qué diferente son las cosas ahora. Después de haber encontrado una profesión, haber egresado y haber descubierto el running, me di cuenta de algo muy importante: había encontrado algo que me apasionaba.

Recibirme se convirtió en un objetivo muy importante. Dejó de ser algo absolutamente lejano, porque a medida que avanzaba, cada vez faltaba menos para obtener el título. Lejos de ponerme contento, al principio me dio pena haber desperdiciado tantos años de mi vida. La facultad me parecía eterna, y no me veía atravesando durante tanto tiempo todo ese esfuerzo. Hoy me doy cuenta de que con esa estructura mental, tampoco podía tener una actividad como el running en mi vida. Es increíble cómo el atletismo calza a la perfección con otros aspectos del día a día.

Cuando encontré mi profesión, todo resultó mucho más fácil de lo que creía. Le puse todas mis pilas, y aunque habían pasado muchos años desde que había terminado el secundario, la facu era una escalada de pequeños objetivos a resolver. El destino final, obviamente, era terminar la carrera, pero intenté hacerla lo mejor posible. Al recibirme tuve el inmenso honor de terminar con el promedio más alto. No me consideraba mejor que nadie, simplemente me dediqué a eso que me apasionaba.

Probablemente fui madurando, y eso hizo que empezar a correr tuviese cada vez más sentido. La diferencia, no estaría mal mencionarlo, es que los estudios superiores tienen un fin; más allá de licenciaturas, posgrados y maestrías, el objetivo es terminar, de la forma que sea. En mi vida de atleta no encuentro un final (todavía). Cada carrera se ha convertido en un nuevo examen, en el que busco rendir de la mejor forma, para los cuales me preparo lo mejor que puedo. Y no pude con mi genio, así que me puse metas, como fue hacer mi primera maratón, hacerla en menos de 3 horas y media, la espartalón, y para algún día todas las instancias de la Misión, el Iron Man, correr en el Desierto del Sahara y en la Muralla China.

Esos (y aumentar de masa muscular) son mis objetivos, los que tengo en claro ahora. Aunque probablemente, al ir cumpliéndolos, irán apareciendo nuevos. Antes, la noción de que algo era casi imposible era un motivo suficiente para no intentarlo. Ahora es todo lo contrario; cuando algo es difícil se vuelve más tentador intentar conquistarlo.

Quizá otras personas carezcan de objetivos o no tengan uno que los motive lo suficiente. No existe correr por correr, y hacerlo solo para bajar la panza puede derivar en impaciencia y frustración. Creo que si uno se lo plantea como un modo de vida, una forma de encontrarse, conocerse, superarse, se termina transformando en algo más duradero, y que retroalimenta al deportista. Pero seguramente haya miles de motivos y millones de objetivos posibles, como carreras y corredores existen.

Semana 3: Día 17: Terminar la maratón a los 100 años

“Nada es imposible” reza la leyenda de la famosa marca deportiva de las tres tiras… aunque los caprichos del marketing quieran que en nuestro país la leamos solo en inglés. Esta misma empresa eligió varios atletas para retratar sus publicidades, y uno tuvo como protagonista, en 2004, a Fauja Singh, un asombroso corredor de 93 años.

En esa época llamaba la atención de todo el mundo porque, a su edad, participaba en carreras, y hasta en maratones. No lo hacía solo por el desafío de la superación física: en distintas competencias en Londres, New York y Toronto pudo juntar miles de libras para diversas caridades que promovían la cultura Sikh, y para B.L.I.S.S., que se dedica al cuidado de los bebés prematuros. Singh lo describió como “los viejos corriendo por los más jóvenes”.

Su fama le llegó a los 89 años, cuando terminó la London Flora Marathon en 6 horas y 54 minutos. Pero su historia comienza cuando llegó a Londres, en 1992, luego de la muerte de su esposa. Singh fue a vivir con su hijo, pero quedarse en casa sentado lo estaba matando. Hacía décadas que coqueteaba con la idea de entrenar, y para vencer el aburrimiento, decidió empezar a trotar. En esos inicios no pensaba en maratones, solo en hacer actividad física, siempre sin apartarse de su dieta vegetariana (que incluye mucha agua y excluye frituras). Pero el deseo de conquistar los 42k empezó a crecer en su mente. Y pasó de imaginar a concretar.

En el año 2000 debutó en su primera maratón, y desde entonces repitió la experiencia en otras siete oportunidades (y esto sin contar su participación en otras distancias). Cuando le preguntaron cómo hacía para soportar un desafío físico tan extenuante, Singh respondió “Los primeros 32 kilómetros no son difíciles. Los últimos 10 los corro mientras hablo con Dios”.

Mientras su carrera deportiva avanzaba, consiguió los records mundiales para atletas de más de 90 años en las categorías de 200, 400 y 800 metros, una milla y 3 km. El 1 de abril de 2011 llegó un esperado hito en su carrera (y su vida): cumplió 100 años. Con poca competencia en su categoría, el pasado 13 de octubre obtuvo nuevos records para corredores centenarios, al correr 100 metros en 23.14 segundos, 200 en 52.23, 400 en 2:13.48 min, 800 en 5:32.18, 1,5 km en 11:27.81, una milla en 11:53.45, 3 km en 24:52.47 y 5 km en 49:57.39. Muchas de estas marcas superan a las de +95, mientras que en otras es la única existente para deportistas de más de 100 años.

Singh volvió a ser noticia el día de ayer, y a solo tres días de lograr estos records mundiales: se convirtió en el maratonista más longevo de la historia. Cruzó la meta de la Toronto Waterfront Marathon a 8 horas, 11 minutos y 6 segundos de cruzar la largada. Es una prueba de que el marketing, a veces, tiene razón. Nada es imposible…

 

Nota del 18/10: Fiel a mi ignorancia sobre el marketing, me avisan que “Impossible is nothing” no pertenece a las tres tiras, sino a la pipa…

Semana 3: Día 16: La comida rápida y el deporte

Dos temas se conjugan hoy, que tienen que ver con el running y el mundo de las hamburguesas. Seguro muchos pudieron ver los carteles o escuchar los spots de los 5k, auspiciados por McDonald’s, que se corren el 30 de octubre. Además, quizá también se hayan cruzado con la noticia de un exitoso restaurante de comidas rápidas del primer mundo, Heart Attack Grill, que hace un culto de la obesidad y de los problemas cardíacos, y que vende con orgullo un menú que contiene 8 mil calorías (6 mil más que las recomendadas para ingerir en un día entero).

Ya estaba interesado en despotricar contra Arcos Dorados, porque después del auspicio de las aguas con bajo contenido de sodio, no me entra en la cabeza cómo una cadena que basa su negocio en vender alimentos insalubres puede promocionar algo relacionado con la salud. Pero, nobleza obliga, me topé con la historia de Joe D’Amico, un maratonista que hizo la anti-Super Size Me, y comió solo comida de McDonald’s durante un mes, antes de correr los 42k. Llegó en el impresionante tiempo de 3 hs 36 minutos, pero hizo trampa porque tomaba agua que no se vendía en el restaurante, geles y suplementos vitamínicos.

En definitiva, el Sr. D’Amico consumía poco más de 3 mil calorías diarias (porque elegía bien qué cosas comer y cuáles no), y quemaba otras mil entrenando. Independientemente de lo que yo piense de McDonald’s (me repugna), esta dieta no deja de ser válida, porque para una competencia con mucho gasto calórico podemos obtener energía de diversas fuentes. Incluso, mi nutricionista me dijo que para la Espartatlón (246 km en menos de 36 horas) voy a tener que tomar gaseosas y comer alimentos hiper calóricos durante el trayecto. Pero tanto mi objetivo para estas 52 semanas como lo que hizo este McMaratonista son extremos, alta competencia. Lo cierto es que el público habitué de McDonald’s no suele estar representado por atletas.

Mientras pensaba en el encuadre para quejarme de un restaurante al que no voy nunca (lo cual deja ver algunos signos de hipocresía de mi parte), me crucé con la monstruosidad de Heart Attack Grill, que se traduce como “Parrilla Ataque Cardíaco”. Creado por un inconsciente en 2005, sus menús son bastante morbosos: Bypass, Doble Bypass, Triple Bypass y Cuádruple Bypass, este último conformado por cuatro hamburguesas de 225 gramos freídas en grasa de cerdo, tomate, cebolla, ocho fetas de queso, y seis rebanadas de pan. Si lo terminás, te llevan en silla de ruedas hasta tu auto. Si pesás más de 170 kg, comés gratis.

En la puerta hay un cartel que avisa que comer en ese restaurante puede traer problemas de salud. Como los cigarrillos, que avisan que pueden provocar cáncer y enfisema pulmonar. Así como los fumadores ignoran la leyenda y dan rienda suelta al placer de una pitada, en Heart Attack Grill pasa algo similar, donde se confunde la libertad de elección con frivolizar la obesidad. Toda la decoración remite a un hospital, y las meseras son enfermeras, aunque tienen un cuerpo tallado que no está hecho con hamburguesas fritas en grasa de cerdo. El vocero de la compañía, Blair River, pesaba 260 kg, y con un particular sentido del humor invitaba a la gente a comer ahí. Murió en marzo, luego de complicaciones respiratorias por una gripe. Tenía tan solo 29 años. Y sí, no murió de un ataque cardíaco, pero la obesidad cuadruplica las posibilidades de morir por algo tan común como el virus de influenza.

Desde hace años que McDonald’s viene intentando variantes “sanas”, aunque son pocas opciones y no siempre están disponibles: como vegetariano puedo confirmar que muchas veces no quedan ensaladas… algo que jamás pasaría con sus hamburguesas. En España, por las regulaciones sobre la salud de los ciudadanos europeos, están obligados a cobrar extra si pedís condimentos “insalubres” como la mayonesa (la mostaza es gratis), algo que sería genial que implementasen en todo el mundo. Una de las cosas que más le cuestiono a esta empresa es cuando no te dan opciones para elegir: cuando en Lima mi vuelo se atrasó y la compañía me compensó con un voucher de almuerzo, McDonald’s se negó a darme otra cosa que no fuese hambuguesas con papas fritas. Ni siquiera me dejaban cambiar la gaseosa por agua mineral.

Pero más allá de mi poco disimulado rechazo por Arcos Dorados, lo que más me descoloca es que auspicien una carrera de 5 km, y que un mes antes digan desde sus spots publicitarios “Andá entrenando…”. Mi duda es si subestiman a sus propios clientes y creen que no pueden correr más distancia, o si la subestimación pasa porque es una competencia exclusivamente para mujeres. Es cierto que muchísimas personas que recién comienzan a correr encuentran esta distancia como un verdadero desafío. Lo sé, porque en algún momento a mí también me parecieron imposibles los 5 km… pero, ¿a quién apuntan entonces con esta carrera? ¿A los deportistas o a los que no lo son?

Cierro con otra postal que nunca voy a terminar de entender. La Merrell de Tandil, una de mis competencias favoritas, ofrece almuerzo gratis para todos los corredores. Por supuesto, el menú es uno solo: hamburguesa con gaseosa. Cualquier nutricionista va a confirmar que lo más recomendable, después de haber exigido por tantas horas a nuestro cuerpo, no es exactamente una comida grasosa. En la última Merrell de Tandil, cuando pedí que me diesen una variante vegetariana, me dijeron que se les había acabado el tomate y la lechuga. Todo lo que me podían ofrecer eran las dos mitades del pan.

Cosas que pasan tanto en el ámbito del deporte, como en el día a día.

Semana 3: Día 15: Balance de mitad de mes

Me gusta hacer balances. Es la oportunidad de mirar dónde estás parado y hacia dónde te dirigís.

Cuentakilómetros:
Hoy llegué a hacer casi 108 km, sumando lo que corrí estas dos semanas. Tuve una maratón, que fue un impulso importante. Y hoy corrí 15 km en el entrenamiento, y otros 5 por la tarde, porque hacía un clima hermoso y quise acompañar a Vicky mientras ella andaba en rollers. Pero me di cuenta que me estoy esforzando demasiado. La rodilla derecha me empezó a doler, y difícilmente esté recuperado de correr 42 km hace 6 días. Quiero aumentar mi resistencia, de cara a las ultramaratones, pero me queda mucho tiempo para desarollarlo. No me tengo que apurar, o me voy a lesionar.

No creo que llegue a los 208 km que mi amigo Hernán cree que voy a hacer. Lamento desilusionarlo. Pero yo calculo que voy a estar cerca de 180 km hacia fin de mes. Ya veremos.

Estado de ánimo:
Realmente entrenar y ponerme objetivos me hace muy bien anímicamente. Con Vicky hablamos mucho sobre si somos felices. No tanto sobre nuestra relación, aunque es innegable que la presencia del otro es un impulso de felicidad difícil de medir. Pero en los últimos meses se han estado alineando los planetas en mi vida. Terminar Semana 52 en Grecia, corriendo donde nació la maratón, era una hermosa locura que tiré al pasar y que pude cumplir. Fue un cierre en muchos sentidos, vistiendo los pantaloncitos de mi papá, buscando la meta de bajar de 3 horas y media (que no alcancé entonces, pero me dio una nueva lección de humildad). Encima pude encontrarme de casualidad con mi psicóloga y ponerla al tanto de lo bien que me hace correr, y cómo el deporte pudo reemplazar muy bien al análisis.

Alimento para el ego:
Anoche me pasó algo maravilloso: Mariana, una persona a la que no conocía personalmente, se me acercó en el subte y me preguntó si yo era Martín. Resultó que ella lee el blog desde hace unos meses, y de alguna forma me reconoció. Estábamos con Vicky, justo bajándonos del vagón, así que no pudimos hablar mucho, pero cuando le pregunté si corría, Mariana me dijo que sí, aunque en forma amateur. Tuve un poco de pánico escénico, además de que nos teníamos que bajar, y no llegué a decirle algo que me gustaría que ella lea: ¡todos somos amateurs! Y nos unen las ganas de hacer actividad física e ir superándonos, cada uno a nuestro ritmo. Gracias por saludarme, me cuesta imaginar que haya gente que siga este proyecto…

Regreso al gimnasio:
Desde la maratón que no vuelvo a hacer pesas, es un objetivo a corto plazo. Todavía mantengo la masa muscular, pero si no entreno pronto, posiblemente lo vaya perdiendo. Reponerme de los 42k me impidió volver, y la semana que viene tengo que donar sangre y darme la antitetánica. Espero poder hacer musculación antes de mi próxima cita con la nutricionista, el 1 de diciembre.

Próximas carreras:
No tengo nada en vista este mes. El 30 es la Merrell de Luján. Me desilusionó un poco enterarme de que este año no es nocturna, sino que se corre por la mañana. Eso le quita mucho de interés para mí. Pero por suerte a principios de noviembre se corre la Salvaje Crosscountry, en Marcos Paz, y sí se hace de noche. Son 30 km, y realmente es un digno reemplazo de una carrera que, en su momento, me gustó mucho.

Después me tengo que anotar en la San Silvestre, que se corre el 31 de diciembre por la tarde, y para enero hay una carrera de dos días en Tandil, que dan un total de 42 km. Queda, como objetivo a corto plazo, conseguir una ultramaratón para poder inscribirnos en la Espartatlón…

Semana 3: Día 14: Fotografiar la felicidad

Hoy me llegó esta foto a mi bandeja de entrada. Por un instante recordé ese instante de felicidad que sentí cuando llegué a la meta.

Me encantan estas fotos, que capturan ese momento. Cuando llegué quise levantar los brazos en señal de triunfo, pero no pude. Sentí que me quedaba poca energía. Quizá fue solo que no me animé.

Pero en ese momento estaba tan contento. Cualquier problema parecía absolutamente lejano. Hasta el dolor físico estaba en un segundísimo plano. Me veo en esta imagen, todavía tenso, con cara de agotamiento… quien vea esta foto nunca podría adivinar que por adentro las piezas se acomodaban, y que tachaba mentalmente un objetivo importantísimo de mi vida.

Esto también me hace acordar a Murakami y su libro “De qué hablo cuando hablo de correr”, en el que comentaba de cuando corrió una ultramaratón de 200 km. Cuando llegó no sintió nada… de hecho, perdió el entusiasmo por el running, y le costó volver a engancharse. Él lo definía como la “Tristeza del corredor”. Espero que nunca me pase, que por fuera parezca que estoy hecho una piltrafa, que no hay emoción en todo ese titánico esfuerzo, y que refleje lo que pasa por dentro…

Ojalá pudiese tener una instantánea de cada vez que cruce la meta en una carrera. Son momentos de felicidad absoluta, segundos muy personales.

Semana 2: Día 13: Solos en la Ciudad (fui al cine)

Me gusta el cine, eso es algo que ya he mencionado en este blog. Es una actividad bastante opuesta a correr: es estática, no requiere un gran desarrollo físico, y generalmente está acompañada de comer, comer y comer (no precisamente cosas sanas). Pero me da la impresión de que ambas precisan de un compromiso mental, y tanto el estar sentado mirando una película o estar corriendo pueden dejarnos alguna enseñanza.

Ayer por la noche fuimos con Vicky y mi grupete de amigos a la avant premier de Solos en la Ciudad, una película argentina, ópera prima del director Diego Corsini. Mi gran compañero de aventuras Matías Lértora se encargaba de hacer la prensa de este film (casi un sueño cumplido para él), así que era muy importante que vayamos a acompañarlo. Esta aclaración no es menor, yo soy bastante prejuicioso con el cine, y si no hay máquinas que viajen en el tiempo o un superhéroe multimillonario con crisis de consciencia que decida luchar contra el crimen, suelo tener un poco de desconfianza. Tratándose de una comedia romántica, no había mucho que me atrayese de la cinta, más allá de mi deber de amistad.

Posiblemente sentarse en el cine sin ninguna pretensión sea la forma más pura para disfruar de una película. Nos reímos mucho y nos emocionamos como tontos enamorados. Solos en la Ciudad cuenta la historia de una pareja, Santiago (Felipe Colombo) y Florencia (Sabrina Garciarena), que están viendo el amanecer en la Costanera, después de pasar la noche en la fiesta de un casamiento. Luego de una extensa charla (quizá demasiado, único punto flojo que le encontré al film) se pelean y se va cada uno por su lado. Como muchas separaciones, es ambigua, así que ninguno de los dos está del todo seguro si fue la definitiva o no.

Fiel al nombre del film, se pasan el día solos en la ciudad, cruzándose cada uno con distintos personajes que los ayudan a analizar su relación y a poder evaluar qué cosas son realmente importantes. Como si fuera poco, no les falta oportunidad para tantear cómo sería encarar una historia con otra persona (y ver, sutilmente, las enormes diferencias con su ¿pareja? actual). La edición es absolutamente BRILLANTE, sin abusar de recursos. Es una película muy dialogada, apoyada en caracterizaciones creíbles y en conclusiones profundas (se destacan Mario Pasik y Catherine Fulop, con personajes muy bien logrados).

Hasta aquí este post podría parecer absolutamente descolgado (o sea, se supone que este es un blog deportivo), pero hubo una escena que hizo estallar de risa casi exclusivamente a mis amigos, y no podía dejar de mencionarla. En su deambular por la ciudad, Santiago decide ser estafado en un carrito de la costanera, y se compra un choripán carísimo. Cuando da su primer bocado frente al Planetario, un desconocido atleta llamado Mauricio (Matías Scarvaci) se le aparece por detrás y lo obliga a escupir, haciendo que el chorizo caiga al piso. “¿Sabés lo que estabas por comer? ¡700 calorías!”, le dice. La fila 7, ocupada por nosotros, me empezaba a mirar de reojo.

Santiago solo puede pensar en su almuerzo arruinado. “Yo era como vos”, le dice Mauricio, y le adivina unos 6 kilos de más. “Ahora corro 5 kilómetros por día”. “¿Y ahora qué como?” pregunta el protagonista. “Allá a la vuelta te venden unas milanesas de soja buenísimas” (risas de la fila 7). “Yo soy lacto-ovo-vegetariano”, alega el atleta (carcajadas, ovación, dedos señalándome desde la oscuridad de la sala). Era como si la escena fuese un gag del que yo formaba parte. Para colmo, Mauricio le da a Santiago una tarjeta, por si quieren seguir charlando en otra oportunidad. “Ahí tenía la dirección de tu blog”, me dijeron después de la función.

Probablemente este personaje sea el más bizarro de la historia (más allá de las comparaciones conmigo, es el más gracioso de toda la cinta), pero creo que muchos me ven así, obsesionado y juicioso. Intentaré, en el futuro, no obligar a mis amigos a que escupan los cadáveres que se comen en los asados…

Lo de andar repartiendo tarjetitas a desconocidos con la dirección de mi blog no me parece una mala idea…

¡Apoyen al cine nacional!

Semana 2: Día 12: Empezar a pensar en ultramaratones

Bueno. Ya está. Hice la mejor maratón de mi vida. Cumplí mi sueño de 3 horas y media, que parecía muy lejano. Ya es tiempo de pasar a otra cosa.

Y me empiezo a meter de lleno en la ultramaratón. Como su nombre indica, son esas carreras que superan los 42 km con 195 metros. Cada año, el último viernes de septiembre se corre la Espartatlón, 246 kilómetros que unen Atenas con Esparta. El único trofeo en la meta es un cuenco con agua. Mi estructura mental me impide pensar cómo es una carrera de estas características. Dicen que es  muy común sufrir alucinaciones, desorientación, hinchazón  en los  pies  (que, literalmente, te obliga a cortarte las zapatillas con una tijera para poder sacártelas) y perder no una uña, sino muchas más. ¿Cómo encarar semejante odisea?

Si quiero correr la Spartathlon 2012 (para la cual faltan 351 días), lo primero que tengo que hacer es anotarme. La inscripción cierra el 31 de mayo, pero para que me acepten tengo que cumplir un requisito muy importante: en los últimos tres años tengo que haber finalizado una carrera de al menos 100 km en no más de 10 hs 30 min, o haber terminado una ultramaratón de 200 km (mínimo), sin límite de tiempo. Sé que hubo corredores que no cumplían con esto, pero tenían certificados varias competencias muy duras, y con eso convencieron a la organización para anotarse. El tema es que yo no tengo nada de esto, y antes del 31 de mayo tendría que asegurarme alguna de estas proezas.

Así que los próximos meses tendrán que ser de entrenamiento duro, cuidando de no romperme para poder llegar. De lo contrario, el objetivo de esta nueva temporada de Semana 52 se va a caer, ¡y correr de colado no me tienta para nada!

Investigando un poco sobre la experiencia de ser ultramaratonista, me encontré con unos consejos que da Félix Rojas, un venezolano amante de la montaña y de las pruebas de largo aliento que corre junto a su esposa, Maydelene Ceballos. Él daba algunos consejos para los que quieren meterse de lleno en una ultra, por primera vez. Creo que todo entrenamiento debería estar supervisado por un entrenador para los recién iniciados (como yo), pero es un buen punto de partida para preguntar “¿Profe? ¿Sirve esto?”.

Si tu meta es ganar un ultramaratón- carrera con una distancia superior a los 42 kilómetros- posiblemente éste no sea el plan más indicado para ti. Pero si sólo deseas culminar una prueba similar puedes ajustar a tus necesidades este plan y eso te puede ayudar a alcanzar tu meta. No hace falta ser un atleta extraordinario ni excesivamente rápido, pero la consistencia y la fuerza de voluntad – aspectos que dependen totalmente de ti- serán tus mejores aliados.

Se requerirán entre unos 4 a 6 meses de entrenamiento. Si ya tienes experiencia en eventos de largo aliento (maratones, triatlones de distancia iron, carreras de aventura, etc.) podrás ajustar el plan al rango inferior de tiempo. De lo contrario, requerirás 6 o más meses de preparación.

Este plan comprende 3 fases:

1.  Base (8-16 semanas): los objetivos principales serán mejorar el rendimiento aeróbico, aumentar la resistencia cardiovascular y acostumbrar el cuerpo a la carga del entrenamiento.
2.  Fortalecimiento (8-12 semanas): aumentar la intensidad, ganar fuerza muscular y elevar el umbral anaeróbico.
3.  Taper (3-4 semanas): Asimilar la carga del entrenamiento y llegar fresco y fuerte, mas no desentrenado, a la línea de partida.

Se recomienda trabajar en ciclos de tres semanas en los que el volumen de las sesiones largas aumente aproximadamente 10% por semana y reducir el volumen de tales largos durante la cuarta semana, para luego iniciar un nuevo ciclo.

Ejemplos:

Una semana típica durante el período BASE
Lunes: Descanso absoluto.
Martes: Series (ejemplo: 10 x 400 con 1:30 min. de recuperación)
Sesión de fortalecimiento (pesas).
Miércoles: 10-15 km a paso de maratón.
Jueves: Tempo (ejemplo: 10-20 min. calentamiento + 25 min. a ritmo de media maratón + 10 min. enfriamiento) / Sesión de fortalecimiento (pesas).
Viernes: Descanso o cross training.
Sábado: 20 km a paso cómodo.
Domingo: 25km a paso cómodo o su equivalente de tiempo en una ruta por la montaña.

Una semana típica durante la fase de FORTALECIMIENTO
Lunes: Descanso absoluto.
Martes: Series (ejemplo: 10 x 800 m con 400 m  de recuperación)
Sesión de fortalecimiento (pesas). Sesión de ejercicios pliométricos.
Miércoles: Subidas (ejemplo: 12 x 2 min. de subida con 2 min. de recuperación) o ruta por montaña con cambios de ritmo.
Jueves: Tempo (ejemplo: 10-20 min. calentamiento + 2 x 15 min. con 5 min. suave entre series a ritmo de media maratón  + 10 min. enfriamiento) / Sesión de fortalecimiento (pesas y pliométricos).
Viernes: Descanso o cross training suave.
Sábado: Sesión larga (no más de 60% de la distancia o tiempo estimado de la carrera prevista)
Domingo: Sesión larga en terreno con características similares a la de la carrera prevista.

Durante el TAPER, a unas 2 semanas de la carrera.
Lunes: Descanso absoluto.
Martes: 10 x 1 min. con 2 min. de recuperación.
Miércoles: 5-10 km a ritmo suave. Sesión de estiramientos.
Jueves:  3-5 x 1600 m a ritmo de media maratón.
Viernes: Descanso absoluto.
Sábado: 1:30-2:00 en terreno similar a la carrera.
Domingo: 1 hora de carrera continua con algunos cambios de ritmo a gusto.

El día de la prueba sal un poco más lento de lo que consideres necesario. Si te administraste bien, avanzada la prueba recuperarás ese tiempo con creces. Hidrátate cada 10-15 minutos y trata de consumir calorías aproximadamente cada hora. Asegúrate de haber probado todo tu material, además de lo que pienses ingerir en la prueba, durante los entrenamientos especialmente en los largos de los fines de semana.

A %d blogueros les gusta esto: