Semana 5: Día 28: Donar sangre

Como tenía planificado, la semana pasada doné plaquetas y hoy me tocó donar sangre. Es algo para lo que tengo facilidad, afortunadamente, porque hoy experimenté lo que le pasa a otras personas.

La abuela de Vicky, de 97 años, se quebró el fémur y la internaron en la Clínica Colegiales. Para operarla necesitaban 10 donantes. La desgracia quiso que la mamá de mi amigo Paco sufriese un ACV, y en el caso de ella requería de 4 donaciones de plaquetas y 18 de sangre. Conseguir donadores es más complicado de lo que parece: un tatuaje, pesar menos de 65 kg o haber tomado aspirinas ya lo descalifican a uno. Hay que llenar un extenso cuestionario que hasta me resulta un poco discriminatorio, pero todo tiene que ver con determinar si el donante se expuso a situaciones de riesgo ante enfermedades transmisibles por sangre. Hay un período de ventana, que es el tiempo que transcurre entre el contagio de una enfermedad y la posibilidad de detección. Prácticamente no hay síntomas o pasan inadvertidos, o sea que aunque nos sintamos sanos, podemos contagiar algo.

Por eso los bancos no pueden confiarse solo de los estudios que realizan, así que entregan a quienes quieran donar un extenso cuestionario. Se debe abstener de donar quienes:

  • Se hayan hecho tatuajes, acupuntura o perforado de las orejas con agujas no descartables, en el último año (aunque uno jure que fue en un ambiente seguro, no te aceptan la donación).
  • Si fue o es consumidor de drogas prohibidas
  • Si tiene o ha tenido relaciones sexuales con hemofílicos en el último año.
  • Si tuvo relaciones sexuales con personas que tuvieron sexo a cambio de dinero en el último año, o infectadas con el virus del SIDA, Hepatitis B o C.
  • Si tiene serología positiva por SIDA, Hepatitis, Chagas, Brucelosis o Sífilis.
  • Si ha tenido síntomas que se puedan asociar con el SIDA (diarreas crónicas, fiebre de más de 10 días de evolución, pérdida de peso, manchas en la piel, ganglios inflamados).
  • Si le han ofrecido dinero por donas sangre.
  • Si ha tenido relaciones sexuales con parejas múltiples en el último año.
  • Si tuvo relaciones con personas que hayan sido operadas o transfundidas una o más veces en el último año.

Luego de todas estas advertencias, llega un formulario de unas 48 preguntas, donde tendremos que responder “Sí” o “No”. Hay algunas muy extrañas:

  • ¿Ha recibido hormonas de crecimiento de origen humano, o tuvo Ud. o algún pariente la enfermedad de Creutzfekd-Jakob?
  • ¿Alguna vez recibió dinero o drogas para tener relaciones sexuales?
  • Para hombres: Tuvo Ud. relaciones sexuales con otro hombre, en los últimos 12 meses?
  • ¿Dona Ud. sangre para que se le haga el análisis de Sida?

Luego de rellenar todo el formulario, te entregan un papelito que dice “Sí, mi sangre puede ser usada” o “No, no usen mi sangre”. En algunos lugares vuelven a entregar ese papelito luego de la donación. Es la última oportunidad de avisar que uno ha mentido en el cuestionario.

Como había donado plaquetas para la mamá de Paco (que, milagrosamente, fue dada de alta, casi sin secuelas), él se sintió en la obligación de darme una mano, y como la familia de Vicky no conseguía donantes, ella tomó cartas en el asunto y se puso en campaña. Aunque no conseguimos a TODOS los donantes, finalmente la operaron. Pero quedó debiendo sangre para reponer, así que hoy fuimos con Paco hasta el sanatorio. Él nunca había sido donante, yo varias veces, y nunca me impresioné ni me sentí mal después.

Cuando llegamos a hematología fue muy bizarro, porque desde la sala de extracciones se escuchaba “¡Ángel!” (cachetazo), “¡Ángel!” (cachetazo), “¡Ángel!” (cachetazo más fuerte). Después de lo que parecía un round de boxeo, parece que Ángel volvió en sí. Por suerte ninguno de nosotros se desmayó, y luego de 10 minutos y 450 cc de sangre menos en nuestro cuerpo, nos dejaron ir a desayunar.

Al final conseguimos 8 donantes para la nona. Una fue Cecilia, una lectora de este blog, que cuando conté la historia de mi donación de plaquetas, se ofreció donar para la abuela. Estas actitudes tan desinteresadas hacen que estemos una persona menos para cumplir con las exigencias del hospital. Y, lo que no es poco, me dan esperanza en la raza humana. Cecilia es de esa clase de personas, que da sin nada a cambio. No la conozco, y se tomó tamaña molestia, a riesgo de marearse y que la revivan a trompadas. Realmente estoy muy agradecido, y espero cruzarme con más gente como ella en la vida.

Las recomendaciones post extracción suelen ser las mismas en todos lados: desayunar, no levantar peso las siguientes 2 horas con el brazo pinchado, dejarse la gasa y la cinta por 4 horas, y no hacer actividad física las siguientes 24 hs. Yo sé, y me lo confesó un médico de hemoterapia, que esto es para la gente impresionable. A algunos les baja la presión luego de donar, pero no por la extracción, sino por sugestión. Ya dijimos varias veces, la cabeza domina al cuerpo, y si creemos que nos vamos a sentir mal, nos aseguraremos de que así sea.

Hace más de un año, cuando Semana 52 ni siquiera existía, doné por la mañana y estaba corriendo por la noche. Y no sentí nada. Pero el pobre de Ángel, sopapeado por los enfermeros para que vuelva en sí, contaría otra historia…

 

PD: Todavía necesitamos dos donantes. Si alguien quiere tener nuestra enorme gratitud, me avisa!

Publicado el 28 octubre, 2011 en Reflexiones y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Gracias por tanta gratitud, Martín, me inhibe 🙂

    A mí, al igual que a vos, no me cuesta dar sangre. No miré el pinchazo sólo porque la extraccionista me lo pidió, no me impresiona para nada.

    ¡Pobre Ángel, como cobró!

    Aprovecho para agregar el dato de que muchos centros de salud tienen programas de donantes frecuentes, es decir habitués que donan 3 o 4 veces al año. Los donantes espontáneos son una fuente más segura de sangre porque no se sienten presionados por la circunstancia de tener que ayudar a un familiar.
    Por otro lado, a todos los que no han donado sepan que a veces es complicado para la familia de un paciente (muchas veces delicado) encargarse de conseguir donantes. Sobre todo cuando no es un grupo tan común. Lo digo por experiencia propia. Además es muy probable que todos en algún momento tengamos un allegado que necesite transfusiones.

    El sitio de la Fundación Favaloro dice “Si en Argentina una de cada 25 personas donara sangre por lo menos una vez al año estarían cubiertos los requerimientos transfusionales del país.”

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