Semana 4: Día 23: Con quién compararnos

Antes de Semana 52 (o sea, no hace mucho) vivía comparándome con los demás. No es algo poco común para una persona que tiene tres hermanos varones. Cuando uno crece con otros niños, es inevitable la competencia por la atención de los padres. Y esos pobres progenitores tienen que intentar ser justos, repartir su tiempo, y dar el ejemplo de que no hay favoritismos.

Supongo que cuando un infante sale de su casa y se encuentra con que la cartuchera del compañerito tiene a Voltron y la nuestra a Carlitos Balá, algo está fallando, y aprendemos a desear lo que no tenemos. Ese mal hábito se queda toda la vida. Mientras crecía apareció el interés por ser socialmente aceptado, entonces me comparaba con lo que creía que las chicas querían. Ya el corte de pelo o la ropa empezaban a cumplir una función. El tema es que a medida que uno crece y entra en las últimas instancias de la adolescencia, comer pan con mayonesa todos los días empieza a hacer estragos en nuestro físico.

A esta altura de mi vida me comparaba con las estrellas del momento, que a esta altura podrían haber sido los Backstreet Boys o algún grupo de jóvenes cantantes. Ellos tenían la cubetera en las abdominales, y recuerdo imaginar qué bueno sería tener ese físico. Pero ahí la comparación era injusta para mí, entonces me sentía disminuído. En un momento me harté de lamentarme, desempolvé unas pesas que andaban dando vuelta en mi casa, y me puse a ejercitar una hora por día. Ese fue el prototipo de Semana 52, hace unos 10 años. En pocos meses pasé de 82 kg a 65, combinando también salir a correr y comer más sano. Fue en esa época que di el salto al vegetarianismo.

Y esas pesas que había desempolvado no estaban en mi casa de casualidad, sino que eran de mi hermano Matías. Con mucha dedicación, empecé corriendo 3,5 km, y a cada semana estiraba la distancia, hasta que al cabo de unos meses llegué a 10 km. Los gemelos me quedaron hechos una piedra (pero no en un buen sentido) y me destrocé los talones y los dedos de los pies. Entendí que ese era el techo, correr eso o más equivalía a destrozarme. Pero Matías intentó darme consejos para no desanimarme. Había que hacer cambios de ritmo, acostumbrar a los músculos, desarrollar potencia de piernas. Todo eso me parecía demasiado complicado. Entonces me comentó que él solía correr unos 15 km.

Listo, ya está. Fue el fin de mis aspiraciones como corredor (al menos un tiempo). Si correr 10 km me había dejado bastante maltrecho, no podía imaginar alcanzar la distancia de mi hermano. Era imposible. Ni siquiera me podía imaginar cómo hacía él. Me volví a meter en la trampa de compararme con otra persona. En ese momento no tuve en cuenta que Matías alguna vez empezó de abajo, corriendo poca distancia, se entrenó y, alguna vez, tuvo que lidiar con músculos agarrotados y ampollas en los pies. Pero uno se queda con el resultado, y no tiene en cuenta que todos empezamos de abajo. Nadie nace con un físico perfecto, aunque tenga buena predisposición genética.

Gracias a Dios me olvidé de que vivía bajo la sombra de mi hermano, y empecé a andar mi propio camino. Me tomó varios años organizar mi vida como para dedicarle unos días por semana a asistir a un grupo de entrenamiento, y varios meses con ellos para llegar a la marca de los 10k (y superarla). Por suerte nuestro entrenador nos organizaba en forma diferenciada, y alentaba el progreso personal. Los viejos hábitos no mueren, y me seguía comparando con mis compañeros. No me interesaba ser mejor (tenía un mínimo de humildad), pero sí me aterraba ser el peor. No tenía problema en ser un mediocre, pero me preocupaba estar al final de la tabla. Es algo que, aunque no lo confiese abiertamente, me sigue preocupando. Lo achaco a crecer en una casa con cuatro varones.

Descubrí que admiraba a otros corredores del grupo, como lo hacía con mi hermano, y los ponía en un pedestal inalcanzable. Intentaba seguirlos, y más de una vez me quemé por eso (y la pasé un poco mal). Pero también desarrollé cierta terquedad, y aunque nunca fui constante, seguí volviendo e intentando.

Durante toda mi vida viví bajo la sombra de alguien, creyendo que había montones de cosas inalcanzables para mí. Recién cuando me propuse hacer este blog empecé a conquistar algunos miedos, como la bendita maratón. Por eso, en mis adentros, me causa gracia cuando alguien se siente en mi sombra, y me ve como algo inalcanzable. Yo, que cuando teníamos que correr vueltas a la manzana en Educación Física me dedicaba a caminar cuando lo tenía fuera de vista al profesor. Yo, que nunca pude hacer más de cuatro flexiones de brazos hasta hace un año. Pero nunca encontré las palabras para decir que todo es cuestión de dejar de compararse con otro, ponerle empeño y salir a encontrar nuestras propias limitaciones (como para tener un objetivo y buscar superarnos). Siempre me queda la sensación de que voy a quedar como un falso humilde. Pero esa es la verdad. Nunca fui feliz comparándome con los demás, siempre me faltaba algo. Y ahora que me comparo conmigo mismo, y busco repetir experiencias para averiguar si puedo mejorar mis marcas anteriores… ahora sí que soy feliz.

Así que el gran aprendizaje que saqué de mi corta vida atlética es eso. Compararte con un atleta de menor experiencia es soberbia. Compararte con un atleta de más experiencia es una tontería. Hay que compararse con uno mismo, e intentar superarse. Encontrar nuestro límite físico es un objetivo a vencer para el corto plazo.

Publicado el 23 octubre, 2011 en Reflexiones y etiquetado en , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 6 comentarios.

  1. Es verdad, las comparaciones son odiosas, pero al principio uno siempre necesita algún parámetro.

    Vic

  2. “Y ahora que me comparo conmigo mismo, y busco repetir experiencias para averiguar si puedo mejorar mis marcas anteriores… ahora sí que soy feliz.”: buenísimo!

  3. Mart!! Lamento no haber sabido motivarte en ese momento, y me pone muy feliz verte tan motivado ahora.
    Sos un gran deportista y un gran motivador!!

Responder a Matias Cancelar respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: