Semana 0: Día -5: Los 20 km de La Aurora del Palmar

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Hoy, domingo 25 de septiembre, un poquito pasadas las 10 de la mañana, se corrieron los 20k de La Aurora del Palmar, la primera carrera en la que participo después de la maratón del 31 de agosto. Es, además, la última en la que participo en mis “vacaciones” de Semana 52, antes de empezar a entrenar para la Espartatlón.

El Palmar es una reserva ecológica. Como su nombre sugiere, está llena de palmeras. Puede parecer obvia la aclaración, pero hasta que llegué no me di cuenta.

Después de unos días espantosos, lluviosos y fríos, tuvimos la suerte de disfrutar de un fin de semana soleado. Quizá nos confiamos demasiado, porque terminamos con la piel bastante quemada… ¡y esto antes de participar de la carrera!

Lo jugoso de estos viajes es que lo hacemos en grupo. Éramos diez Puma Runners, bastante considerando que nos movilizamos más de 300 km hasta la provincia de Entre Ríos.

La mañana de la carrera fue más calurosa que la anterior (un buen augurio). Desayunos temprano e iniciamos el ritual de cada carrera: preparar el camelback, untarnos con vaselina, guardar geles, gomitas y/o pasas de uva.

Ya nos habían advertido que la carrera no tenía puestos de hidratación, hecho consiente para aumentar su dificultad. Me pareció que la remera podría haber tenido un diseño más lindo y estar hecha de una tela de mejor calidad, pero es el único punto a criticar que tuvo este desafío. Fue mejor de lo que imaginaba.

No creo que llegásemos a más de 100 corredores, aunque yo tenía el número 130. Muchos eran locales, y el ambiente era muy familiero. El organizador, Luis Migueles, explicó cómo era el recorrido de esta onceaba edición. Nos deseamos suerte, y largamos. Pasé debajo del arco a los 14 segundos.

Me separé del grupo (como siempre hago, maldito cortado) y empecé a ganar velocidad. Creo que me molestó salir atrás de todo y por eso quise ganar terreno. Pero me entusiasmé por demás, y el reloj me marcaba que llevaba un ritmo de 4:30 el km. Sabía que no lo iba a mantener, pero tampoco quería aflojar.

Como toda carrera crosscountry, la gracia de este desafío estuvo en el paisaje y la variedad del terreno. Largos senderos eran de arena, lo que frenaba el paso y cansaba las piernas.

Quise “sentarme” en otro corredor, y empecé a buscar a uno que tuviese un ritmo similar. Uno de colita, al que bauticé Gonzo, fue el elegido. Pero yo venía forzando mi ritmo, así que me costaba seguirlo. Me senté en su zancada todo lo que pude, hasta que por precaución (dolores en el costado del torso) lo dejé ir.

Los caminos de arena rodeaban naranjos y se alternaban con pasto y tierra reseca. El horizonte estaba enmarcado por infinitas hileras de palmeras.

Necesitaba hablar con otro ser humano, y me arrepentí un poco de haberme largado solo. Por suerte encontré una profe para charlar, Marilina, que casualmente entrenó mucho tiempo a Vicky. Pero antes de llegar al bosque también tuve que dejarla ir.

El sol pegaba muy fuerte, y meternos en esos senderos cerrados fue una bendición. Me saqué la gorra para refrescar la cabeza, amparado en toda esa sombra. Era un riesgo, porque además de que tiene visera, esta prenda protege el cuero cabelludo de las ramas. Fui a los saltos, agachándome y esquivando obstáculos. Fue sin dudas la parte más divertida.

Cuando salí del bosque ya estaba en los 15 km. Conseguí un lugareño, Gustavo, con quien charlar. Le ofrecí agua (¡no tenía nada!) e intercambiamos historias de corredores, a medida que esquivábamos pozos y troncos.

En una laguna, donde era inevitable mojarse, nos separamos. Refresqué mis pies y le saqué un poco el barro a las zapatillas. Sabía que faltaba poco para terminar y como me había relajado en el bosque, me quedaba resto.

Aumenté la zancada, y en un descampado pasé a “Gonzo”. Volvimos a rodear los naranjos y pocos metros antes de llegar a la meta pasé a Marilina, que logró el primer puesto de mujeres. Mi reloj marcó 01:44:38 en 20,45 km, con un ritmo promedio de 5:07 el km y un consumo estimado de 1450 calorías.

Pronto llegaron los siguientes Puma Runners y nos fuimos fundiendo en sendos abrazos.

Con un almuerzo a la sombra, en un domingo muy caluroso, terminó esta carrera en El Palmar, a la que no le tenía mucha expectativa y que disfruté enormemente.

Publicado el 25 septiembre, 2011 en Entrenamiento y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Un aplauso para Marilina que es una grosa total!! Hoy me crucé al mediodía a saludarla y a decirle a todos que llegó primera porque ella no lo iba a hacer!! jeje!!

    Beso!!

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