Semana 52: De Buenos Aires a Maratón

Hoy morí. En Maratón. Correr es matarse, casi literalmente. Es llevar el cuerpo al límite. Los músculos se tensan, el sistema nervioso se pone en alerta. Poco a poco nos exigimos más allá de nuestro umbral de tolerancia. Avanzamos, damos pasos aunque nuestro instinto nos pide parar, terminar con el sufrimiento. Basta, ya no más. Sin embargo, correr es también renacer. Llegar a la meta es aferrarse a la vida, es conquistar los miedos, es salir adelante.

Hoy morí y renací en Maratón. Fue una experiencia increíble, que intentaré poner en palabras. Como una foto de un lugar paradisíaco que no le hace justicia a lo que podríamos llegar a ver con nuestros propios ojos, debería hacer la aclaración de que esta crónica estará bastante lejos de reflejar lo que fue esta experiencia.

Parte de Semana 52 fue escribir, todos los días, sin excepción, una entrada en el blog. A veces era sobre temas relacionados con el deporte o la motivación, y otras eso que estaba pasando con mi cuerpo, a nivel alimentación o progreso físico. Ese primer objetivo lo cumplí ayer, cuando se cumplieron, en efecto, las cincuenta y dos semanas. Como no quise faltar a esa obligación, terminé acostándome muy tarde. Puse el despertador a las 4:30 de la mañana, siendo que me fui a dormir exactamente a la medianoche.

Eso me generó un poquito de inseguridad. Descansar es absolutamente necesario para enfrentar un gran esfuerzo físico. Pero no quise hacerme demasiado la cabeza. Me calcé una hermosa camiseta blanca que compramos con mi amigo Gerjo en el Decathlón de Madrid (a la que le estampamos “Semana 52” y “Atenas 2011”) y me puse unos pantaloncitos Adidas de color azul y rayas rojas. Este pantalón lo usó mi papá en la única carrera que ganó en su vida, hace 20 años. Él fue mi primer entrenador, el que me enseñó a correr, a respirar, y parte de convertir a Semana 52 en algo cíclico fue calzarme esta prenda (que al comienzo del proyecto no me entraba).

Completé la rutina previa a la maratón con un desayuno con muchos hidratos, y en el auto, camino a la Acrópolis, me embadurné con vaselina por los roces, y protector solar por las quemaduras. Gerjo es mi gran amigo madrileño, que se sumó a esta locura, a último momento, y se convirtió en el gestor de la maratón, twitteando todo lo que le decía durante la carrera, alcanzándome agua, y protegiéndome desde el auto que alquilamos. Fue un lujo contar con su apoyo logístico, y en todo momento me dio aliento y me sacó varias carcajadas con sus comentarios.

Llegamos al estadio de Atenas a las 5:05. Elongué y comenzamos a sacar fotos. En casa (Argentina) eran las 11 de la noche del martes. Gerjo, muy preocupado por mi bienestar, me obligó a usar mi gorrita (que tiene sectores refractantes) y una linternita. La verdad es que los griegos son los peores conductores que he visto en mi vida. Creo que ya conectan la bocina al acelerador, para que suene cada vez que arrancan. Probablemente también esté conectada al freno y al embrague. Estos personajes no respetan las normas de tránsito, violan los límites de velocidad, y fue por eso que decidí imitar a Murakami y correr en el sentido inverso de la maratón clásica: desde Atenas. Además, de esa forma podíamos escaparle al tránsito del centro.

Comencé 5:15, muy emocionado. Atenas no es una ciudad preparada para correr, lo cual me sorprende muchísimo. Aunque era de noche y muy temprano, había bastantes automóviles en la calle. Crucé las calles que los maratonistas conquistarán en Noviembre, evocando la epopeya de Filípides hace 2501 años. Los automovilistas pasan a todas luces, muy cerquita, y la gente que espera el colectivo (parada en la calle) no se inmuta cuando te ven acercarte a ellos.

Gerjo sacaba fotos cada 2 km y actualizaba el Twitter. Aprendió a usar esta red social sobre la marcha, y lo hizo muy bien. En casa, amigos, familiares y desconocidos seguían en vivo toda la carrera. En el km 7 empecé a sentir un dolor muy fuerte en el costado, posiblemente un gas. Yo quería llegar a la meta en 3 horas 30 minutos (la marca que define al maratonista profesional), lo que significa hacer un promedio de 5 minutos el kilómetro. Lo venía manteniendo, pero ese dolor me obligó a bajar la marcha. De a poco fue desapareciendo. Tuve la inmensa suerte de tener a los dioses griegos de mi lado, y prácticamente no enganché un semáforo en rojo que me obligase a frenar.

El día anterior habíamos hecho ese mismo camino en auto con Gerjo, y nos perdimos un par de veces. Estos errores hicieron que aprendamos mejor el recorrido (pero a la vez me metió un poco de miedo, cuando tomé conciencia de lo lejos que son 42 kilómetros). Esas calles eran un poquito conocidas, realmente atravesarlas de noche sin saber a dónde voy hubiese sido un gran problema. Cuando llegamos a la que iba a ser la meta (el estadio de Maratón) me llené de emoción, y me di cuenta que era una motivación inmensa poder alcanzar esa estatua en honor a Hermes, construida en 2010, cuando la batalla de Maratón cumplió 2500 años. Mientras corría en la oscura Atenas, con los autos zumbándome, sólo pensaba en rendirme ante Hermes, dios mensajero de la velocidad.

La situación era un poco bizarra. En el trayecto hay esculturas en honor a los corredores, pero todas miraban en sentido contrario al que yo iba.

A puro gel y bebidas isotónicas, seguí conquistando kilómetros, siempre manteniendo el ritmo por debajo de 5 minutos el kilómetro. En Grecia todas las aguas tienen bajo contenido de sodio, malísimo para un deportista. Otro motivo por el que los griegos me dejan estupefacto. Por esto es que sólo la usaba para refrescarme, y me concentraba en hidratarme con bebidas deportivas.

Cuando vi un patrullero me entró un poco de paranoia, y empecé a correr sobre la vereda. Los oficiales del orden detuvieron a Gerjo y lo retaron (a los gritos, en griego) por conducir tan lento. Él les explicó (en inglés) que lo hacía para cuidarme de que no me mataran, y alcanzó para que lo dejaran ir sólo con una advertencia.

Cuando tomamos la ruta llamada Maratón, sabía que más adelante terminaba la parte fea y gris de la ciudad, y empezaba a aparecer la vegetación, las casitas construidas en las sierras, y las vistas más motivadoras. Casualmente coincidió con la salida del sol, lo cual hizo un cuadro perfecto.

Llegué al kilómetro 21 en una hora 42 minutos. Si mantenía ese ritmo iba a superar mi objetivo con creces. Pero (siempre hay un pero) en el kilómetro 28 empezaron unas subidas tenues, pero que se sentían en las piernas. Al poco tiempo llegó el primer calambre en la pierna izquierda. Entendí que las subidas tenía que hacerlas más tranquilo, y bajé la velocidad. Llegué hasta el km 30 todavía haciendo 5 minutos el kilómetro. Otro calambre. Empecé a sentir que tocaba el muro.

Y sí que lo toqué. Más bien diría que lo abracé, y no lo pude largar. El muro, para quienes no lo conocen, es el momento en que el cuerpo consume todas sus reservas de carbohidratos (tenemos un límite de 2000 por día) y pasa a fuentes alternativas como las grasas o el músculo. Es una sensación que le desearías a tu peor enemigo: las piernas se encienden en llamas, y la inseguridad empieza a hacerse eco en tu cabeza. Para alentarme pensaba en que el límite de 3 horas 30 minutos era un capricho estúpido por el que no valía la pena arriesgar la maratón. También cantaba dentro de mi cabeza (“Don”, de Miranda, ad nauseum, y “Seminare”, de Serú Giran).

Cada vez me sentía peor, y no veía señales de recuperar el ritmo. Intentaba acelerar en las bajadas, pero el reloj no mostraba mejorías. Gerjo no podía detenerse siempre que yo lo necesitaba (era todo ruta, y siendo que los griegos manejan como manejan, no podía ponerse en riesgo). Cada vez que tenía sed y no veía el auto por ningún lado gritaba e insultaba a grito pelado (total, nadie me entendía). Pero siempre estaba Gerjo asomándose tras un matorral, haciéndome el aguante, sacando fotos, filmando para el documental.

En el kilómetro 34 renuncié a correr con las piernas, y empecé a hacerlo con el corazón. Me distraía leyendo los carteles en griego. Entiendo cómo se pronuncia, pero no qué significa. Intentaba dilucidar qué decían, y así pasaba los kilómetros. Mi ritmo bajaba cada vez más, el dolor pasó de las piernas a la zona lumbar y la espalda. Yo sabía que iba a terminar, pero quería que fuese ya. Me dominaba la ansiedad.

Faltaba cada vez menos. No quise más agua, estaba asqueado de geles y bebidas energizantes. Sólo quería ver el estadio y saber que ya estaba ahí. Pero el último tramo es siempre el más largo. Uno pasa los primeros 21 kilómetros con una velocidad increíble, pero los últimos 4 duran mucho más.

Por supuesto que el estadio llegó, y grité “¡No lo puedo creer!”, mientras Gerjo corría a mi lado, filmando. Un grupo de jardineros levantaron la vista y miraron a ver si me pasaba algo. “Iasas” les dije, que es como se pronuncia (más o menos) “Hola”, en griego.

Vi esa estatua plateada muy cerca, casi la podía tocar. No pude sprintar como hago siempre, pero corrí más rápido. En mi estado, era como hacerlo a toda marcha. Subí a los saltos (y con algo de dolor) las escalinatas y me rendí ante Hermes. Caí de rodillas, y sentí ganas de llorar. Me quedé largo rato recuperando el aire, pensando en que, finalmente, lo había conseguido. 3 horas 44 minutos. No era la marca que quería, pero seguía siendo una carrera estupenda.

Quien esté al tanto de lo que uno nunca debe hacer en una carrera sabrá que cometí un error muy estúpido, que fue detenerme en seco en lugar de seguir caminando. Cuando quise levantarme incorporándome sobre mi pierna derecha, sentí un dolor terrible en el costado interno del muslo. Grité de dolor. Dije “bueno, probemos con la izquierda”. Nuevo grito. Me quedé tirado en el piso, agotado, sin poder moverme. Gerjo me preguntó si necesitaba agua. “Sí”, le contesté, “y un par de piernas”.

Se fue al auto (que quedó a 150 metros de la estatua) y me quedé solo, con el sol dándome de lleno en la cara. Pensé en todos los que hicieron posible tanto Semana 52 como esta carrera. Mi papá, Eduardo Casanova. Mi entrenador, Germán DeGregori. Mi nutricionista, Romina Garavaglia. Toda mi familia (mi mamá, mis hermanos). Gerjo, que se convirtió en mi héroe de último momento. Vicky, mi alma gemela, quien más confió en mí. Toda la gente que comentaba en el blog, dando aliento y debatiendo, como Brenda, Juanca, Imafuckinrunner, y tantos otros que necesitaría un post extra para nombrarlos a todos. Pero todos estaban ahí, conmigo. Todos estuvieron en todo momento.

Tomé conciencia de lo que acabábamos de hacer cuando Gerjo me pasó su iPhone y vi todos los comentarios en el Twitter (@semana52). Qué locura. Una experiencia emocionante, en vivo, con palabras de aliento durante el trayecto y mensajes de alegría al final. Efectivamente, aunque los sentía a todos muy cerca mío mientras corría, realmente pudieron vivirlo conmigo, a cada momento.

Terminar una maratón es una experiencia entre gloriosa y espantosa. Me sentí mareado, con unas terribles ganas de ir al baño (desaparecían cuando me sentaba y reaparecían cuando estaba de pie). Gerjo, luchador por los derechos de gays y lesbianas y miembro de Fundación Triángulo, me sacó una foto apoyando a todos los modelos de familia, a los pies de la estatua de Hermes. Quizo sacarme otra más. “No puedo”, le dije. Apenas podía estar parado.

Fuimos al auto, leyendo los twits y riendo. Mis amigos proponían exigir un panqueque con mi nombre en “Carlitos”. Otro me dijo que esta experiencia via Twitter le causó la misma emoción que Lost. Tan importante como es la alimentación antes y durante la maratón, lo es a posteriori. Nada de grasas y atiborrarse de comida. Tomé agua, comí hidratos de carbono, me saqué las zapatillas, las medias (tenía un dedo sangrando, no sé por qué) y me recliné en el asiento. Ya está. Tarea cumplida.

Lo llamé a mi papá con el celular de Gerjo. La voz se nos quebró a los dos. Después llamé a Vicky. No pude aguantarme y me largué a llorar. Adoré estar ahí donde estaba, pero odié estar tan lejos de ella en ese momento. Ya nos veremos pronto.

El resto del día descansamos en una hermosa playa griega. Es curioso, pero excepto en el hostel, no he visto turistas en ningún lado. Sólo Gerjo y yo, inmersos en un país donde todos hablan griego, y unos pocos inglés. Un país de conductores dementes, que tocan bocina todo el tiempo. Donde un tipo llamado Filípides, sin saberlo, comenzó una tradición que hoy se conoce como Maratón. Y que yo elegí como cierre de Semana 52.

Obviamente el blog sigue, después de unas merecidas vacaciones fuera del teclado. Volveré a postear, seguramente, a partir del fin de semana. Ahora me quedan dos días en Grecia donde quiero recorrer y no preocuparme si tengo wifi o no. Ahí ahondaré cómo quiero seguir el nuevo año, que comenzará el último viernes de septiembre, y terminará en esa misma fecha, en 2012, con una carrera llamada Espartatlón.

Publicado el 31 agosto, 2011 en Carrera, Reflexiones y etiquetado en , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 52 comentarios.

  1. “Níke” (Victoria). Sos groso. Un loco de la guerra, pero groso. Felicitaciones.

  2. Mis más ceñudas felicitaciones, Martin. Yo sabía que lo ibas a hacer, aunque cuando comenzaste faltaba tanto. Un abrazo y nos vemos a tu regreso. 🙂

  3. Sos un Zarpado!
    Sos un grosso!
    Un hijo de puta!
    Un Fenómeno!
    Sos un idolo!
    Lleno de emoción te abrazo a la distancia, te felicito.
    Cuando le cuente a Lauti!!!
    Sportacus… un poroto (Léase: heroe de Lazy Town, paradójicamente)
    Sos un campeón!
    Lo lograste!!!
    Te felicito, estoy muy emocionado!

    Feliz cumpleaños !!!

    Espero verte pronto.
    Besos y abrazos
    Te quiero mucho

  4. “En el kilómetro 34 renuncié a correr con las piernas, y empecé a hacerlo con el corazón”, ningún héroe (ni Superman) podría describir mejor tal hazaña de proporciones épicas.

    Siento un gran orgullo de ser tu amigo y qu las palabras que escribís me llenen de emoción y lágrimas, anto anoche cundo gritaba sólo -en la madrugada- mientras el twitter de semana52 se actualizaba.

    Te mando el más fuerte de los abrazos a la distancia y te declaro mi máxima admiración.

    Te quiero!!!

    Mati

  5. El esfuerzo vale la pena! Buen regreso. Juanca

  6. La perseverencia lo puede todo!
    Te felicito!
    Gran hazaña!
    Tu nutri!

  7. Muchas Felicitaciones!!! cuña!!!, sos un ídolo, te lo super merecés!!!

  8. Estoy muy orgullosa de vos!!
    Esta es otra victoria tuya!!
    Es así, y lo dije hace 5 meses atrás, tarde o temprano a todo groso le llega su victoria!!

    Sos el mejor!!

    Te amo!!

    Vic

  9. Martin 21:51 en La Pampa, te descubri alla por el dia 14 o 15 no recuerdo y nunca tuve dudas de que lo ibas a lograr, somos muy parecidos, mi mas profunda admiración y suerte, ojalá algún dia te pueda conocer en alguna competencia (contra nosotros mismos) ABRAZO!!!!

  10. Admirable realmente el compromiso y esfuerzo con el que llevaste adelante Semana 52!!.Esto solo fue una prueba que te afirma que todo lo que decidas realizar en tu vida podras alcanzarlo!

    A disfrutar de tus merecidas vacaciones!!!..
    Besos!!

  11. Hola Martín !

    Es difícil también para mí transmitir la experiencia que viví esta madrugada. Simplemente te recuento los momentos más intensos: a partir del Km 31 “las piernas queman”, Km 34 “toqué el muro”, Km 35 “calambre”, Km 38 “no doy más”. Yo te creía, porque pensé que la mente y el corazón empujaban, pero si se acabó la “gasolina”…. preguntale a Reuteman, esa carrera en BsAs que punteaba y en la última vuelta se quedó sin nafta. Bueno, corté clavos como pocas veces, porque merecías llegar !!… la alegría, la emoción y el orgullo del final fue muy grande. Entonces me dije: los tiempos han cambiado y “los hijos saben más que los padres”. Gracias por todo… quedó probado que hay que prestarle atención a “los medios”, que ellos se encargarán de “los fines”.

    Un abrazo fuerte.

    • Gracias, papi. Como ya dije, estuviste conmigo, desde tus consejos hasta tus pantaloncitos, que me contagiaron un poco de tu gloria. Fue algo muy hermoso que pudieran compartirlo momento a momento conmigo. Lamento haberles compartido además algo de mi propia incertidumbre! Beso, y nos vemos pronto.

      • Martín:

        Seré grosero: los pantaloncitos eran míos, pero los huevos eran tuyos ! Fue muy lindo también para mí, poder compartir la Maratón momento a momento… gran idea y resultó excelente…otra vez, gracias Gerjo ! Estuvo bien que hayas compartido esos momentos tan difíciles… te estabas muriendo y yo quería saberlo !. No era mucho lo que yo podía hacer, pero quien sabe… el estar conectados genera un poder extra.

        Te escuchamos en la radio, con mamá.. muy linda nota y me gustó que Santiago haya conseguido que lo graben y pasen el mensaje. Me había comentado un rato antes, que quería hablar con vos en vivo… fue un logró. Beso y abrazo, nos vemos.

        • Sí, para mí también fue una linda sorpresa escucharlo a Santi en el programa. Salió todo redondo, el twitter, las entrevistas… me siento en la gloria. Pero no dejo de reconocer que no llegué hasta acá solo. Vos y mamá hicieron esto posible.

          Besos!
          M

  12. Grande Tincho! FELICITACIONES… Te acabo de oir por Metro… garpas en radio papá!

  13. Mart!!! Te acabo de escuchar en la radio.
    Nos emocionamos mucho con Na y Maite.
    Sos un ejemplo.
    Nos recordas a todos que podemos vivir persiguiendo un sueño, y que es posible lograrlo.
    Te queremos mucho!!! I-DO-LO!!!

  14. Martincito, te felicito por la aventura y haberla conseguido! Un orgullo de constancia, perseverancia y superacion!!

    Abrazo grande

    Federico

  15. Gustavo Sassi

    Martin, qué belleza, tus palabras, que belleza “verte” correr, sentirlo. Te admiro y te agradezco esta experiencia que me emociona. Sé egoísta, llenate de orgullo que nos contagias. te quiero mucho amigo, abrazo grande!!!!!!

  16. Si me decías hace dos años que ibas a correr una maratón en Grecia, te respondía que estabas loco. Igual lo estás. Como todos, o casi. Felicidades y felicitaciones, te las recontra-merecés. Y no te voy a preguntar “¿y ahora qué?”, porque tengo que fingir que soy bueno. Un abrazón!

  17. Felicitaciones desde Rosario, recuperandome de un desgarro y entrenando para los 21 km de ADIDAS en Baires, aguante y ahora a disfrutar MAESTROOOO

  18. Impresionante!
    Te felicito por lograr tu objetivo.
    Excelente el tiempo!
    Abrazo

  19. Llegue para el mejor momento!!

    Me contaron de este Blog por que soy el deportista del laburo (empeze a correr para 10k). Tengo ganas de correr maraton el año que viene.

    Te mando un abrazo y no creo que estes loco. Hay que correr para entenderlo!

  20. Como dijo un tal Walt Disney: “todo comenzó con un ratoncito” Martin, fuiste construyendo de a poco una cadena de motivaciones, un ser real que se pone una meta y la consigue.

    Un abrazo enorme, me alegra que hayas terminado ese año agotador con la pompa que lo hiciste!!
    Espartatlon!!!! que ambicion!

    Yayo

  21. Me embarga la emoción y no encuentro palabras. Te mereces todo lo que conseguiste porque peleaste todo los dias por eso. Uno logra todo lo que verdaderamente se propone!
    Desde mi teclado va otro voto por el panqueque “Casanova” en Carlitos, estaria bueno debatir el relleno en el blog. Yo opino que como mínimo tiene que ser bajo en grasas y vegetariano, por supuesto.

    • Jaja, totalmente. La masa tiene que ser de espinaca, el queso light (nada de queso crema, sino port salut) y el relleno de zanahoria cocida, cebolla y champignones. Creo que eso me representa un poco, y hace un plato completo con hidratos, proteínas y vegetales!

  22. Soledad Ciccioli de Orero

    No creo poder agregar nada a lo dicho, sólo dejar mi huellita aquí, y que sepas que este logro es una fuente de inspiración para todos los que saben que existe una persona llamada Martín Casanova (bueno, algunos ignoran que te llamás Horacio, también), que se propuso una meta y la alcanzó. Que es posible, que se puede lograr… Que se pueden tocar los sueños con las manos.
    Gracias, primo. Sos un grande!!!! Te admiraba ya desde antes, pero me diste nuevas y mejores razones para seguir haciéndolo.

  23. Gracias, ha sido -y seguirá siendo- un ejemplo muy inspirador y lleno de motivacion. Mis respetos, admiración y felicitaciones.

  24. Hola Martín !

    He releido este post de la Maratón muchas veces… y me emociona cada vez.
    Me sigue impresionando tu crónica: un relato apasionante, muy lúcido, muy rico… es como “la frutilla de la torta”… un texto “de la gran fruta”. ¡ Será porque has vivido !
    Una vez más, Felicitaciones !

    • Gracias, papi. Lo sentí un poco apresurado, teníamos que cenar, y se pasaban las horas y seguía encontrando cosas que decir. Creo que nunca escribí un post tan largo, pero tenía sentido, siendo que era un cierre en todo sentido. Besos!!!

  25. imafuckingrunner

    LO LOGRASTE!

    Nunca dude de que lo ibas a lograr, te felicito man, y ahora, vamos por mas!

    Spartathlon, estas del tomate 😛

    Aqui estaremos siguiendo tu progreso.

    Abrazo maratoniano!

  26. Martín, soy amigo de tu papá.
    Recién leo el Blog y me pareció una de esas experiencias que te llenan la vida de satisfacción, muy motivadora y digna de compartir más allá de vuestro círculo de afinidades. Gracias por compartirla conmigo.
    Felicitaciones para ambos!

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