Semana 48: Día 336: Mente sana, cuerpo sano

Hoy leí la siguiente máxima: “Una mente sana siempre se encuentra en un cuerpo sano. Correr no solamente purifica el cuerpo, llena de vitalidad los músculos y las articulaciones, sino que además, fomenta un estado mental abierto y dinámico. Quien lleva un estilo de vida sedentario frecuentemente padece todo tipo de molestias y fatigas, por lo tanto, no puede pensar en otra cosa. Los corredores, en cambio, encuentran en la perfección de su esfuerzo deportivo el camino recto a un cabal estado de salud, que se traduce en dicha y capacidad intelectual”.

No podría estar más de acuerdo. Los lectores que hacen uso del historial o que han leído Semana 52 desde el principio, saben que abandoné análisis unos días antes de empezar la rutina de entrenamiento. Hacía 10 años que me analizaba, y debo decir que me ayudó muchísimo a madurar. Uno de los descubrimientos más importantes fue cómo lo mental se manifestaba en lo físico. Y también cómo ponerle el cuerpo a los problemas generalmente los resolvía (contrariamente a sólo pensarlos y nada más).

Correr siempre me hizo sentir bien conmigo mismo. Y una autoestima “sana” cambia nuestra percepción de la vida, y nos permite, de alguna forma, tener la motivación para seguir entrenando. Cuando me planteé empezar con Semana 52 sabía que iba a dedicarle un año entero a entrenar y a ser más responsable con la alimentación. Probablemente hubiese sido interesante seguir haciendo terapia y analizar todos esos cambios. Pero me pareció un buen momento para dar un salto de fe, y confiar en que ese bienestar que sentía entrenando esporádicamente se iba a potenciar. Y por supuesto, así fue.

No quiero sonar como un ingenuo. Dedicarle más horas a la semana a entrenar no me solucionó todos los problemas. Sigo angustiándome, preocupándome por tonterías, obsesionándome con cuestiones físicas y todo eso. Pero empecé a tomarme las cosas más a la ligera, a ver las cosas desde otra óptica. El mundo va a otra velocidad ahora (o seré yo). Correr sigue siendo mi tiempo de paz mental, en el que todo toma su verdadera dimensión.

Afortunadamente algo de eso queda cuando no estoy entrenando (si no, debería estar corriendo todo el día). De hecho, cuando me siento en frente de la computadora a escribir el post del día, las cosas están más claras. Cuando desarrollamos la salud del cuerpo, en el proceso adquirimos experiencia. Así que entrenar nos vuelve, de algún modo, un poquito más sabios. Y todo lo que aprendemos, lo aplicamos nuevamente a desarrollar nuestro físico. Es lo que se llama un círculo virtuoso.

Publicado el 2 agosto, 2011 en Reflexiones y etiquetado en , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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