Semana 48: Día 332: Esa maldita ceniza

Las cenizas del volcán Puyehue, que hizo erupción el 4 de junio, viajaron miles de kilómetros, imperceptibles, movidas por corrientes de aire, hasta llegar a Buenos Aires y depositarse adentro de mi nariz. Sus efectos fueron demoledores.

Nosotros, que vivimos en promedio 75 años (con suerte y vida sana), no tenemos noción de los movimientos telúricos. Bueno, mi novia sí tiene noción, porque es geóloga, y sabe que las placas tectónicas se mueven 6 cm por año, y que un millón de años es “poco tiempo” (gracias a esta percepción temporal, me permito llegar 20 minutos tarde cuando voy a verla). Aquel frío día de junio salimos a andar en bici por la reserva ecológica, en Costanera Sur. De regreso tomamos unos mates, y me dormí una siestaza en el sillón. En la otra punta de nuestro país, se generaban 230 sismos por hora, con 12 eventos de una magnitud mayor a 4,0 grados en la escala de Richter. El volcán Puyehue, en la cordillera de los Andes chilena, a 2240 metros sobre el nivel del mar, hacía erupción.

Las cenizas alcanzaron los 10 mil metros, y comenzaron a cubrir el lado argentino. Entre sueños, tirado en el sillón, escuchaba cómo en Bariloche se había hecho de noche. ¿Estaba preocupado yo? EN ABSOLUTO. ¿Acaso Bariloche no estaba a miles de kilómetros? Dos días después, un avión de Lan Chile me llevaba a Lima, Perú, para comenzar mi aventura que me llevaría a mí y a un grupo de amigos hasta el Machu Picchu. De vez en cuando miraba los mails, y leía las noticias de la ceniza volcánica llegando a Buenos Aires. Pronto empezaron a cancelar vuelos. Nos preocupamos un poco (en la escala de 1 a 10, nos preocupamos un 3). Estábamos lejos, y pasándola bien.

Volví a Argentina y aunque me querían contar qué horrible había sido vivir bajo esa ceniza invisible que generaba problemas respiratorios, me era muy difícil imaginármelo. Parecía que todos se habían vuelto detectores de humo, levantando sus narices al viento y culpando al Puyehue de todos sus males respiratorios.

Y entonces, el clima intervino. Un viento del sur trajo lluvias, y de nuevo ceniza en el aire y cancelaciones de vuelos. Pero a diferencia de otras veces, yo estaba en Buenos Aires y no a miles de kilómetros. Repentinamente sentí un dolor de garganta y de pecho, más congestión. Uno suele incubar una gripe, pero esto fue de un momento al otro. Yo quería entrenar, estaba recuperándome de la costilla (que ya no duele más), pero me sentía tan hecho polvo como la ceniza que estaba respirando.

No soy alérgico, o creo no serlo, pero este evento climato-geológico me dejó nocaut. La inahalación de ceniza puede provocar el empeoramiento de enfermedades pulmonares, asma o silicosis por exposición prolongada al aire libre. También trastornos gastrointestinales por la ingestión de agua contaminada con fluor y metales pesados como arsénico o mercurio, o por la ingesta de alimentos contaminados. Por supuesto que la peor parte se la llevan quienes están más cerca del epicentro, pero lo frustrante es esa amenaza invisible. Sólo distinguimos lo que parece una niebla, pero puede causar daños oculares, como conjuntivitis y abrasiones en la córnea.

La ceniza microscópica puede ser peligrosa cuando se asienta sobre la tierra porque las partículas inhaladas, pueden alcanzar las regiones periféricas de los pulmones y causar problemas respiratorios. Aunque se dice que esta nube invisible no es tóxica, en una exposición prolongada irrita las vías respiratorias. ¿Cómo detener a la ceniza? Bueno, parece que es imposible. Pero uno se expone mucho más a la intemperie que si se queda adentro. No pudo ser mi caso, porque tenía que salir a trabajar, pero siento que lo peor ya pasó, y después de una semana sin entrenar (de cara a la Merrell de Pinamar, nada menos), me toca volver a intentarlo y ver qué tal están mis pulmones.

No veo todos estos percances como señales que me desalienten. Al contrario, falta tan solo un mes para que termine Semana 52, y todos estos problemas hacen que esta última etapa sea más… interesante.

Publicado el 29 julio, 2011 en Reflexiones y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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