Semana 47: Día 326: La incertidumbre de la carrera

Imaginemos a un corredor perfecto. Su zancada es óptima, sus músculos trabajan perfectamente en sincronía. Sabe qué comer antes, durante y después. Su mente está absolutamente afinada y puede darse cuenta de a qué velocidad está corriendo y cómo aumentarla al acelerar el paso. Tan a punto está que sabe con exactitud a qué hora va a cruzar la meta. Este corredor, además de que no existe, jamás va a sentir incertidumbre, al punto de que no va a encontrar mucha motivación para correr.

Seamos honestos, ¿alguna vez alguien está seguro de qué tiempo va a hacer? ¿Queremos realmente saber en qué puesto vamos a llegar? Podemos ponernos objetivos, intentar alcanzar algún tipo de marca, pero justamente ese desconocimiento es lo que nos moviliza. Queremos lograr algo, y nos lanzamos a averiguar si somos capaces, si lo vamos a conseguir.

Si nos mentalizamos en terminar una carrera, a menos que nos caiga un meteorito en la cabeza, pocas cosas nos lo van a impedir. Durante la última Merrell de Tandil, Marcelo me dijo “Mi objetivo es llegar entre los primeros 500”. Yo le dije que me contentaba con mejorar mi marca anterior, de 3 horas 45. Durante la competencia no teníamos reloj, y cuando veíamos a alguien de la organización le preguntábamos cuánto faltaba, qué distancia quedaba por delante. En el fondo sentíamos esa incertidumbre, un cosquilleo en la panza, las “ganas” manifestadas. Corríamos pensando en nuestros objetivos personales, sin saber con qué nos íbamos a encontrar. Llegamos a la meta a pocos minutos de las 3 horas, y al día siguiente vimos que estuvimos entre los primeros 100. Esa sorpresa, haber superado nuestras expectativas, fue una felicidad muy grande.

Con casi todas las carreras pasa lo mismo. Sea de la distancia que sea, me pongo un objetivo y salgo a intentar alcanzarlo. Puedo fracasar o no, eso no importa, pero justamente intentar averiguar de qué somos capaces es una de las formas más simples de motivarnos. Es como en las películas, cuando en el punto de giro del primer acto se plantea el conflicto, y avanzamos todo el segundo acto con la incertidumbre de si lo va a lograr o no. En el tercer acto nos enteramos finalmente si lo consigue o no, sea quedarse con la chica, salvar el puente para que no caiga en manos enemigas, o destruir a la Estrella de la Muerte. Las carreras son nuestras propias películas, lo que importa no es tanto la resolución, sino el camino, cómo intentamos nuestro triunfo personal.

A qué hora crucemos la meta o en qué posición lleguemos es anecdótico. Lo jugoso es cómo llegamos del punto A al B. Y sólo lo vamos a averiguar poniendo el cuerpo y avanzando paso a paso. Si supiéramos exactamente cómo y cuándo vamos a llegar… ¿correríamos con las mismas ganas?

Publicado el 23 julio, 2011 en Carrera, Reflexiones y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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