Semana 43: Día 299: Los 7km de Kleenex

Por suerte se alinearon los planetas, y casualmente en el día 300 de mi entrenamiento tuve una carrera. Venía super-oxigenado de Perú, entusiasmado por haber vuelto a entrenar con mi grupo, y con ganas de estrenar mis guantes primera piel en una competencia. Una forma de festejar este número mítico a lo grande.

Pero, por supuesto, aunque uno planee las cosas, no siempre salen como uno las imagina.

Quizá exagere, pero esta mañana me pareció el día más frío del año. Nos juntamos con los Puma Runners a desayunar. Generalmente conseguimos inscripciones gratis por ser auspiciados por la marca del pumita, y siempre pasa que corro con el chip de otra persona. No es la muerte de nadie, pero tampoco está bueno terminar con un tiempo y que en el excel de los resultados aparezca algo completamente distinto. Esta vez, desayuno mediante, teníamos tiempo de organizarnos, repartir los kits, y evitar que yo me vuelva a quejar.

“¿No hay chip?”, pregunté. “No, para esta carrera no hay”, me respondieron con total seguridad. No es la primera vez que participo en una competencia donde es uno el que tiene que controlar su tiempo de llegada. Eran relativamente pocos kilómetros, así que no me sorprendió.

Nos abrigamos y salimos hacia la largada, en Monroe y Figueroa Alcorta. La policía ya estaba controlando y cercando las inmediaciones de la cancha de River, para el partido que significaría su descenso a la B Nacional. El conductor que nos llevó hasta la carrera, nuestro amigo Mak y fanático del millo, tenía muy pocas esperanzas para su equipo.

Tenía mis dudas si correr en pantalón corto o no. Tuve un momento de iluminación, y antes de bajar me puse unos calzoncillos largos de lana. No son tan glamorosos como unas calzas, pero abrigan y es lo que importa. Cuando tomé contacto con el exterior, entendí que estaba tomando la decisión correcta. No sé cuánto marcaría el termómetro, pero se sentía como si uno fuese a escupir cubitos de hielo. Trotamos para entrar en calor, estiramos un poco y fuimos a la salida. Es importante tratar de salir adelante, sobre todo si no tenemos chip que nos descuente el tiempo que tardamos en pasar por debajo del arco.

Como siempre, comenzaron antes las categorías especiales, acompañado de un aplauso enguantado del resto de los corredores. A las 9:30 de la mañana, el cronómetro llegó a cero, y largamos. Después de ese fastidioso embudo en el que uno recibe no menos de cinco codazos y empujones, encontré una abertura y empecé a correr, con zancada larga y acompañando con los brazos. ¿Cuánto tiempo aguantaría ese ritmo? No demasiado.

El frío era tal que me lloraban los ojos. A los pocos metros noté que me costaba respirar. Estaba congestionado, y no ingresaba el aire suficiente. Si inspiraba por la boca me arriesgaba a enfermarme de la garganta, así que aguanté todo lo que pude. Pasé el km 1 a los 3 minutos, 30 segundos. Si sostenía esa velocidad, haría la mejor carrera de mi vida. Mi objetivo era llegar abajo de 28 minutos, y si empezaba fuerte, tenía margen después.

Pero respirar era muy dificultoso. No tenía frío, eso era algo. Crucé el km 2 a los 7:20, eso significaba que mi velocidad había bajado bastante. Nada alarmante, necesitaba concentrarme en encontrar mi ritmo y mantenerlo. Pero en cada control, el cronómetro me señalaba que iba un poquito más lento. En el km 3 me acostumbré a mi nariz tapada o se destapó un poco, porque empecé a respirar con más naturalidad. La ruta de la carrera era muy conocida por mí, en la zona de los lagos de Palermo. Por esta etapa noté que el cordón de mi zapatilla izquierda se había desatado. Los segundos contaban, así que decidí no darle importancia (y no pisarlos).

No estaba seguro de si aumentar la velocidad o aguantar hasta ver la meta. No encontraba tampoco ningún corredor para “sentarme” e ir a su ritmo. O los pasaba, o me pasaban y los perdía de vista. Reconozco que correr en la calle me gusta. Es una experiencia muy diferente a las carreras de aventura, pero siento que el paso es seguro, sin riesgos a torceduras o tropezones.

Crucé el km 6 a los 24:30. Si sostenía esa velocidad crucero, no iba a cumplir mi meta. Empecé a aumentar la zancada. Tenía que hacer la misma velocidad de cuando arranqué. ¡Muy difícil! Esperé al sprint para cuando viese la llegada. Comenzó a asomarse atrás de una curva, y piqué. Con todas mis fuerzas. No podía distinguir qué decía el cronómetro. Cuando estaba a unos 20 metros, vi que marcaba 28 minutos exactos. Pasé por debajo del arco 5 segundos después.

Estaba feliz y atontado, esa típica sensación que uno tiene al llegar a la meta. Me dieron agua helada, y me recordó a las botellas calientes que repartían el 31 de diciembre en la San Silvestre. Mientras avanzaba, intentando pelar una banana con guantes, veía que los otros corredores llegaban y entregaban su chip. Sí, era con chip. Recibimos un mal dato, y ninguno podrá contabilizar su tiempo. Por suerte llegué justo antes que una mujer, así que entre lo que indicaba el cronómetro y ese dato, me sirvió para ubicarme y calcular mi carrera en 28:03 neto. Creo que en la general hubiese llegado en la posición 60, así que, aunque no logré mi objetivo por 4 segundos, me siento bastante orgulloso con este resultado.

Afortunadamente los calzoncillos largos me protegieron en la post-carrera, mientras esperaba la llegada del resto. Mientras corro no suelo tener frío en las piernas, pero el tema con estas temperaturas es cuando uno deja de hacer actividad física. No hay que subestimar al invierno.

Cuando nos juntamos todo el grupo, nos fuimos a hacer un segundo desayuno, esta vez con sanguchitos de miga. Charlamos, nos divertimos un rato, y sin que nadie lo supiera, festejamos 300 días de entrenamiento.

Faltan sólo 64 para el final de las 52 semanas…

Publicado el 26 junio, 2011 en Carrera y etiquetado en , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 6 comentarios.

  1. Te felicito mi vida! Por el resultado y por los 300 días de entrenamiento!!
    Beso!

  2. mis maximas felicitaciones por tus 300 dias, leo todos tus post.

  3. Aguante, Martu!!!
    Llevas un camino recorrido muy extenso y aun espera lo mejor!
    Felicitaciones
    🙂

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