Archivos Mensuales: mayo 2011

Semana 38: Día 264: Superamigos de los corredores: El agua

No existe la vida sin el agua. Es así de esencial. Cuando científicos de la NASA plantean la posibilidad matemática de que existan seres vivos en otros planetas, el factor determinante es que en esos mundos remotos exista H2O. Imagínense, si no existe la vida sin el agua, menos existe el deportista sin el agua.

En teoría necesitamos un mililitro por cada caloría ingerida, así, si nuestras necesidades son de 2500 kcal necesitaremos unos 2,5 litros de líquido diario, el cual se incrementa si tenemos una actividad física intensa, y ni hablar en climas secos o temporadas de mucho calor. La pérdida excesiva a través de la transpiración podría derivar en una deshidratación; no perdamos de vista que el agua representa el 70% del peso de las células.

No sólo tenemos que beber para hidratarnos, sino para ayudar en el buen funcionamiento del sistema digestivo. Desde la saliva, que ablanda y procesa ciertos alimentos, hasta la absorción y eliminación de los restos. También ayuda a que la fibra dietética, soluble e insoluble, realice funciones fisiológicas, como son la ayuda para movilizar los alimentos a través del aparato digestivo, el aumento del volumen y pastosidad de la materia fecal, la disminución del colesterol sanguíneo y la regulación de la glucosa. El agua también participa en todas las relaciones bioquímicas necesarias para la vida como conductora eléctrica, llevando a cabo la contracción muscular y la sinapsis neuronal. Para quienes hacen actividad física es doblemente importante, ya que lubrica mejor las articulaciones y mejora la resistencia de músculos y ligamentos.

Una pérdida de agua en el orden del 2% del peso corporal puede significar una reducción del 20 al 30% en el rendimiento. Cada litro perdido hace que aumente en 8 pulsaciones el ritmo cardíaco. La temperatura corporal sube 0.3º C por minuto, lo cual se traduce en mayor esfuerzo y más estrés. A diferencia de otras bebidas que contienen azúcares, el agua es totalmente ligera y no contiene ninguna caloría. Si mantenemos nuestro cuerpo hidratado no retendremos líquidos, ya que eliminaremos la necesidad de almacenar.

En verano tenemos que ingerir entorno a 3 litros de agua al día, y en invierno 2 litros para mantener nuestros niveles adecuadamente y evitar la deshidratación. La ingesta del agua debe ser regular y en pequeñas cantidades para que nuestro cuerpo lo pueda asimilar correctamente. Pero no sólo podemos incorporarla como bebida, sino también en la comida. He aquí un listado promedio del contenido de líquido que contienen las bebidas y alimentos sólidos

90 a 98% de agua: Infusiones, cafés, gaseosas light, sopas, jugos de vegetales, bebidas deportivas, vino, cerveza, limonada, tomates, pepinos, brócoli, melones, apio, frutillas, sandía y lechuga.
80 a 90%: Leche, bebidas azucaradas, jugos de frutas, sopas a base de leche, pomelo, uvas, duraznos, peras, naranjas, zanahorias, calabazas, cebollas.
70 a 80%: bananas, papas, maíz, quesos frescos, yogures, flan, huevos, pescados y mariscos.
60 a 70%: bebidas destiladas (exceptuando licores y cremas), helados, cereales que absorben agua durante la cocción (arroz, pasta)
50 a 60%: carnes vacunas, cerdo, pollo, cordero, ternera y pavo (durante la cocción pierden agua).
40 a 50%: quesos semicurados y curados.
30 a 45%: pan.
2 a 3%: Galletitas y cereales para el desayuno.

El agua es el principal aliado de un corredor. No por nada las maratones pueden llegar a tener puestos de hidratación cada 2,5 km. La Espartatlón, con 246 km, cuenta con 75 paradas para beber. En una carrera donde se llega a perder hasta el 25% del peso corporal en transpiración y orina, es lógico que la incorporación de agua sea esencial para seguir avanzando.

Semana 38: Día 263: Superamigos de los corredores: Los hidratos de carbono

Los hidratos de carbono son la principal fuente de energía de nuestro cuerpo. No existe ningún deportista que pueda desempeñarse sin ellos. Sin embargo, hay algunos mitos sobre ellos, y muchas dietas (que hasta circulan por internet), que proponen eliminarlos.

Los carbohidratos liberan al organismo la glucosa necesaria para ser quemada por las células y transformarla en energía. Los más indicados son los provenientes de cereales integrales sin refinar, ya que son complejos y el organismo tarda más en procesarlos. Gracias a esto, liberan la energía lentamente, lo que nos da combustible para todo el día. Pero los hidratos que vienen de harinas refinadas son de absorción rápida, lo que hace que suban rápidamente los niveles de glucosa, que acumulamos en forma de grasa si no las quemamos.

Los alimentos ricos en hidratos de carbono son:

  • Cereales: pan, pastas, arroz, cereales, avena.
  • Fruta: son de rápida absorción gracias a la fructosa, nos darán energía al instante: manzanas, peras, bananas, cerezas.
  • Frutos secos: pasas de uva, castañas, nueces, almendras, avellanas y anacardos.
  • Féculas: son alimentos ricos en almidón: papas, frijoles, porotos alubias o calabazas.
  • Ayudas ergogénicas: barritas de cereales, bebidas isotónicas o geles de glusoca. Son hidratos de absorción rápida que nos dan energía durante el entrenamiento.

La cantidad de hidratos a consumir variará dependiendo de nuestro estilo de vida. No va a ser lo mismo para un deportista que para una persona con una rutina más sedentaria. Como los carbohidratos son necesarios tanto para el ejercicio como para los quehaceres del día a día, deberían estar presentes en nuestra dieta (de nuevo, dependiendo de cada individuo y sus necesidades energéticas). Los deportistas precisan que los hidratos de carbono representen entre el 60 y el 80% de los nutrientes que ingieren en su dieta. Puesto en otros términos, es necesario consumir entre 7 y 10 gramos de carbohidratos por cada kilo de peso corporal. Siendo que tenemos diferentes receptores, lo ideal es consumir distintos tipos de alimentos. De esta forma, tendremos a disposición más energía.

Los hidratos de carbono no sólo aportan a los músculos: el cerebro se alimenta de glucosa. Por lo tanto, al no consumir hidratos de carbono  no alimentamos a la materia gris como se debe.

Semana 38: Día 262: Superamigos de los corredores: La grasa

Hay ciertos mitos que conviene derribar. Uno de ellos es que la grasa es mala. Por supuesto, existe la que nos hace mal, y aquella que nos sirve para el organismo. No nos olvidemos de que existen vitaminas que son liposolubles, o sea que precisan de lípidos para descomponerse.

Aquello a lo que llamamos “grasa” se podría dividir entre colesterol, grasas y fosfolípidos. Nos referimos puntualmente a las que consumimos con la comida, y no la que está almacenada en nuestro cuerpo. Las que son malas para nuestro organismo son las saturadas, hidrogenada o las trans, que se encuentran presentes en alimentos de origen animal como la carne, manteca, margarina y aceites de mezcla. Podemos encontrar colesterol (el “cuco” de las grasas) en la yema de huevo, las vísceras y los fiambres. Las grasas buenas son las polinsaturadas o monoinsaturadas, como los frutos secos, semillas, el aceite de oliva, de soja, de maíz, de uva y los peces de mar (una vez por semana alguien me pregunta si mi vegetarianismo me permite comer pescado, y siempre aclaro que la “carne” no se limita a las vacas, sino también a las criaturas del cielo y del mar).

Las grasas y aceites son sustancias no solubles en agua, y la diferencia entre ambos es que la primera es sólida a temperatura ambiente y la segunda es líquida. La forma de cocción puede influir negativamente en un alimento; tal es el caso del aceite vegetal, que al calentarlo deja de ser sano. Las grasas animales contienen colesterol, que al acumularse en nuestras arterias las tapa, formando placas que pueden interrumpir el flujo de la sangre. No existe uno “bueno” y otro “malo”, sino que nuestro organismo posee vehículos especiales, llamados “lipoproteínas”. Las de “alta densidad” (HDL, por sus siglas en inglés), son consideradas como buenas porque lo toman de las arterias y se lo llevan al hígado, donde se usa para producir otras sustancias. Las de “baja densidad” (LDL) son “malas” porque llevan el colesterol a las arterias, donde ayudan a formar placas.

En resúmen, las grasas de origen animal son malas y las de origen vegetal son buenas, salvo contadas excepciones: el coco y el cacao no son tan sanos, y el pescado de mar sí. La mejor forma de identificar la composición de un alimento es leer la etiqueta, y de acuerdo a nuestro estado de salud (por ejemplo, nivel de colesterol en sangre) y nuestra necesidad nutricional, podemos determinar si ese producto nos conviene o no. Y cuando todo falla, siempre podemos consultar a un especialista en nutrición para que nos oriente (generalmente dejamos esto como el último recurso).

Las grasas protegen nuestros órganos internos, nos ayudan a regular la temperatura, a absorber las vitaminas liposolubles (A, D, E y K) y nos brindan algunas substancias indispensables que no podemos producir en nuestro cuerpo. Además, una de las funciones más importantes que tienen es servir como combustible de reserva; por eso se guardan en nuestro cuerpo y las podemos utilizar en caso de que no comamos. Como todo, podemos consumir grasas y aceites y utilizarlos como fuente de energía siempre que lo hagamos con moderación, y de acuerdo a nuestras necesidades calóricas. No es lo mismo lo que precisa un atleta de alto rendimiento, una persona con sobrepeso o un paciente cardíaco.

Semana 38: Día 261: Corredores célebres: Samuel Wanjiru

En este blog hablamos de deportistas que dan lecciones de vida. A veces aprendemos algo de ellos gracias a sus proezas. Quizá podamos también aprender de sus errores.

Samuel Kamau Wanjiru nació el 10 de noviembre de 1986 en Nyahururu, Kenia. A los 15 años comenzó a correr, y al año siguiente se mudó a Japón como estudiante de intercambio. Se graduó en 2005, en la secundaria de Sendai, y comenzó a entrenar con Koichi Morishita, subcampeón olímpico de Barcelona ’92. El 11 de septiembre de ese año consiguió el récord mundial de media maratón con 59:16. El 17 de marzo de 2007  volvió a batirlo en La Haya, con 58:33.

El 2 de diciembre de 2007 corrió su primera maratón en Fukuoka, y la ganó con 2:06:39, la tercera mejor marca mundial de ese año. El 13 de abril de 2008 corrió en la maratón de Londres, donde logró el codiciado segundo puesto con 2:05:24. “Creo que eventualmente Wanjiru va a establecer un récord mundial, pero prefiero verlo ganar grandes carreras. Nunca se rinde durante una competencia, lo que es de gran valor para un maratonista”, declaró su entrenador Morishita.

La gloria le llegó, finalmente, en los Juegos Olímpicos de Pekín, el 24 de agosto de 2008. Con un clima ideal, él y otros 97 corredores se enfrentaron a los 42 km. La salida fue muy rápida, y a partir del km 20 Wanjiru y otros cuatro competidores lideraban la competencia. Hacia el km 30 era un mano a mano entre el keniata y  y el marroquí Jaouad Gharib, doble campeón mundial. Pero cuando faltaban 4 mil metros, Wanjiru se despegó y cruzó solo la meta. Obtuvo un récod olímpico de 2:06:32, el cual no había sido roto desde Los Ángeles ’84. Se convertía así en el primer corredor keniata en ganar una maratón olímpica, y también en el campeón más joven, con 21 años.

Pero estas historias, en las que tratamos a los corredores como semi-dioses, no siempre tienen finales felices. Los atletas son seres humanos, y arrastran los defectos propios del hombre. En diciembre de 2010, su esposa lo denunció por intento de asesinato, y se le confiscó un rifle de asalto AK-47, que no poseía registro. Él negó ambas acusaciones, y dijo que era todo un engaño. El 23 de mayo debía comparecer ante un tribunal en Kenia por porsesión ilegal de armas. Su mujer, Triza Njeri, ya había retirado los cargos, argumentando que se habían reconciliado.

El sábado 15 de mayo, su esposa lo encontró en su propia cama con otra mujer. Furiosa, los encerró bajo llave y se fue corriendo. Aún no se sabe si la vergüenza lo llevó a intentar escapar, pero Wanjiru, alcoholizado, saltó por el balcón. Era sólo un piso, pero sufrió graves heridas internas, y murió camino al hospital. Tenía tan sólo 24 años. Además de una viuda y una amante, deja tras de sí el récord más joven para una maratón olímpica, y un asombroso tiempo de 2 horas, 6 minutos y 32 segundos, una marca mundial que aún no ha sido superada.

Semana 38: Día 260: 21 km de Sierra de los Padres

¡Debo escribir sobre una carrera que no voy a correr!

Tenía muchas ganas de irme hasta Mar del Plata y participar de esta crosscountry de 21 km, pero hoy caí en que no voy a poder. No es una limitación física, ni de tiempo. Ni siquiera monetaria. La verdad es que no conseguí con quién ir.

Si bien algunos valientes se ofrecieron a acompañarme y hasta llevarme en auto hasta allá, la improvisación no funcionó esta vez. Me enteré tarde de esta carrera, me gusta ser impulsivo, pero hay que saber perder y bajarse. Una cosa es participar de una competencia en el corazón de Mar del Plata, y otra en Sierra de los Padres, donde hay que llegar ahí por tus propios medios.

Vean qué hermosa foto de este magnífico lugar. La descripción de la zona la hace muy tentadora para recorrerla trotando: “Ubicada en la ruta 226, a tan solo 2 km de la Laguna de los Padres. Este pintoresco lugar fue convertido en un importante “reserva forestal”, ocupa alrededor de 527 hectáreas, y es un lugar ideal para los amantes del ecoturismo. Sumado a esta propuesta encontrara además sobre el camino hacia las Sierras de los padres, un zoológico con especies autóctonas y exóticas”. Quizá haya alguna combi o, si es que me la doy de maratonista, podría irme desde los lobos marinos hasta ahí a pata. Lamentablemente queda para una próxima vez.

Ahora me concentraré en la maratón de Córdoba, y en el medio tengo ese fantástico viaje a Perú, donde haré el Camino del Inca, y enfrentaré esa suerte de desafío que es actualizar el blog estando en medio de la excursión. No se trata de una carrera, aunque estamos dependiendo de nuestro físico, en medio de la naturaleza. Algo de eso tenía Sierra de los Padres, y por eso me resultaba tan atractiva: el cuerpo enfrentado a las condiciones del clima y del suelo. Una zanahoria que permitía centrar la atención y avanzar. Por suerte, motivación me sobra (lo dice quien trabaja hasta el último minuto, se toma subte y tren para ir a correr, a la vuelta hace cinco series de bíceps con mancuernas, y llega corriendo a actualizar el blog antes de que termine el día).

Espero que quienes sí vayan a Sierra de los Padres la disfruten, sepan que hay un bloguero que no morirá de envidia, pero sí se quedará con las ganas. Espero que alguno participe y me cuente qué tal fue la experiencia.

Semana 37: Día 259: El síndrome de la clase turista

Ir en auto hasta Montevideo son como mínimo 8 horas. Si además transportás libros hasta el techo, queda poco espacio para estirar las piernas. Esto me hizo disfrutar muy poco del viaje a Uruguay. Las rodillas me dolían muchísimo, y cuando frenábamos en una estación de servicio, sentía una necesidad imperiosa de salir del vehículo y estirarme.

No creo recordar que estas cosas me pasaran antes. Quizá lo dejaba pasar, pero ahora que estoy haciendo viajes frecuentemente para competir (como Pinamar, Tandil, etc) veo la importancia de llegar con tiempo, para poder recuperarme.

Salvando las enormes distancias, esto me recordó al síndrome de la clase turista, algo desconocido hace unos años, y que empezó a llamarme la atención cuando una chica atleta murió en un vuelo, a causa de este mal. Se trata, ni más ni menos, que de una trombosis, producida cuando se realizan viajes de larga duración en avión. El hecho de que las extremidades inferiores permanezcan dobladas e inmóviles durante tanto tiempo es el factor fundamental que produce esta patología, aunque existen otros factores de riego como la obesidad, las varices, el consumo de alcohol y de algunos medicamentos, y la cirugía de cadera.  La presurización de la cabina hace que el cuerpo se deshidrate y que la sangre se vuelva más espesa, con el consiguiente riesgo de trombosis. Para evitarlo, se recomienda tomar mucha agua, nada alcohol antes y después del vuelo (excepto en las heridas), y tampoco bebidas con cafeína, ya que pueden provocar deshidratación.

Aunque en principio se la asoció con los aviones, puede producirse en cualquier tipo de desplazamiento superior a cuatro horas. El ambiente extremadamente seco del avión es un factor que incrementa la posibilidad de sufrir esta patología. La mayoría de las trombosis que aparecen durante los viajes de larga distancia desaparecen en cuanto el pasajero se pone de pie y comienza a caminar.

Para prevenir este síndrome se recomienda:

  • Elegir asientos del pasillo, que permiten mayor movilidad.
  • No colocar equipaje debajo del asiento delantero, ya que reduce el espacio.
  • Dormir con las piernas estiradas y relajadas.
  • Evitar la ropa ajustada.
  • No sentarse con las piernas cruzadas, ya que impide el retorno sanguíneo.
  • No tomar alcohol ni bebidas con cafeína antes y durante el vuelo. Optar por agua.
  • Caminar cada una o dos horas.
  • Realizar ejercicios de contracción y estiramiento de las piernas.
  • No tomar fármacos hipnóticos ni pastillas para dormir.
  • Las personas con alto riesgo de trombosis deben usar medias de compresión durante el viaje, o la medicación indicada por su médico.
  • Una aspirina antes del vuelo también ayuda.

Este “síndrome” es una enfermedad prevenible; los coagulos que se forman y obstruyen las venas se pueden evitador haciendo ejercicios sencillos de estiramiento, no consumiendo alcohol y usando ropa holgada. Los casos fatales, que son muy raros, se dan cuando el coágulo se desprende de la vena afectada y viaja hasta el corazón y de ahí por la arteria pulmonar hacia los pulmones. Obstruyen, de ese modo, la circulación de sangre que busca oxigenarse.

No está de más aprender algunos ejercicios de elongación para hacer durante el viaje. Y si se viaja en auto insistir en parar en toda oportunidad para estirarse. Échele la culpa a una vejiga ansiosa. El cuerpo no nació para estar confinado y quietito en un espacio pequeño.

Semana 37: Día 258: Adiós, Montevideo

Abandono, finalmente, esta ciudad. Hemos cumplido la tarea, hemos entrenado en sus calles, y hemos comido como cerdos (o “como patos”). De hecho, todavía no me voy, falta el almuerzo. Mis compañeros de ruta, que se encuentran estacionando mientras yo actualizo el blog, me pidieron que le transfiera su disconformidad a los lectores de Semana 52. No pueden entender cómo, entre tantas cosas que hay que hacer, yo busque el huequito para escribir algunas líneas.

Ya sabía que estar frente a la computadora algún momento de todos los días no iba a ser tarea fácil. Son muchas las veces en que tengo el tiempo, pero falta la idea, y le doy vueltas y vueltas, hasta que algo sale. Otras me pasa algo que me asombra, o tengo algún descubrimiento, y voy escribiendo el blog en mi cabeza, hasta que llegue a volcarlo al teclado. Este viaje, de negocios, me complicó esta rutina de escritura. Pude correr, lo cual fue una experiencia fantástica, pero el tema de escribir, teniendo tantas cosas pendientes, no es fácil. Y en esta oportunidad, no es muy popular.

Estoy pensando en si seguir o no con el blog más allá del 31 de agosto, fecha en la que se cumplen las 52 semanas completas. Quizá lo haga, aunque no sé si diariamente. Por ahí me lo tome con un poco más de flexibilidad. O no. En realidad es un desafío, me gusta estar buscando esos espacios, improvisando, pateando calles de ciudades desconocidas, en busca de una computadora con conexión a internet. Es parte de la aventura.

Ya mis amigos estarán viendo el menú del restaurante, viendo las variedades de chivitos y otros cadáveres animales. Me despido por hoy, y de esta ciudad, para enfrentarme a 9 horas de viaje, con la esperanza de volver a repetir esta experiencia en un año (y, quizá, con un nuevo blog).

Semana 37: Día 257: Lugares para entrenar: Montevideo

Lo que llama la atención de Montevideo son esas similitudes con Buenos Aires y sus sutiles diferencias. El agua es Salus, los lácteos Conaprole. Toman mate por la calle, festejan hoy el día de la madre, y le cambian los nombres a todas las facturas. Pero la principal diferencia es que en Uruguay no le dan la espalda al río.

Aunque los montevideanos insistan en llamarlo “mar”, estas aguas dulces hacen unas pequeñas olas, como si fuese una playa en calma que no precisa guardavidas. Todo está en función de la costa, los edificios miran hacia allí, los parques, restaurantes y atracciones turísticas bordan al río. Era lógico que La Rambla, esa calle/vereda infinita, fuese el mejor lugar para ir a correr.

Como decía al principio, Montevideo tiene muchas similitudes y sus características particulares. Hay un cierto nivel similar de marginalidad, caminar por la calle (y tener el mote de “turista” pintado en la cara) no es del todo seguro. Quizá sea sólo una “sensación” que venimos arrastrando desde Buenos Aires. Anoche un lugareño nos paró para pedirnos dinero para droga. Decidió apelar a la sinceridad para ganar nuestra simpatía (no lo logró) y dijo que no necesitaba comprar comidas, ni estaba enfermo, sólo quería ser honesto. Por la mañana vi a unos policías de civil detener a unos rateros, y los revolearon por los aires, como hacen estos simpáticos muchachos en casa. No deja de chocar ver escenas así.

Salí a entrenar con un poco de miedo; en mi paranoia la Policía me podía llegar a detener por verme corriendo. Generalmente los que más pánico tenemos somos los que no hicimos absolutamente nada. Me dirigí desde el hotel hasta La Rambla, y me sorprendió lo cerca que estábamos de la costa. Cuando llegué a la vera del río, me encontré con algo maravilloso para cualquier corredor: pilares rojos que indicaban la distancia. Yo estaba en el 2.500 metros, y a mi derecha podía encontrar el cero. Decidí ir hacia mi izquierda, porque me habían adelantado en el hotel que la vista era mucho mejor.

Al darle la cara al río, La Rambla tiene escaleras que bajan hacia la arena, donde además de poder hacer cuestas, se puede entrenar en este terreno para variar el esfuerzo de las piernas. Hay bicisendas que corredores y peatones respetan a rajatabla (otra diferencia importante, los autos frenan en las sendas peatonales). Corrí sin tener un destino fijo, y de desconfiado le pregunté a un atleta hasta dónde llegaban estos pilares con las indicaciones de distancia. Me dijo que iban bastante lejos. Ante mi duda de si iban más allá de los 5 km, me dijo que los 8.500 metros estaban en Pocitos, y que todavía seguía. Me pareció una buena meta para ir y emprender el regreso. En total hice 15 km a un ritmo estable, más que nada para hacer fondo. Me encantó la vista, el aire, y me ayudó que hizo un clima inusual para esta época: 19 grados, con un sol que entibiaba la frente.

Salí bastante cómodo, por no tener que cargar con las llaves. Al estar todo volcado al río, cuando lo necesité pude ir al baño de una estación de servicio (donde me patiné y me di un terrible golpe en las lumbares, pero este cuento espantoso quedará para otra ocasión). Cada tantos kilómetros hay mapas de la ciudad, y muchos relojes para controlar el tiempo y “vichear” la temperatura. Fue una muy linda experiencia, así que la repetiré mañana, antes de volver a casa.

Semana 37: Día 256: La comida más importante del deportista

El desayuno. Qué comida más subestimada por mi.

Hace unos años decidí volverme vegetariano. Para tal fin, visité a una nutricionista, como para hacer las cosas de la mejor forma posible. Me organizó una dieta, la cual seguí rigurosamente y al pie de la letra… una semana. Después empecé a hacer lo que quería.

Lo que más me costaba era desayunar. Al levantarme tenía el estómago vacío, pero a la vez lo sentía cerrado. Como en mi cabeza gordura era igual a comer, prefería saltearme el desayuno, y tirar hasta el almuerzo. Así aguanté por años. Cuando bajé algo de peso, mi nutricionista me felicitó. “Es que no estoy desayunando”, le dije. “Bueno, se lo voy a recomendar a todos mis pacientes”, me respondió, calculo que en forma irónica.

En esta nueva etapa, llamada Semana 52, visité a otra nutricionista, especialista en deporte, y me recomendó las 6 comidas diarias. Obviamente, la primera era el desayuno. Yo llevaba unos 20 años sin desayunar, más o menos desde que egresé de la escuela primaria. Me parecía imposible adquirir el hábito, y de algún modo me funcionaba eso de andar de gasolero y tirar hasta una potentosa comida al mediodía. Pero la importancia de comer por la mañana radica en que el cuerpo está hace horas sin combustible. Sí, nuestro gasto energético es mínimo, pero el cerebro y los órganos requieren de alimento para funcionar, y ni hablar si nos levantamos y queremos hacer algo después. Obviamente es todo cuestión de acostumbrarse, hoy en día me levanto con ganas de comer, y el desayuno me produce un inmenso placer.

La comida aporta nutrientes, hidratos, proteínas, etc, todo para ser usado inmediatamente. Si nuestra idea es entrenar por las mañanas o al mediodía, no podemos saltearnos el desayuno. Es como pretender volar en globo por el mundo y no cargarlo con aire caliente, o helio, o lo que sea que le ponen a los globos para que vuelen.

En principio lo recomendable es variar los platos, pero mi nutricionista me concedió mantener la misma rutina alimenticia, porque era preferible eso a no incorporar el desayuno. Entonces me levanto y tomo un vaso de agua. Acto seguido, cereales (avena) con yogur light. Si quiero eliminar fibras por una carrera inminente, me paso a copos de maíz. Alguna vez incorporo un té o mate (brebaje infaltable cuando uno está en pareja) y alguna fruta de preferencia, en mi caso banana. Si hay una competencia en ciernes, puedo llegar a agregarle pasas de uva.

Algunas veces que estuve de viaje, tuve que improvisar. Lo importante es reconocer que hay que ingerir hidratos de carbono, proteínas y alguna fruta, además de agua. Así que cuando no tuve cereales o no pude acarrear un vaso de yogur desde Buenos Aires, me hice un sándwich de queso, o unas tostadas. Ahora me encuentro en Montevideo, y el hotel tiene desayuno. Por primera vez, debido a Semana 52, me salteé las facturas y el dulce de leche, e intenté mantener la consigna hidratos+proteínas. La fruta estuvo más difícil, complementé con mermelada light, que si bien no es para nada lo mismo, SIEMPRE es preferible estar alimentado que no estarlo.

Semana 37: Día 255: Rumbo a Montevideo

Comienza la etapa “viajera” de este blog, y para tal fin ¡inauguramos el entrenamiento internacional! En minutos nomás estaré yendo en auto hacia Montevideo Comics. Por si no me alcanzó la paliza de la Feria del Libro, ahora se viene un fin de semana vendiendo libros a los hermanos uruguayos.

No voy a dejar pasar la oportunidad de correr por las calles montevideanas. En menos de un mes estaré, también, actualizando el blog desde Lima, y luego Cusco (que no se escribe más con “z”). En Uruguay será más fácil el tema de hacer nuevos posts, pero cuando esté en medio del Camino del Inca, se me va a complicar…

Bueno, este post es corto y conciso, porque me esperan al menos 8 horas de viaje en auto, y ya estoy saliendo con retraso. Siempre me intrigó si iba a ser capaz de sostener Semana 52 diariamente, pero parece que hay un teclado bajo mis dedos al menos una vez cada 24 hs.

El entrenamiento estos días va a ser libre, en base a mi agotamiento físico y mis horas de sueño. Espero mañana estar recuperado de todos estos trajines. Al menos entrené lo que pude, siempre es mejor hacer algo, por mínimo que sea, para mantener.

Nos vemos desde la otra orilla.

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