Semana 32: Día 222: Los 21 km de Northland

Hoy se realizó la media maratón crosscountry en La Plata (más precisamente Brandsen, todavía más precisamente en la estancia Área 60). Como su nombre sugiere, el circuito auspiciado por Northland era campo traviesa. Se trataba de una carrera especial, ya que decidimos correrla con Vicky a último momento, e iba a ser su primer desafío de larga distancia.

Nos levantamos a las 5 de la mañana. Todavía era de noche, situación que a mi en particular me deprime tanto como acostarme cuando ya es de día. Estaba fresco y la combi juntó un contingente de corredores y voluntarios de la organización. 6 y 15 partimos a destino. Después de hacer un relevo de cada bache y lomo de burro, el chofer nos dejó en Área 60. Nos acreditamos, buscamos nuestros kits, y antes de darnos cuenta ya se acercaba la hora de la salida.

Lo ideal sería que Vicky escribiese su experiencia del tema, porque me parece que es más jugosa la experiencia de ella por ser un debut. Pero la entrevisté informalmente, así que intentaré contar cómo lo viví y qué significó para ella. Como fuimos los dos solos, me pareció oportuno acompañarla todo el tiempo, y correr a su lado. Eso hizo que corriese más lento que mi ritmo habitual, cosa desaconsejada porque me resintió un poco las piernas. Pero Vicky tiene un excelente nivel, y necesitaba sacarse la duda de cómo era correr una media maratón.

La organización funcionó muy bien, y ciertas falencias (como la ausencia de lockers) fueron solucionadas rápidamente. Casi todo el trayecto era de tierra, en gran parte un terreno irregular. A Vicky le interesaba sacarse la intriga de si en una media maratón iba a aburrirse. Y si bien había tramos largos, con poca variación en el paisaje y el suelo, el interés en la carrera se mantuvo todo el tiempo.

Después de unos cuantos kilómetros, llegó una situación que me fastidió bastante. Pido disculpas si mi lenguaje suena agresivo, pero unos cuantos corredores demostraron ser una manga de maricotas. En un punto había que atravesar un estanque de agua y barro, y el pobre muchacho de organización gritaba “¡Por abajo! ¡Vayan por abajo!”, pero la gran mayoría, al pisar un poco de humedad, subían y continuaban por el costado, lejos de la mugre. Un corredor de remera naranja flúo tuvo el coraje de decir “Eh, si ellos van por arriba yo voy por arriba”. ¿Por qué nadie admitía que lo que pasaba era que todos le tenían fobia a mojarse y ensuciarse? Y si así era, ¿para qué anotarse en una crosscountry? ¿No es mejor quedarse en casa, o anotarse en carreras de calle? Con Vicky decidimos dar el ejemplo, y hundimos los pies en el barro. Salimos con las zapatillas pesando 2 kilos extra cada una, pero orgullosos de vivir la verdadera aventura. El resto de la carrera mirábamos el calzado de los otros deportistas y felicitábamos a los que estaban embarrados hasta la rodilla. También nos mofamos de algunos que tenían sus pies impolutos.

La parte más dura fue un largo tramo en el que había pasto. Aunque no parezca, tantos kilómetros sin que el suelo ofrezca rebote terminaba por cansar las piernas. Íbamos a nuestro ritmo, sin importarnos si nos pasaban o no. El objetivo era llegar. Buscábamos resistencia, y no velocidad.

Fuimos algo mareados, intuyendo el kilometraje. Llegamos al km 15 creyendo que era la mitad. Seguimos avanzando, recibiendo el aliento de la organización y otros corredores. Sobrepusimos dolores, cansancio. El sol estaba alto, el día era espectacular. Cuando faltaban 3 km no lo podíamos creer. De hecho, desconfiamos de la organización. Pero era cierto, atravesamos la última parte apretando un poco el paso, aunque una vieja lesión en el sartorio de Vicky la hacía dudar de llegar.

Atravesamos la meta de la mano, y nos fundimos en un abrazo. La felicidad de terminar una carrera es difícil de describir para quien no lo ha vivido, y me llenó de alegría compartir eso con Vicky. Llegamos en 2 horas 27 minutos, lo cual es un dato anecdótico. Demostramos que ella podía hacer 21 km, mientras hubo gente que la subestimó y creyó que tenía que conformarse con el circuito de 10 km. Pero era algo que sabía que podía terminar. Así que, ¿dónde estaba el desafío? Si nos dedicamos a hacer sólo lo que sabemos que podemos, nunca vamos a progresar.

Es una experiencia única compartir una carrera con una persona de la que estás enamorado. Nos acompañamos, nos dimos aliento, y lo que más importa, nos divertimos mucho. Me costó un poco no salir a correr como un poseso, pasando a todos los que me pasaban. Pero me acordé de mis primeras carreras, y sentí que corriendo con ella podía aportarle algo. Luego admitió que sobre el final flaqueó, y que mis palabras de aliento la ayudaron a no flaquear.

Las zapatillas y las medias terminaron dando pena. Casi que estaban para tirarlas. Pero eran una especie de trofeo, casi tan valioso como la medalla de la meta.

Publicado el 10 abril, 2011 en Carrera y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. 6 comentarios.

  1. Acabo de caer por casualidad en tu blog. Enhorabuena, me encanta. Quería saber qué te impulsa a superar este reto. Por cierto, tambíen tengo un blog. http://www.correryavio.wordpress.com. Échale un vistazo y que te aproveche.

    • ¡Felicitaciones por tu blog! Muy interesante. Lo voy a leer detenidamente.

      Lo que me impulsó a hacer esto fue las ganas de superarme. Creo que quería hacer algo a nivel físico y lo vivía posponiendo. Me di cuenta que se me iba a pasar la vida, y decidí dejar de desear y ponerme manos a la obra. Desde que se me ocurrió hacer este blog hasta que empecé no pasaron más de dos semanas… ¡Saludos!

  2. And…
    No era solo pasto, no olvidar las huellas del ganado, meter la pata en un hueco de esos puede ser muy peligros para nuestros tobillos.
    Otra, teniendo en cuenta que había dos puestos de hidratación y la carrera era de 21 seguro las han puesto cada 7 km, ergo la segunda eran los 14 km donde creimos que estábamos en la mitad, nos confundió un dato arrojado por una corredoras en el camino que estábamos aprox. en los 9 y pico.
    Otra más!! Los últimos 3,5 km fueron los más difíciles, no sé si hubiera podido, empecé a dudar de mi teoría que el limitante lo pone la mente del corredor y empecé a pensar que todo es una cuestión física, si no estás lo suficientemente preparado es imposible, pero una vez atravesada la línea de llegada y tirada en el pasto, deliverando con Martín concluimos que la convicción mental de llegar supera al cansacio y que de a poco y con determinación se puede. El entrenamiento es fundamental, pero las convicciones son imprescindibles!

    Gracias por este blog dedicado a mi experiencia!!
    Y no existe nadie que te pueda subestimar, solo vos mism@!!

  3. Vicky felicitaciones ! Todos conocemos del esfuerzo que has hecho y la alegría de haber llegado. Y como no somos profesionales este simple arribo -para algunos- es el mayor premio para nosotros. Juanca.

  4. Aguante, Vicky!!!
    Una Grossa, simplemente.

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