Semana 30: Día 207: La siesta

Nunca pude aprovechar las ventajas de la siesta. Es una práctica que trae montones de beneficios, pero la rutina me impide incorporarla. De chico, en las vacaciones, mis padres nos obligaban a dormir después de la hora del almuerzo. Recuerdo estar en Mar del Tuyú, muerto de calor, mirando el techo e intentando tener sueño. No podía, sólo quería ir a la playa.

Tampoco incorporé la siesta de grande, a excepción de contadas ocasiones. Cuando terminé la maratón, llegué a casa y me eché a dormir una media hora. Fue absolutamente reparador. Y aunque no es una actividad que practico, me estoy dando cuenta que me hace falta. Es difícil siendo que durante el día tengo que trabajar. Vivimos con los minutos contados, y tener el tiempo de tomarse una siesta suena a un lujo al que pocos pueden disponer diariamente.

“Siesta” viene de la expresión “hora sexta”, que designa al lapso del día en el cual se hacía una pausa de las labores cotidianas para descansar y reponer fuerzas, tras cinco horas de intenso trabajo. Ya en los primeros escritos sobre los Juegos Olímpicos se la citaba como terapia de recuperación. Es un muy buen desfatigante muscular, natural y relajante.

Ventajas de dormir la siesta:

  • Disminuye el estrés y la ansiedad.
  • Ayuda a prevenir las enfermedades cardiovasculares.
  • Reduce la sensación de sueño y fatiga, y refuerza el estado de alerta.
  • Mejora el rendimiento en las tareas.
  • Combate los radicales libres (la oxidación), lo que hace que prevenga el envejecimiento.

Una siesta a mitad del día fortalece el funcionamiento cerebral, según un estudio de la Universidad de California en Berkeley. Un sueño de una hora puede fortalecer y restablecer en gran medida el funcionamiento del cerebro. Los descubrimientos también sugieren que una programación bifásica del sueño no sólo refresca la mente sino que también puede enriquecerla. Por el contrario, la cabeza se aletarga mientras más horas se esté despierto. Un estudio, realizado en 23 mil griegos, demostró una disminución significativa en el riesgo de sufrir un infarto fatal, cifra que disminuye en un 37% en aquellas personas que toman siestas habitualmente. Quienes dormían sólo en forma ocasional, tenían una reducción del riesgo que alcanzaba únicamente el 12%. Durante el sueño nocturno se registran cambios metabólicos que provocan una disminución en la frecuencia de latidos del corazón, lo que provoca cambios en la presión arterial.

Sin embargo, se aconseja que la siesta no sea demasiado extensa, para no interponerse con el descanso nocturno. Pareciera ser que, al igual que con el entrenamiento y la alimentación, todo es cuestión de moderación…

Publicado el 26 marzo, 2011 en Consejos, Entrenamiento y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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