Archivos Mensuales: diciembre 2010

Semana 18: Día 122: ¡Feliz 2011!

Man-At-Arms. Héroe de mi infancia. En 2011 pagaré una injustificada cantidad de dinero para volver a tenerlo

No queremos que se piense que este blog sólo adhiere al calendario gregoriano. También le deseamos feliz 4708 a los chinos (en 34 días comienza el 4709); Rosh Hashaná para el judaísmo por su año 5771 (el 28 de septiembre del gregoriano empieza el nuevo); feliz 1439 para los musulmanes (que se inició el pasado 7 de diciembre); en febrero los tibetanos festejarán a Losar y comenzarán el 2138; feliz noruz para los iraníes, que el 21 de marzo comienzan su año 1390; feliz Enkutatash a los etiopíes, quienes el próximo 11 de septiembre festejan la llegada del 2003; y felicidades a todos los pueblos que no se dejaron dominar por el conquistador europeo. Bueno, a los que no les quedó otra que sumarse, también les deseamos un feliz y próspero año.

El festejo del 31 de diciembre es una costumbre muy arraigada en nuestra cultura, para la cual, como hicimos hace una semana, nos entregamos al hedonismo y cenamos en forma exagerada. Cuando dan las 12 de la noche, en lugar de abrir regalos, brindamos por la llegada de un nuevo año. Es una oportunidad para hacer borrón y cuenta nueva y prometerse objetivos a cumplir en los meses venideros. Pero también es un momento de reflexión, para mirar hacia atrás y valorar las cosas buenas que tuvimos. En nuestra familia, las 12 de la noche nos encuentra subidos a sillas. La cuenta regresiva oficial la calculamos con la hora de la radio, y cuando llega el año nuevo nos bajamos al suelo, pisando con el pie derecho, lo cual asegura que empezamos bien esta nueva etapa. Si caemos con el izquierdo, grandes desgracias nos acontecerán (ese es el acuerdo).

Después del brindis, encendemos unos globos aerostaticos. En el primero ponemos toda la mala onda del año que se fue, para que se vaya lejos. Luego lanzamos otro con nuestros deseos para el que está empezando. Hay un tercero que ahora no recuerdo para qué lo tenemos. Probablemente esté de backup, porque suele pasar que el globo se incendie antes de despegar (es muy desilusionante cuando eso pasa). Otra teoría es que sea para agradecer las cosas buenas que pasaron, y yo casi nunca valore lo que aconteció, y lo esté dejando de lado…

Hoy es un día importante para mí. Más allá del festejo de esta noche, voy a correr una carrera, los 8 km de la San Silvestre. Como es a las 4 de la tarde, decidí dejar el comentario pertinente a la competencia para el post de mañana, y aprovechar el de hoy para hacer un balance de lo que pasó en 2010.

Primero, el año me encontró recientemente separado, una situación amarga y culpógena. El tiempo logró que desarrollara una buena relación con mi ex, que a veces es tirante. Pero la mayor parte del tiempo, ella es una aliada incondicional.

En el local que tenemos en Bulnes, Espacio Moebius, comenzó a funcionar Á Manger, un local de almuerzo y merienda. Un feliz agregado al proyecto.

Corrí la Merrel de Tandil, subestimando a las sierras. Las piernas me mataron, sobre todo en las bajadas. Pero luego de 3 horas 44 minutos, terminé los 27 km, y me sentí muy feliz.

También hice la Merrel de Pinamar, con Semana 52 apenas gestándose. No había empezado el entrenamiento ni la dieta, pero sí el blog, que tenía un par de entradas. Hice la carrera habiendo tomado en días previos, lo que me llevó a comprobar el efecto nocivo del alcohol en un deportista. Mi rendimiento fue bastante pobre, sobre todo comparando mis tiempos con el año anterior.

Desde el 23 de agosto escribo un post por día, todos los días, sin interrupción. A veces es extremadamente difícil porque no sé sobre qué escribir, y en el 95% de los casos me siento en la computadora a improvisar.

Doné sangre.

Aumentó mi volumen de trabajo, y con eso obtuve más tranquilidad financiera.

Cambié mi dieta, mi rutina diaria, y empecé a entrenar “en serio”. En el transcurso del año perdí más de 10 kg, y mi cuerpo cambió bastante.

Planté un pino.

Corrí una hermosa media-maratón por la Ciudad de Buenos Aires.

Fracasé en mi intento por conseguir la ciudadanía española. Ellos se lo pierden.

Terminé mi primera maratón, también en la Ciudad de Buenos Aires, hecho que posiblemente esté en el top 5 de los momentos más felices de mi vida.

Conseguí mis primeras zapatillas Asics.

Le presté euros a un amigo que los necesitaba, y cuando se le complicó, le confirmé que no quería que me los devuelva.

Traduje y colaboré con el armado de una mini-serie de cuatro números de los Avengers, un cómic de la editorial Marvel. Muy cerca del sueño del pibe.

Me lesioné la costilla de una forma increíblemente tonta.

Volví a ver a personas a las que extrañaba mucho.

Hice una broma de mal gusto para el 28 de diciembre, y me salí con la mía.

Probablemente me queden millones de cosas en el tintero. Pero poniendo todo esto en la balanza me doy cuenta de que el año 2010 fue fantástico. Tengo muchas cosas por las que agradecer.

Para el 2011 me gustaría ser más paciente y menos intolerante. Seguir avanzando con Semana 52 y hacer todos los viajes que tengo planificados (Machu Picchu, en Lima, y Maratón, en Grecia). Que mi cuerpo siga desarrollándose, en especial obtener más masa muscular. Que la costilla no me vuelva a doler, para poder hacer pesas, y seguir intentando romper mis marcas personales en velocidad. Prometo, ya que estamos, no volver a jugar a la pelota.

En el costado consumista, me he propuesto dejar de pasarme horas mirando las páginas de Mercadolibre o eBay y comprarme finalmente todos los muñecos de He-Man (las ediciones clásicas de los ’80s). También voy a ponerme al día con el monotributo (AFIP, si leés esto, ya casi junté todo lo que jamás pagué), e ir a ver el musical de Drácula. Y retar menos a mi gata.

En sí, para el cuerpo, más allá de que comamos en forma exagerada, el cambio de un año a otro no nos causa ningún efecto. Pero sirve para ponernos nuevas metas. Es la oportunidad de empezar una “semana 52” propia, con objetivos personales, para desarrollarlos con paciencia. Ojalá que la llegada de 2011 signifique muchas cosas buenas para todos.

Nos leemos el año que viene.

Semana 18: Día 121: Volver a empezar

Ayer, miércoles, fue un día especial. De por sí era el último entrenamiento de los Puma Runners del año. Hacía rato que no iba, culpa de mi maldita costilla, y decidí volver, aunque sea para cerrar el año con mis amigos, despedir a Germán, mi entrenador, que se va de vacaciones, y ver qué impacto tuvo mi bromita del Día de los Inocentes.

En mi cabeza había muchos temas dando vueltas, como ser trabajo, polleras, y la San Silvestre. Esta competencia se hace el viernes 31 (o sea, mañana) y me desagradaba la idea de volver al running directamente por una carrera. Minutos antes de salir dije “Ma’ sí…”, y me enfundé mi remera roja, pantalones cortos, y las zapatillas Asics. Me han acusado de fundamentalista (con justa razón), y aunque no me siento para nada recuperado de la costilla (debo estar al 85%) sé que es difícil volver a correr sin sentir absolutamente ningún dolor. Así que me pareció mejor hacer la prueba, a ver cómo me iba a sentir en la San Silvestre.

La vez anterior que corrí, hace dos semanas, me hizo mucho peor. Aquella vez hice más velocidad, cuestas, y un fondo importante, de unos 20 km. Ayer fui más moderado, no me sumé a las progresiones, y corrí tranquilo, a mi ritmo. Ya tenía encima muchos días parado; volver a trotar, aunque haya sido a un paso lento, fue un placer. Extrañaba un montón hacer algún tipo de actividad física.

La entrada en calor ya me demostró que la costilla no estaba del todo recuperada, y con cada paso empezó a molestarme más. Germán me recomendó fajarme, y después de darme unos cuantos golpes de puño en el rostro, me puse una faja que me comprimía el tórax. Volví a correr, y realmente me sentí mucho mejor. A medida que avanzaba sentía más y más calor, al punto que llegué a sentir que me prendía fuego. Pero poco tenía que ver con la lesión, y más con la faja. Podría decir que este artilugio hizo una enorme diferencia. Creo que voy a lesionarme distintas partes del cuerpo para ir probando estos productos terapéuticos. Todavía no puedo creer que ninguna empresa se me haya acercado para que promocione sus marcas. ¿Tengo que ir a buscarlas yo?

Como dije, fui moderado y corrí poco. Era más de lo que tenía planeado 10 minutos antes de salir, y esa improvisación me gusta. Ya en el post-entrenamiento, cuando nos hidratábamos y algunos hacían abdominales, charlamos distendidos de mi broma del Día de los Inocentes (esa en la que abandonaba todo por una chirusa). Y claro, todos se daban cuenta de la sarta de barbaridades que había dicho, pero muchos lo vieron como algo verosímil, y hasta me felicitaron. Me sorprende, por un lado, que pocos hayan hecho la conexión con que era 28 de diciembre. Por otro, me sigue dejando estupefacto que tanta gente me haya creído. Llegamos a la conclusión de que los que me felicitaron y me bancaron en esa “decisión” fueron los más pollerudos, que necesitaban de alguien que reafirme su sometimiento. Y, de paso, aproveché para enterarmede  cómo me percibe la gente: como una suerte de fundamentalista islámico, que es capaz de ser estricto y riguroso tanto en un entrenamiento como en una nueva relación. ¡Me preocupa que tengan razón!

Hoy por la mañana me desperté con una molestia en la costilla, un poco más fuerte que el de la mañana anterior, pero todavía dentro de lo tolerable. O sea que correr me genera más dolor. Germán me remarcó que me va a seguir doliendo, que después de los 30 años hay que aprender a vivir con esto, y tengo que medir en qué momento regresar. Volver sin que duela podría implicar estar un mes sin hacer actividad física. Por ahora me lo voy a seguir tomando con calma, y como me pasó cuando me lesioné la rodilla, voy a ir paso a paso, hasta que el dolor sea cosa del pasado.

Semana 18: Día 120: No me despido nada

Bueno, como muchos ya sabrán, ayer fue 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes. Y yo hice una broma pesada, dije que abandonaba el blog por una mujer que acababa de conocer. Y para mi sorpresa, muchos me creyeron.

En muchos países de Hispanoamérica, esta fecha se usa para plantar noticias falsas, mientras que en otros, técnicamente tenés derecho de no devolver las cosas que te prestan (al grito de “¡Inocente palomita!”). En el hemisferio norte hay una fecha parecida, el 1 de abril, llamada “April fools’ day”. Tanto en el Día de los Santos Inocentes como en este “Abril de los tontos”, muchos diarios publican hechos absurdos, absolutamente inventados. Tal fue el caso de National Geographic, que “destapó” el fraude de Stonehege, al revelar que los monolitos se plantaron en la era moderna. Por supuesto era broma, pero varios medios se hicieron eco de la noticia.

Desde que empecé Semana 52 venía pensando en qué hacer para el 28 de diciembre. Era algo arriesgado, ya de por sí me acostumbré a descreer de todo lo que me entere en ese día particular, y supuse que todo el mundo iba a estar al tanto de este festejo no oficial. Se caía de maduro que lo que tenía que decir era que colgaba todo y me rendía (la sugerencia que me hizo mi amiga Lau, de decir que volvía a comer carne, me resultaba poco creíble). La ironía del destino quiso que esta fecha me encontrase parado por la lesión de la costilla, y mi entrenador cree desde el primer momento que el día que me pusiese de novio me iba a olvidar de todo. No me quedaban muchas opciones más que ir para ese lado. Lo que me sorprendió es que quienes más me creyeron fueron las personas que me conocían personalmente…

Digamos, mi mentira tenía algunos tintes de verdad. Lo de la lesión es cierto. Lo de que me embalo en toda relación nueva, también. Que le regalé a una persona un celular touch screen está basado en hechos reales (y Dios me ilumine para que no lo vuelva a hacer, o para que al menos ella no lo tire al inodoro). De todas formas, intenté meterle cosas absurdas para que fuese sospechoso, como que sólo nos tomábamos de la mano, que caminaba 30 km diarios (primero de ida y después de vuelta), y la caradurez de que nadie tenía que abandonar sus sueños mientras yo hacía exactamente eso. No sé cómo se me ocurrió que ella fuese de la policía metropolitana, creo que esos datos de color hacen a una mentira más creíble, porque distraen de las incongruencias. Cuando poca gente se sorprendió y me felicitaban por haber encontrado el amor, pensé “¿La gente es tan amable, o esta es la imagen que tienen de mi?”. Posiblemente sea un poco de cada cosa…

Para hacer la situación más verosímil inventé algunos posts (me siento particularmente orgulloso del nombre “Damián Comela”), pero no hizo falta seguir con esa farsa, porque mucha gente empezó a escribir para compartir su sorpresa. Mis íntimos me llamaron por teléfono o me escribieron via mail o facebook, y no sostuve mucho la mentira: les confesé de inmediato. Mi crueldad fue movilizadora para mucha gente que leía Semana 52 pero nunca había escrito, y me dejaron mensajes que me llenaron de culpa (en todos los casos, contesté con un correo privado para ponerlos al tanto). Espero que todos hayan caído en que era una broma y que mi compromiso sigue intacto. Por supuesto, hubo muchos que se dieron cuenta de que era todo un cuento y lo hicieron saber en el blog. Oculté esos comentarios hasta las 4 de la tarde, cuando edité la entrada para confesar que era todo una broma de mal gusto. Excepto un caso aislado donde casi me matan, todos se tomaron la situación con humor. Esa era la idea.

Jamás dejaría de hacer esto que me hace tan bien, y tengo una visión bastante pragmática de lo que es una “media naranja”. Creo que en toda pareja, en algún punto, hay que ceder. Pero si buscamos cambiar la escencia del otro, estamos condenados al fracaso (lo mismo si es uno el que cambia por la otra persona). Sé que el día que me ponga a salir con una chica, ella va a tener que aceptar que entrenar me define, y que es parte del paquete. Si lo dejara de lado, alimentaría un resentimiento que en algún punto envenenaría a la relación.

La costilla sigue su lenta recuperación, pero me siento lejos de estar al 100%. Me estoy preparando, sólo mentalmente, para correr la San Silvestre pasado mañana. Por suerte, el calor agobiante va a disminuir, y sin lluvias. No sé todavía si este “regreso” al running va a ser momentaneo o si a partir de ahí voy a poder continuar. Probablemente tenga que seguir esperando. Pero eso, recién, lo voy a saber el año que viene.

Semana 17: Día 119: Me despido… (EDITADO)

Supongo que este día iba a llegar… tenía la esperanza de que fuese en la Semana 52: Día 364, pero probablemente convenga terminar con esto cuando todavía estoy a tiempo y no desilusionaré a nadie. Así es, hoy me estoy despidiendo de este proyecto, probablemente sea la última vez que me lean.

Como muchos saben, la costilla me ha impedido entrenar estas últimas semanas semanas. He cosechado un creciente descontento con este blog, y para colmo me he puesto de novio, lo que también hace muy difícil dedicarle tiempo a otra cosa que no sea mi pareja.

No quiero dar su nombre, me ha pedido que no la mencione. Sólo decir que es agente de tránsito de la Policía Metropolitana, y que la conocí hace una semana, en una de mis caminatas matutinas. Intenté hacer alguna clase de deporte para mentener la mente ocupada y el cuerpo entrenado. Me levantaba a las 6 de la mañana, desayunaba, y a las 7 ya estaba caminando mis 30 km diarios (de ida, y después de vuelta). La crucé varias veces, cuando ella finalizaba los controles de alcoholemia de la noche anterior. Un día la invité a salir, y accedió. Creo que encontré a mi media naranja. Sólo nos tomamos de la mano, y hace unas horas me dejó besarla, por eso sé que mi búsqueda ha finalizado. A ella no le gusta que desatienda mi trabajo de diseño entrenando, que ya de por sí me toma mucho tiempo (entre 8 y 10 horas diarias). Podría invertir este mismo esfuerzo en darle todo lo que ella me pide. Después de todo me ha apoyado en todo lo que he hecho, y realmente no puedo estar más feliz.

Creo que todos se merecían una explicación. Estoy buscando a algún deportista que me quiera reemplazar las 34 semanas que quedan. Estaría bueno que dejen un mensaje en los comentarios, y por qué creen que son capaces de continuar con Semana 52. Me alegra al menos haber llegado (a duras penas) a la semana 18. Mi novia también está intentando convencerme de que deje el vegetarianismo (le preocupa verme tan flaco, dice que acostarse sobre mi se siente como acostarse en una cama de alambres), pero ahí espero poner el límite. Mientras busco un reemplazante que continúe el entrenamiento, con la misma dieta, probablemente sea prudente despedirme. No es un “hasta siempre”, tómenlo como un “hasta luego” (hasta un largo luego). No creo que haya más actualizaciones hasta entonces, pero quizá pueda dedicarle 5 minutos al día para ir poniéndolos al tanto de cómo va el casting (si es que mi trabajo y mi chica me lo permiten).

Quisiera dedicarle este blog a todos los que creyeron en mi, asegurarle a mis padres que les pienso reintegrar hasta el último euro que me regalaron para ir a Grecia (debo confesar que lo gasté en regalarle un celular touch screen a mi chica), y decirle a mi tío Jorge que se quede tranquilo, que el 31 de agosto no voy a estar corriendo la maratón en Atenas, pero al menos voy a estar para su cumpleaños. ¡Ah! Y pedirles que, POR FAVOR, nunca abandonen sus sueños. Hasta siempre, sigan corriendo que esta vez los voy a observar desde las gradas.

Nota: Información agregada a las 16:42 del martes 28 de diciembre:

¡¡¡Feliz día de los Santos Inocentes!!!

Semana 17: Día 118: Beneficios de la zanahoria

Esta hortaliza, que nuestras abuelas recomendaban porque “mejora la vista” es, en realidad, una raíz. Y debe ser de las más ricas, y actualmente se ha convertido en mi aliada, por más de un motivo.

La zanahoria puede cocinarse si necesitamos que esté blanda, pero puede comerse cruda si la lavamos bien o si la pelamos. Esto es una gran ventaja, sobre todo para los que esperamos al último momento para comer y no tenemos paciencia para poner agua a hervir. Basta con rallarla para incorporarla a una ensalada o directamente masticarla de costado, mientras practicamos nuestro “Eeeeh… ¿qué hay de nuevo, viejo?”. Como veremos más adelante, sirve para prevenir y luchar contra varias enfermedades, pero pierde algunas propiedades si la cocemos.

La principal ventaja que le encontré a la zanahoria estas últimas semanas, es que me ayudó a combatir la ansiedad. Correr es mi vía de escape de la rutina y las preocupaciones; estar lesionado de la costilla me tenía a mal traer. Lo que me suele pasar cuando estoy ansioso o bajoneado es que como, sin límites. Jamás es por hambre, más bien diría por aburrimiento o por depresión. Como no puedo hacer actividad física, tampoco puedo controlar mi ansiedad, y me surge la necesidad de masticar, en especial algo ruidoso y crocante. Los cuadritos de avena comenzaron a desaparecer rápidamente de la alacena, pero este alimento no es el ideal para consumir en grandes cantidades. Ahí entró la zanahoria al rescate. Con 35 calorías cada 100 gramos (prácticamente un tercio respecto a los cereales), cumplió esa función relajante que necesitaba, además de que al comerlas enteras ayudan a dar sensación de saciedad.

Las zanahorias son hortalizas ricas en betacaroteno, ácido fólico, vitamina C, B1, B2, B3, B5, B6, biotina y E. También posee un batallón de minerales: calcio, cloro, magnesio, fósforo, potasio, sodio, azufre, cobre, hierro, arsénico, bromo y zinc. Pero es más famosa por que es rica en carotenos, unos compuestos que el hígado trasforma en vitamina A. Contiene un 90% de agua, lo que colabora con la hidratación del organismo

Entre sus propiedades se encuentra que refuerza el sistema inmunológico, cicatriza heridas intestinales, anula infecciones con colitis, favorece la formación de leche en la lactancia, es un estimulante hepático que hace más fluida las bilis, está indicada en la insuficiencia hepática, es antianémica, remineralizante, diurética y depurativa de la sangre. También previene enfermedades degenerativas, el reumatismo, problemas de la piel (como la dermatosis) por su aporte en la producción de vitamina A, y es muy eficaz contra parásitos intestinales (como la tenia). Otra propiedad única que tiene es que se puede mezclar con otras frutas para hacer jugos, sin que haya fermentaciones.

El beta-caroteno ha demostrado funcionar para prevenir la aparición de ciertos cánceres, especialmente el de pulmón, el de boca y el de colon, e impide el desarrollo de células cancerosas. Estudios en laboratorios han demostrado que el beta-caroteno no ayuda estando aislado, sino sólo cuando se consume en la zanahoria. Además contiene mucha vitamina C y hierro, y su riqueza en pectinas constituye un buen remedio para combatir la diarrea, por lo que resulta muy adecuada para la salud infantil.

Comer zanahorias nos ayudará a disminuir el colesterol y prevenir la arteriosclerosis. Es un elemento alcalinizante, que ayuda a depurar la sangre. El comerla cruda ayuda a fortalecer los dientes y las encías. Su contenido de fósforo es vigorizante, ideal para el cansancio mental y la restauración de los nervios.

Para los deportistas es una buena alternativa a la banana, ya que contiene casi la misma proporción de potasio (ideal contra los calambres), además de que aporta más sodio y fósforo, y similares cantidades de magnesio, importantes para un adecuado equilibrio electrolítico. Para el costado más vanidoso del verano, los carotenos colaboran con el bronceado, y aumentan la producción de melanina, el pigmento que le da color a la piel y la protege de las radiaciones solares nocivas (UVA y UVB).

Además de prevenir enfermedades, como alimento nutritivo o para combatir la ansiedad, es también una aliada del bolsillo, ya que se trata de una verdura muy accesible. Como si fuera poco, resiste mucho tiempo en la heladera y no necesita condimentarse, ya que de por sí tiene un rico sabor. Así como elegí a la banana para que sea la fruta del año, postulo a la zanahoria como la verdura de 2010.

Semana 17: Día 117: Cómo sobrevivir a lo que resta de 2010

Ya la Navidad ha quedado atrás como así la resaca; los atracones con comida de alto nivel calórico son un recuerdo borroso. Además de habernos alimentado como si nuestra vida dependiese de eso, empezamos a alimentar la culpa…

Esta época del año, con una megacena el 24 de diciembre y otra el 31, son ideales para los excesos. Comer es un hecho social, al que no se le puede escapar. Nos reservamos para los dulces, el lechón, los turrones y otras comidas que heredamos del hemisferio norte, donde la ingesta calórica viene acompañada de un plan para combatir el frío.

Es al ñudo ir en contra de esta costumbre, por eso no voy a sermonear a nadie. Pero uno elige lo que come, y en mi caso llegué al 24 con un tupper con mi comida, light y sin carne. Compartí esta cena con mi hermano Lucas, de visita desde España y recientemente convertido al vegetarianismo. Nuestra cena fueron hamburguesas de soja, arroz yamaní y tomatitos cherry. Para el postre me llevé un par de bananas (mi hermano, que no es ningún tonto, comió helado). Brindé con agua, y ahí terminó mi ingesta.

Probablemente mi nutricionista me retaría si leyera estas líneas, porque siempre me remarcó la importancia de compartir la comida como un evento social. Yo me impuse esta regla de comer sano por un año. Sólo me tomé un “permitido” para mi cumpleaños, pero en general soy inflexible con esto. Por suerte, quienes me conocen ya se acostumbraron, aunque no les entra en la cabeza por qué una persona tan flaca hace dieta.

Realmente estar parado, sin poder hacer actividad física por mi maldita costilla, me preocupa. Mi alimentación, si bien mantiene al mínimo la ingesta de grasas saturadas, está armada para una persona que hace deporte y consume mucha energía. Y yo no estoy haciendo nada desde hace más de dos semanas. Y todavía me queda una semana por delante sin actividad física. Creo que sería el peor momento para descarrilarme.

Y quienes viven la vida y la disfrutan sin culpa, estos días que le quedan a 2010 deberían ser de auto-control. Venimos de una comida con muchas calorías (y, seguramente, ya estuvimos aprovechando los turrones y maní con chocolate en días previos). Después llegó el almuerzo del 25 con las sobras, y nuevamente brindis y helado de postre. Esto se va a repetir el 31 y el 1ro de enero. Por eso convendría hacer tener moderación durante esta semana, y purificar un poco el organismo aumentando la ingesta de frutas y verduras. Si es imposible evitar el atracón de fin de año, al menos hacer un sándwich entre el 24 el 31 de comida sana y responsable. Tampoco estará de más aprovechar estos días, más allá del calor, para hacer actividad física. El cuerpo es uno solo, y además de concedernos placeres, hay que cuidarlo.

Adelanto ya los peligros de 2011, cuando en los supermercados empiezan con las promociones para rematar los sobrantes de avellanas, maní bañados en chocolate, garrapiñadas, etc. El “Pague uno, lleve tres” es una bomba de tiempo. Es picoteo. Sabroso y (snif) delicioso picoteo… Pero que poco tiene que ver con alimentación.

En mi caso, voy a recibir año nuevo de la misma forma en que recibí la Navidad, apegándome a mi dieta. Desde afuera sé que parece raro, y que se ve como que me privo de los placeres de la vida. Pero el sentido de estas cenas es compartir un momento con la familia. Poco importa si lo que se come es vitel toné o una milanesa de soja. Lo que vale es estar apretado en la mesa, codo a codo con tíos, primos, abuelos, padres y hermanos. Y ya sabemos el motivo por el que tomamos alcohol, para hacer más tolerable todas estas situaciones. No hace falta beber para volverse más sociable, se puede llegar a ese estado sin necesidad de ingerir calorías vacías.

La semana previa a fin de año será, para mi, de reposo deportivo y comida sana. No puedo entrenarme para la San Silvestre, voy a tener que correr esos 8 km, el 31 de diciembre, como me salgan. No me cabe duda que tengo una base para terminarla sin problemas. Dudo que mejore mis tiempos, y siendo que va a ser la actividad física que va a marcar mi ansiado regreso al running, tampoco quiero matarme. Correré con faja e ibuprofeno, sólo por las dudas. La costilla cada vez me duele menos, aunque siento que hay algo ahí adentro que no se terminó de acomodar.

Para mi cumpleaños deseé volver a entrenar, y se me dio. Para año nuevo tenemos una costumbre familiar, de hacer volar globos de papel, propulsados por aire caliente, en el que colocamos nuestros deseos para los meses venideros. Voy a pedir haberme recuperado al 100% de la lesión. Me queda el que va a ser mi mejor año de Semana 52, con nuevos desafíos, nuevas experiencias y muchos viajes. Pero, primero, tengo que sobrevivir estos 5 días que le quedan a 2010.

Semana 17: Día 116: ¡Feliz Navidad!

Hoy hablaremos del hombre más rápido del mundo, un personaje cuya velocidad ha sido calculada por una consultora sueca: 3.500 kilómetros por segundo. Esta distancia está al límite de los parámetros de la física. Los científicos del Centro Recreativo Científico Phaeno (Volsburgo, Alemania) tienen otra medición para su récord, más modesta, pero no por eso menos impresionante: 28.416 kilómetros por hora. Más allá de la polémica en la comunidad científica mundial, tendríamos que hablar un poco más de este personaje, cuyo antecedente lo encontramos hace más de 1700 años.

Aproximadamente en el 280 d.C., en Patara, una ciudad del distrito de Licia, en la actual Turquía, nació Nicolás de Mira (posteriormente rebautizado Nicolás de Bari), hijo único de una familia acomodada. Su padre soñaba para él un destino en el comercio del Mar Adriático, mientras que su madre pretendía que siguiese los pasos de su tío, el obispo de Mira (una antigua ciudad griega, de la Anatolia Egea). Nicolás estaba dividido entre los deseos de sus padres, y se vio forzado a elegir cuando la peste se los llevó de este mundo.

Convertido en huérfano, se deshizo de sus bienes y fue a Grecia a vivir con su tío y cumplir el sueño de su madre. Se convirtió en sacerdote a los 19 años, y al morir el obispo fue designado para reemplazarlo. Nicolás siempre fue muy humilde, y su interés estaba especialmente puesto en los pobres. Esta predisposición hacia los desposeídos lo convirtió en santo patrón de Grecia, Turquía, Rusia y la Lorena. Su fama vino acompañada de muchos mitos, algunos podemos suponer que eran ciertos. Los más fantásticos lo tenían como hacedor de milagros. Cierta vez, un demente acuchilló a varios niños. Nicolás tenía predilección por los más pequeños, y se dice que rezó por ellos y logró que se curasen inmediatamente. Otra historia, más verosímil, tiene como protagonista a una familia muy pobre, compuesta por un padre y tres hijas. Según las costumbres de la época, como ellas carecían de dote, no podían casarse, y estaban condenadas a la soltería. Cuando las niñas obtuvieron la edad para contraer matrimonio, Nicolás le regaló una bolsa de oro a cada una. Se dice que lo hizo en secreto, entrando por una ventana en la noche, a hurtadillas. Colocó el oro en las medias que se secaban colgadas de la chimenea.

Este personaje, elevado a la categoría de santo por la iglesia, dejó de ser Nicolás de Mira para ser “de Bari” cuando, en 1807, los musulmanes invadieron Turquía. Los cristianos sacaron sus reliquias y las llevaron a la ciudad de Bari, Italia. Aquí fue que ganó popularidad en toda Europa, con muchos templos dedicados a su figura, ya que era de los santos que “hacía caso” cuando se le rezaba.

Supongo que ya todos caímos en que estamos contando la veradadera historia de San Nicolás (alias Santa Claus o Papá Noel), el personaje más representativo de la Navidad. Por alguna razón, siempre nos obsesionamos con entender cómo hace para regalarle un obsequio a todos los niños del mundo. Dicen que para hacerlo tendría que viajar tres veces a la velocidad del sonido (pero tampoco se plantean cómo hacen los renos para volar si carecen de aerodinamia). Que el festejo de la Navidad sea el 25 de diciembre (además de que es la fecha en que se conmemora el nacimiento de Jesucristo), tiene sus antecedentes en la antigua Roma, cuando a mediados de diciembre se hacía la fiesta en honor a Saturno y la costumbre era que los mayores le obsequiaran regalos a los niños. En los cultos solares, originados en las comunidades agrarias, las divinidades se asociaban al sol, importantísimo para el ciclo de las cosechas. La conmemoración de su advenimiento se correspondía con el solsticio invernal (en del hemisferio norte), alrededor del 21 y el 22 de diciembre: el sol iba “muriendo” y al tercer día “renacía”, brillante y triunfante. Esto sirve de analogía para un dios  joven que muere cada año y resucita, y le calza perfecto a muchas figuras de las principales religiones de la historia, como Horus, Mitra, Dionisos, Krishna y Jesucristo.

En 1809, el escritor Washington Irving escribió una sátira, Historia de Nueva York, en la que deformó al santo holandés, Sinterklaas (San Nicolás) por la  pronunciación angloparlante Santa Claus. Más tarde, Clement Clarke Moore, en 1823, publicó un poema donde se basó en el personaje de Irving, quien regalaba juguetes a los niños en víspera de Navidad y se transporta en un trineo tirado por nueve renos. En el año 1931, la corporación Coca-Cola encargó al pintor Habdon Sundblom que remodelara a Santa Claus  para hacerlo más vendible. Esta versión popularizó la figura gorda, su vestimenta característica, y los colores rojo y blanco (previamente se lo representaba principalmente de verde).

Poco importa si el origen de la Navidad está en el culto al sol, si el hacerle regalos a los niños viene de los Romanos, o si la bondad de un obispo turco es la causa por la que intentamos, una vez al año, ser más generosos que nunca. Hoy no estamos para desmitificar religiones ni costumbres, sino para agradecer que, en la suma de toda esta historia, hayamos obtenido un día donde regalar sea más importante que recibir. Navidad es la excusa para poner un freno a esta vida agitada, reencontrarse con la familia y maravillarse un poco con el entusiasmo de los más chicos.

Espero que todos hayan disfrutado de la reunión con sus seres queridos, que hayan hecho caso a alguno de los consejos que di ayer sobre los excesos, y que entiendan que hoy me haya tomado un receso en este blog (y que, por una vez, no haya hablado de deporte, nutrición o mi maldita costilla). Muchas felicidades para todos.

Semana 17: Día 115: Prepárese para engordar 3 kilos

La verdad sea dicha: La Navidad engorda.

No estamos hablando sólo de la cena del 24 a la noche. Como atestigua cualquier persona que camina por la calle, la noche de paz y de amor se anticipa desde noviembre, cuando las tiendas ya empiezan a decorar con guirnaldas y bolas metalizadas, mientras en los supermercados avanzan las góndolas de pan dulce, turrones y postres de alto valor calórico. Ya desde un mes antes empiezan las ofertas, los combos navideños, y en diciembre tenemos las típicas cenas de fin de año en el trabajo, la de nochebuena en casa, y el almuerzo del 25, donde tratamos de rematar a las sobras del día anterior. Pareciera que regalar la comida que sobró o freezarla fuese una ofensa al niñito Jesús.

Casi todos pasamos por la situación de comer en exceso y arrepentirnos en los días subsiguientes. A la semana de Navidad llega Año Nuevo, y pasamos por lo mismo: comemos como si nuestra vida dependiese de ello, con la posterior culpa. Afortunadamente tenemos un año entero para olvidarnos de esa sensación de pesadez, resaca y dolor de panza, y nuestra promesa de no volverlo a hacer queda en el olvido.

Conscientes de esto, muchas personas cometen la torpeza de guardarse para la cena navideña y no comen hasta la noche. En una comida normal ingerimos unas 800 kilocalorías, mientras que en las de las fiestas se consumen entre 2 mil y 3 mil. Según el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), uno de los principales errores que se cometen en las navidades es la de llegar a la comida o a la cena en ayunas. No comer nada durante el día hace que se llegue con un hambre excesiva, y que el autocontrol sea menor. “Además, mientras menos azúcar haya en sangre, más se absorben los alimentos y más engordan. Por este motivo, es mejor hacer las comidas regulares durante el día para llegar a la noche con un apetito moderado”, subrayan.

Según el IMEO, “aprovechar las sobras de la comida navideña es perjudicial para la salud, ya que hace que los excesos de la cena anterior se amplifiquen en los días sucesivos”. Otro error es beber descontroladamente, porque el alcohol hace que muchas calorías “vacías” se transformen en grasa corporal. Los días que rodean cada una de estas comidas son muy importantes. En la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición opinan que el problema llega después de estas comilonas navideñas. La estadística dice que se ganan de 2 a 4 kilos “en 15 o 20 días, pero pueden costar quitarse más de dos meses”. Los platos principales en sí mismos no tienen mucho valor calórico, el problema son los aperitivos y las bebidas que acompañan a la cena, además de las grasas y las calorías que contienen los dulces y postres típicos. Si se sigue una dieta baja en calorías, se puede perder el peso obtenido con los excesos en pocos días.

Otros consejos del IMEO para una Navidad saludable es evitar los alimentos muy energéticos, ya que el cuerpo no va a tener tiempo para metabolizarlos. Por ejemplo, no consumir pastas, arroces o legumbres. Tampoco cocinar con manteca, sino reemplazarlo por aceite de oliva, y en lo posible evitar la grasa que tienen todas las comidas fritas. En las entradas, dejar de lado el paté y las salsas (que tienen crema, manteca o quesos) y cambiarlos por carnes magras, pesacado o verduras. En cuanto a los dulces, si la tentación es muy grande, siempre es mejor optar por el chocolate negro antes que los postres que tienen frutos secos, azucares, grasas y harina refinada. No nos dejemos engañar por los productos que dicen no contener azúcar; esto no quiere decir que sean bajos en calorías.

Si durante la cena nos sentimos saciados, hay que parar de comer. Es preferible probar un poco de los distintos platos y servirse raciones razonables. Para sobrevivir a las fiestas hay que ingerir los alimentos despacio y masticarlos bien, evitar los excesos, el abuso del alcohol, las carnes y grasas, y reemplazarlos (con el consiguiente riesgo de volverse impopular en su familia) por verduras o alimentos ricos en fibras.

Semana 17: Día 114: Qué regalarle a un corredor en Navidad

Se viene Nochebuena, y es el momento en que nos acordamos de que no compramos los regalos de Navidad. Pensamos, ilusos, que ya todo el mundo hizo sus compras, y que las tiendas y shoppings van a estar más calmadas. Qué ilusos…

Si contamos con un amigo corredor y tenemos ganas de obsequiarle algo para poner bajo el arbolito, me permito realizar algunas sugerencias. Siendo que cumplo años una semana antes de Navidad, tengo bastante experiencia en la cuestión de los regalos veraniegos (y no dejo de tener la esperanza de que Papá Noel lea este blog y se inspire).

Lo primero que usted tiene que hacer es averiguar en qué hemisferio vive. Si está al norte y mira por la ventana, probablemente esté nublado, haga frío y viento, y quizá hasta esté nevando. Concentre sus esfuerzos en regalar ropa de abrigo y siéntase discriminado, porque en este post nos vamos a centrar en los que vivan en el hemisferio sur. Estos habitantes del mundo, que comen nueces, turrones, y frutos secos en verano, abrigan a un Papá Noel a punto de sufrir un golpe de calor, y llenan de nieve artificial a los arbolitos (cuando afuera hace 35 grados a la sombra), claramente necesitan orientación (conscientemente dejamos afuera a las regiones que están cerca del Ecuador, porque suelen tener buen clima todo el año, los envidiamos un poco, y como viven en un paraíso tropical, se pueden arreglar bien solos).

Aclaración al margen: todos estamos de acuerdo en que Papá Noel no existe, ¿no? El gordo de rojo, también conocido como “Santa Claus” o “San Nicolás”, llena su bolsa de regalos durante diciembre, y el resto del año la usa para secuestrar a los chicos que se portan mal, bajo el nombre de “El hombre de la bolsa”. ¿A que no lo sabían?

Familiarícese con el talle de quien reciba el regalo. Si no lo sabe, arriesgue, y conserve el ticket para cambios. Como dijimos anteriormente, la estación del año define bastante lo que podríamos comprar. Si usted elige unas calzas largas o un rompeviento, sepa que la otra persona no lo va a poder usar por 5 o 6 meses.

Las gorras son una buena alternativa. Protegen la vista del sol, al igual que la cara. Pueden ser calurosas, pero son de esas prendas que uno no suele comprar, sino que espera que alguien se la regale. Esta es su oportunidad.

Tenemos también a disposición una amplia variedad de remeras y musculosas, con telas especiales que las hacen más frescas para épocas de calor. En estos días transpiramos a mansalva, y nunca está de más tener stock de estas prendas, por si sudamos más rápido que el ciclo de lavado. Lo ideal son colores claros, porque reflejan la luz solar. Probablemente usted no lo sepa, pero la luz está compuesta por un espectro de siete colores (rojo, naranja, amarillo, verde, azul, índigo y violeta). Los átomos que componen a las remeras… ¡no tienen colores! Esta es una propiedad de los objetos, por la reflección de la luz; dependiendo de qué color del espectro “rebote” es el que vamos a percibir. Una prenda blanca será que se refleja la suma de todos los colores, y por eso suelen ser más frescas. Una remera negra es ideal para el invierno, porque “absorbe” toda la luz. Si no me cree, haga la prueba de vestirse de negro, póngase al sol, y después me cuenta. A que nunca se imaginó que en un post sobre Navidad le iban a dar, de prepo, una clase de física.

Otras opciones para el deportista que se mata de calor mientras entrena en verano son pantalones cortos, unos lentes para protegerse del sol (no cualquier modelo, sino uno que sea apto para la carrera, o sea que no se caigan fácilmente), un camelback, y los más pudientes podrán regalar zapatillas de primeras marcas.

En materia de literatura, hay muchas opciones. Puedo recomendar los dos libros que leí este año, “Autoentrenamiento para corredores”, de Allan Lawrence (inconseguible, pero nunca se sabe, y leí que sacó una segunda parte), y “De qué hablo cuando hablo de correr”, de Haruki Murakami. Un libro que no he leido, pero que estoy seguro que le gustará a cualquier corredor, es “Ultramaratón”, de Dean Karnazes.

Esta noche en los principales shoppings de Buenos Aires, de 22 a 4 hs, hacen unas importantísimas rebajas (del 20%), más algunas promociones tramposas de 5 minutos, con descuentos del 50%. Así que si usted es como yo, de los que compran los regalos a último momento, sepa que no será el único. Y si tiene un amigo corredor, al menos ahora cuenta con algunas sugerencias para no seguir regalando DVDs, o agendas 2011…

Semana 17: Día 113: Contra una lesión, ¿frío o calor?

La imagen más literal que encontré para calor y fríoHe decidido que, ya que tengo una lesión que no me deja hacer otra cosa que pensar en ella, me voy a volver un experto en el tema. Este blog es un monstruo al que hay que alimentar diariamente. Las opciones, en lugar de sacrificar vírgenes como antaño, es sacrificar tiempo relevando sitios de internet y consultando especialistas.

A lo largo de nuestra vida, nos encontramos con una dicotomía en cuanto a lesiones, el River-Boca de los tratamientos: frío o calor. Todos creen tener la verdad, y se producen acaloradas discusiones (o fríos debates). He visitado doctores que me han recomendado ambos tratamientos, y como ocurre con la ciencia, siempre aparece alguien alegando que el tratamiento anterior cayó en desuso, y que un nuevo estudio revela que lo que antes creíamos estaba mal.

Generalmente aplicamos frío o calor por instinto, costumbre o época del año. Con un clima de 34 grados, ponerme una botella de agua caliente sobre las costillas era una lucha en la que la fuerza de voluntad salía victoriosa. Pero hay que saber que existen lesiones que precisan un método u otro, y hay casos en que necesitamos intercalarlos. Hay hinchazones que sólo empeoraríamos con el calor, sin ir más lejos.

En el caso de mi lesión, tengo dos diagnósticos. Una Neuralgia, que es un síntoma provocado por un fallo del sistema nervioso (un trastorno dolroso, sin que la función motora se vea afectada); mientras que también podría ser una Osteocondritis, dolor de los cartílagos que unen a las costillas. Para el primero se recomienda calor, para el segundo frío. En ambos casos, analgésicos. Me han asegurado, en mi situación, que cuaquiera de los dos métodos no me iban a empeorar (también me dijeron que a los 10 días podía volver a correr, y aquí estoy, no puedo pestañear sin que me duela).

¿Cuándo aplicamos frío? En lesiones en músculos, tendones y articulaciones, para esguinces, dolor de cabeza y piernas hinchadas. ¿Cuándo no? En hipersensibilidad al frío, enfermedades cardiovasculares graves, dolencias renales y propensión a contraer infecciones urinarias.

El frío es excelente cuando la lesión se acaba de producir, normalmente en las primeras 24 horas. Hay quienes recomiendan no aplicarlo más allá de las 48 horas. Sirve para controlar la inflamación al reducir la llegada de sangre a la zona afectada, ya que es un constrictor de los vasos sanguíneos. Esto ayuda a detener o, por lo menos, hacer más lento, el proceso inflamatorio y especialmente la formación de líquido en la lesión.  ¿Cómo aplicar el frío? JAMÁS debemos poner hielo directamente sobre la piel, necesitamos alguna protección, como un repasador, una toalla o una bolsa, ya que nos podríamos provocar lesiones en la epidermis. La duración habitual debería ser de no menos de 15 minutos y no más de 30.

En los tejidos blandos (músculo, tendón, ligamento) el frío minimiza la hemorragia y tumefacción que impiden el desarrollo normal de la “cicatriz terapéutica”. Su efecto analgésico procede del adormecimiento de los receptores del dolor. La mejoría se debe a la reducción del flujo sanguíneo capilar (el de los vasos menores) con la consiguiente disminución de inflamación. También existe una gran reducción de oxígeno en la zona donde se aplica el frío, por la vasoconstricción, lo que disminuye la propagación del proceso. Hay que tener precaución, porque este tratamiento tiene un efecto analgésico, y no se debe volver inmediatamente a la práctica deportiva, ya que podríamos haber enmascarado una lesión grave.

¿Cuándo aplicamos calor? En contracturas musculares, lesiones por un esfuerzo excesivo o malas posturas, estrés y dolores menstruales. ¿Cuándo no? En embarazadas y en zonas con inflamación, hematomas o contusiones.

El calor calma músculos doloridos, y es ideal para tirones, espasmos, antes de ejercitar, para preparar los músculos, y también antes de realizar ejercicios  cuando nos estemos recuperando de una lesión. Se aplica pasadas las 24 o 48 horas, cuando ya el frío no nos resulta apropiado para el tratamiento de la lesión. Lo ideal es el calor húmedo, que aparentemente es más efectivo y menos riesgoso. Dependiendo de la lesión y el tratamiento, las aplicaciones serán de entre diez y veinte minutos. Al igual que con el frío, debemos tener cuidado para evitar quemaduras. Podemos usar una manta eléctrica, una bolsa de agua caliente (u otro recipiente, como una botella, que no se les derrita como me pasó a mi) o un secador de pelo. A veces, una faja, rodillera o cualquier elemento que haga compresión, también mantiene a la zona caliente.

El calor tiene una influencia positiva sobre el tejido conectivo (fibras de colágeno), por lo que facilita la movilidad muscular y articular, acortando el proceso de recuperación o rehabilitación. Cuanto más rígido es un cuerpo, más posibilidades de romperse tiene, y calentando la lesión se aumenta la elasticidad y plasticidad. El calor también reduce la rigidez articular y mejora la contractilidad del músculo, disminuyendo el peligro de lesión.

Hay situaciones en que podemos aplicar tanto frío como calor indistintamente, como el caso de las lesiones crónicas. Los efectos no serán exactamente los mismos, pero los dos serán útiles. Calor antes de la ejercitación, para mejorar la circulación y que los músculos, tendones y articulaciones tengan mayor libertad de movimientos y se doblen con más facilidad. Luego del entrenamiento se puede aplicar hielo, para evitar inflamaciones en la zona afectada.

En mi caso, como comentaba en un principio, el hielo ayuda. El dolor suele ser más fuerte por la mañana, apenas me levanto, por lo que me aplico una bolsa de gel que guardo en el freezer. El frío entumece la zona y me alivia mucho. Ya para el resto del día, aunque no estoy tomando analgésicos (no quiero destruir mi estómago con ibuprofeno) el dolor es bastante menor (si por la mañana duele 10, para el resto del día es 6, siendo 1 como me sentía antes de lesionarme). Estoy intentando también acostumbrarme a usar la faja, sobre todo si salgo a caminar unas pocas cuadras. Una amiga kinesióloga me dijo que, aunque generalmente no se recomienda por el tiempo que pasó, me siga aplicando frío, sobre todo si eso me hace sentir alivio. Esto me lleva a lanzar la obvia pero necesaria advertencia: ante cualquier duda, no consulten el blog de un corredor depresivo, sino a un médico.

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