Semana 13: Día 87: Cómo elegir un buen calzado

Nuestros pies son la clave para soportar ese inmenso desgaste que es correr

Entonces, decidimos empezar a entrenar. Agarramos esas Adidas viejas, nos las calzamos, y salimos a patear la calle. Tenemos más determinación que experiencia, y al final del día duele todo: rodillas, espalda… incluso los tobillos. ¿Es que correr hace más mal que bien?

Bueno, por más que las zapatillas estén relucientes, si ya tienen su tiempo, perdieron la capacidad de absorber el impacto, por lo que hay que comprar un par nuevo. ¿Y cómo elegirlas?

Correr es un ejercicio con incontables beneficios (basta revisar un poco de los posts en este mismo blog para atestiguarlo), pero también genera un desgaste lógico sobre nuestro cuerpo. Cuando corremos triplicamos el peso que soportan nuestras articulaciones. O sea, mis rodillas se tienen que bancar 200 kg con cada zancada. Por eso es importante elegir un buen par de zapatillas que amortigüen.

Nunca me fue fácil elegir calzado. Hay muchas marcas, con modelos muy caros, y no queda claro por qué. Muchos saben que las empresas que las fabrican las hacen por centavos en países pobres. Si te quejás por la flexibilización laboral en Argentina, no te imaginás lo que tiene que pasar esta gente. Eso me alejó de marcas como Nike, y en alguna medida de Adidas. Me cuesta pensar en que estoy siendo parte de un sistema que se aprovecha de empleados que trabajan turnos de 16 horas, sin vacaciones, fines de semana ni indemnizaciones por despido. Total, levantan una piedra y de ahí salen miles de obreros desesperados por cubrir cualquier puesto. La cuestión moral puede o no ser un factor en la elección de tus zapatillas. En mi caso lo es. Si veo “Made in Indonesia” prefiero no comprarlas.

Hay que dejar la cuestión del precio de lado. A veces nos podemos sentir tentados por elegir tal o cual marca porque es lo que nos alcanza. Ojo, comprar un buen calzado no significa hipotecar la casa, pero tampoco es algo en lo que podamos escatimar. Superado el tema económico, está el de comodidad. Algunas veces que me probaba zapatillas en una tienda de deportes, las sentía muy duras, o muy pesadas. La mejor forma, a mi entender, de elegirlas, es fijarse que sean livianas. Todo el peso extra en nuestros pies significa más desgaste de energía. Tampoco tenemos que optar un par con demasiada suela. Esos modelos que parecen equipamiento de un astronauta nos dan altura, y no es lo que buscamos. Ahí estaríamos comprando una especie de mini-zancos, que nos quitan estabilidad. Siempre existe el riesgo de torcernos el tobillo mientras corremos, y estas zapatillas favorecen a este tipo de accidentes.

Hoy existen varias opciones para absorber el impacto de la pisada, y los más populares son la cámara de aire y el gel de silicona. Recientemente me compré unas zapatillas con esta última variante, de marca Asics, y me están funcionando muy bien. Tenía dolores en la parte baja de la espalda, índice de que ya se me había pasado la hora de cambiar el calzado, y con este par nuevo ya desparecieron las molestias. El gran problema que tienen las Asics es que son exageradamente caras, pero valen cada centavo. Comprándolas en el exterior, aunque en la aduana tengamos que pagar impuestos, siguen siendo más baratas que el precio de lista de las tiendas locales. Hay alternativas, como el Black Friday norteamericano (atención, es AHORA MISMO), día en el que las tiendas hacen rebajas monumentales, incluso para las compras online.

Por más que consigamos ese par perfecto, que no nos aprieta los dedos, que son cómodas y estables, no van a durar para siempre. Hay quienes dicen que el calzado de un corredor debe cambiarse cada 5 meses, o cada 1000 kilómetros. Probablemente sea relativo al tipo de entrenamiento y al terreno donde corramos. No sé si es tan así, y también me parece que depende de la marca. Tengo colegas que usan sus zapatillas desde hace más de un año, sin problema. Generalmente tiene que ver con que sean de gel de silicona (la cámara de aire tiene el problema de que, tarde o temprano, se abre o se pincha). Pero es una experiencia que tiene que hacer cada uno. Yo noté cómo con algunos modelos llegaba al año sin problema (las tenía que cambiar porque se agujereaba la tela más que por otra cosa), mientras que mi último par comenzó a desintegrarse a los seis meses.

Esto no quiere decir que haya que tirar el calzado viejo. Podemos usarlo para caminar, para estar en casa, o para ir al gimnasio (si es que no vamos a hacer cinta). Si decidimos empezar a entrenar y lo hacemos asiduamente, las zapatillas son algo que más temprano que tarde tendremos que considerar.

Como dijimos más de una vez, el paso inmediato a comprar un par de neumáticos nuevos es colocarles plantillas especiales. Aunque hay marcas que tienen modelos adecuados para cada tipo de pisada, no existen diseños universales. Cada corredor tiene su morfología, su forma de correr, sus lesiones que le cambian las características de su paso. Por eso hay que visitar a un especialista en pies que nos haga un estudio, y que termine dándonos una suela hecha a medida. Es una forma extra de aliviar el impacto sobre nuestras articulaciones.

Las zapatillas pueden ser hermosas, muy bien diseñadas y cómodas. Pero no está de más darnos un cuidado extra a nuestro cuerpo. Después de todo, por algo nos tomamos la molestia de salir a correr…

Publicado el 26 noviembre, 2010 en Consejos, Reflexiones y etiquetado en , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 4 comentarios.

  1. justo te iba a escribri por este tema!!

  2. Una pequeña observación, las plantillas deportivas hay que hacerlas ANTES de comprar el nuevo calzado, justamente el profesional además de hacer las plantillas, nos recomiendan modelos y marcas según nuestra pisada. Dejando de lado lo económico, preferencia de marcas y la cuestión estética, hay zapatillas para pronadores y otras para supinadores, por eso mismo uno tiene que saber cómo pisa. La idea es no hacerse una plantilla y que esta que no cumpla su función por estar dentro del calzado incorrecto.

    • Creo que tenés razón, Amina. Yo sinceramente nunca supe el tipo de pisada, la plantilla me la hice, sí, y seguramente ahí me dijeron qué era, pero no me fijé en ese detalle cuando después me compré calzado. El especialista que me hizo las plantillas no me recomendó un tipo de calzado en especial…

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