Semana 13: Día 85: El running y las rodillas

No creo que exista un corredor que no haya sufrido de las rodillas en algún momento. Pareciera ser que superar un dolor o una lesión en las articulaciones es parte del proceso para convertirse en un deportista.

Quienes corremos asiduamente sabemos que hay muchas cosas que tenemos prohibidas. Estrenar calzado nuevo durante una carrera, no hidratarse en días de calor, o ponerle mayonesa a la tira de asado. Pero algo que deberíamos abandonar (y que a muchos les cuesta) es el fútbol. Este enemigo del running, además de ser una pasión nacional, tiene un fuertísimo impacto sobre las rodillas. “Subir” y “bajar” por la cancha, con las consiguientes frenadas y piques para el lado contrario cada vez que el rival recupera la pelota, tensiona ligamentos, rótula, y todos los músculos. Debería prohibírsenos jugar al fútbol si queremos progresar y cuidar nuestras rodillas, pero sería equivalente a que no nos dejen hacer asado los domingos. Yo, siendo vegetariano y sin habilidad para el balonpié, no me hago mucho problema, aunque extraño no compartir un picadito con amigos.

Como conté recientemente, un esguince de ligamento externo en mi rodilla izquierda me impidió entrenar por varios meses. Fue muy frustrante, porque me lastimé mientras entrenaba, en una etapa donde estaba haciendo muchos progresos. La recomendación de mi entrenador fue seguir corriendo. Muchos podrían considerar que todo lo contrario, que deberíamos descansar, pero supongo que hay una relación entre las lesiones y la falta de fortaleza en las rodillas. Con músculos más desarrollados protegemos a los huesos y obtenemos mayor estabilidad. En estos días de Semana 52 he tenido tropezones y torceduras peores que la que me dejó fuera del running tanto tiempo, y sin embargo no me pasó nada. Asumo que es una consecuencia de entrenar, más que buena o mala suerte.

Alguna vez la rodilla me dolía mucho después de correr, así que me tomé un descanso. Me salteé uno o dos entrenamientos, y volví. Enfundado en una rodillera (que suele ayudar bastante), generalmente me sentí mucho mejor. No siempre todo lo que le funciona a uno le sirva a otro. Estimo que hay que hacer ambas cosas, descansar y seguir entrenando. El ritmo podríamos ponerlo nosotros, o recibir asesoramiento. Pero no me cabe duda de que debemos hacer un poco de ambas cosas.

Después de consultarle por estos dolores a un traumatólogo, me comentó que solemos confundirnos a la hora de tratar una lesión de rodilla. Apenas nos lastimamos tenemos que aplicar frío, de esa forma bajamos la hinchazón. Nunca más de 20 minutos seguidos, porque corremos el riesgo de lastimarnos la piel (hablo por experiencia propia, se forma un moretón horrendo y después se hace una cascarita). Luego de esperar media hora, podemos volver a aplicar hielo. 24 horas después de la lesión, hay que empezar a darle calor a la rodilla. El médico me sugirió una manta eléctrica o un secador de pelo. Esto favorece a la circulación, y ayuda a que la zona se cure más rápido. Entonces, primero frío, 24 horas después calor.

Lo mejor, obviamente, es prevenir antes que curar. Solemos preocuparnos por las rodillas recién cuando nos lastimamos. Para no pasar por esto, lo ideal es prestarle atención a nuestro calzado, y tener plantillas especiales, que absorban el impacto. Tengamos en cuenta que correr triplica nuestro peso sobre las articulaciones. Hacer cuestas es todavía un esfuerzo mayor (escuché alguna vez que equivale a siete veces transitar en llano), por eso una rodilla lesionada puede doler más en estos ejercicios (mientras que correr por superficies normales no molesta tanto). Mientras me recuperaba intenté faltar poco a los entrenamientos, y eso me ayudó a notar qué movimientos dolían y cuáles no. Por eso me parece importante, dentro de las posibilidades, no dejar de correr ante una lesión. Siempre con moderación y supervisión.

Algunas causas de dolor de rodilla también puede ser correr mucho en asfalto (deberíamos alternar el terreno y aprovechar zonas de pasto o tierra), o el sobreentrenamiento. La fatiga puede ser causal de molestias, lo cual es perfecamente normal, y es un motivo para justamente seguir entrenando y fortaleciéndonos. Imprescindible, además, es elongar. Insisto, hay que elongar. Siempre.

Si se lastiman las rodillas, no hagan como yo y no dejen pasar el tiempo. En una guardia los pueden atender y orientarlos, para después sacar turno con un especialista. Lo peor que podemos hacer en el caso de lastimarnos, es matarlo con la indiferencia. Ignorándolo probablemente sólo hagamos que el dolor nos acompañe más tiempo. Mi recomendación de seguir entrenando tiene más que ver con hacerlo para fortalecernos y aprender en qué estamos limitados. Pero hay que correr sabiendo que lo hacemos como terapia de recuperación.

Publicado el 24 noviembre, 2010 en Consejos, Entrenamiento y etiquetado en , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 6 comentarios.

  1. Mis rodillas y yo agradecemos el post de hoy!! 😉

  2. Hey Martin te hago una pregunta, donde compraste el libro Autoentrenamiento para corredores, de Allan Lawrence???
    Un abrazo y muy bueno tu blog, entro todos los dias para ver si posteas algo

  3. Alberto ledee

    Muy buena informacion Gracias

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