Semana 12: Día 82: Entrenar con mucho calor

Empezó una etapa poco experimentada por mi, que es la de entrenar con días de mucho calor. Alguna vez me agarró el verano, y los entrenamientos se adelantaron una hora, cosa de escaparle lo más posible al sol del mediodía. Pero de ayer, sábado, la temperatura prometía derretir los adoquines de la calle. Por eso hay que tomar precauciones.

Como los que se decapitan para vencer las jaquecas, yo combato la calvicie afeitándome la cabeza. Aunque me dicen que, combinado con mi nueva delgadez, aumenta mi imagen de enfermo terminal, me resulta muy cómodo y, de alguna manera, más fresco. El tema es que la piel del cuero cabelludo es mucho más sensible, ya que históricamente estuvo poco expuesta al sol. Por eso, si corro de día y con poca sombra, lo hago con una gorra. También el protector solar ayuda, pero lo más importante es la hidratación, que se vuelve más imprescindible que nunca.

Existe un riesgo importante de sufrir enfermedades relacionadas con el calor, generalmente en entrenamientos o carreras con altas temperaturas y humedad elevadas (aunque también se puede dar en condiciones “ideales”, si las distancias son muy largas y la hidratación no es adecuada). Los síntomas más comunes son, en orden ascendente de gravedad son: calambres, náuseas, vómitos, dolor de cabeza, mareo, piel de gallina en pecho o brazos, cambio de ritmo al correr (paso de “borracho”), confusión, desorientación, habla incoherente, y desmayo. Si corremos tambaleantes o confusos, es hora de salir del sol y pedir ayuda. La clave es enfriar el cuerpo con trapos húmedos y/o hielo machacado, e hidratarse. El prestigioso corredor Alberto Salazar sufrió mucho el calor durante una carrera en Falmouth, y terminó en una bañera congelada. En casos graves la rehidratación se hace por vía intravenosa. Nunca deberíamos llegar a este extremo, probablemente evitemos llegar a esta instancia si, al sentir los primeros síntomas, tomamos agua bien fría.

La mejor forma de combatir el calor, según el escritor y entrenador Allan Lawrence, es la prevención. Hay que beber aunque no se tenga sed, correr frescos y en lo posible protegidos del sol. Llevar una gorra puede ser también una molestia, ya que gran parte del calor corporal se despide por ahí. En mi caso, me la pongo cuando estoy al sol, y cuando llego a un lugar con mucha sombra me la saco. La transpiración, combinada con la brisa que producimos al correr y la ausencia de rayos solares, crean una sensación de frescura muy agradable para la cabeza. Si la carrera se hace en un clima cálido y húmedo, es importante haberse hidratado en días anteriores, además de durante y después.

Otra forma de refrescarse, que a mi me funciona muy bien, es mojarme la nuca, que además reactiva la circulación. El camelback es un arma de doble filo. Por un lado sirve para hidratarnos constantemente, pero por otro es muy caluroso, sobre todo en la espalda. Lo importante es ver qué es lo que nos funciona, prever dónde vamos a tener hidratación, elegir un momento fresco para entrenar (como podría ser la noche), o una zona arbolada con mucha sombra, y no dejar de disfrutar del placer de correr.

Publicado el 21 noviembre, 2010 en Consejos, Entrenamiento y etiquetado en , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Muy buen articulo! Me tomo el atrevimiento de postear en facebook los que me gustan… Yo soy un amateur del running, y como vos, me levante un dia y me dije: quiero correr! Y aqui estoy corriendo y entrenando… Y leyendo tus articulos.

    Un abrazo!

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